La Naturaleza de la Judeofobia
Por: Gustavo
Perednik
"La
Naturaleza de la Judeofobia" explora las raíces del odio antijudío y su
desarrollo hasta la era actual, analizando la imagen del judío en diferentes
períodos, a través de mitos, ensayos y obras literarias. Las clases enfocan las
principales expresiones de la judeofobia, y el modo en que se justificó en
diversas épocas. Finalmente, se exponen hipótesis varias acerca de las causas
del fenómeno.
Hemos transitado un camino de odio sin
parangón. Le pusimos el nombre apropiado y delineamos la mitología que lo
sostuvo. Vimos la verdad del sacerdote Edward Flannery cuando escribió que la
judeofobia "es el odio más antiguo y más profundo de la historia humana.
Otros odios pudieron haberlo sobrepasado en un momento determinado, pero todos
ellos regresaron oportunamente a un papel apropiado en el basurero de la historia".
Uno de los propósitos centrales de
nuestro curso es precisamente despertar la conciencia acerca de la singularidad
del fenómeno, un monstruo de dimensiones que no permiten reducirlo a simple
"prejuicio de grupo", como a veces hacen personas bienintencionadas,
judíos y no-judíos por igual. Un ejemplo bastará para explicarnos.
Ana Frank escribió en su diario íntimo
durante el Holocausto: "Quién nos ha infligido este mal? Quién nos ha
hecho a los judíos diferentes de todos los pueblos? Quién ha permitido que
suframos tan terriblemente hasta ahora?... Siempre permaneceremos judíos, y así
lo deseamos". Sin embargo, los autores de la versión de Broadway del Diario
de Ana Frank le hacen decir a la nia: "No somos el único pueblo que ha
debido sufrir... a veces es una raza y a veces otra..." Con esta
metamorfosis la judeofobia queda universalizada, y pasa artificialmente a ser
parte de un odio más general y abarcativo. Este método no ayuda a entender el
fenómeno. Por ello en ésta, nuestra última clase, intentaremos no caer en el
error, y explicaremos la judeofobia sin privarla de su singularidad.
Cinco Pensamientos Sionistas
Albert Einstein escribió la siguiente
parábola: Una vez un joven pastor le dijo a un caballo: "Tú eres el animal
más noble de la Tierra. Tu felicidad sería completa si no fuera por el ciervo
traicionero. Desde su juventud viene trabajando para que sus patas corran más
que las tuyas. Así se te adelanta a los pozos de agua. Pero no desesperes. Mi
sabiduría y mi guía te liberarán de tu estado ignominioso". Enceguido por
envidia y odio por el ciervo, el caballo aceptó. Se sometió a la brida del
pastor, perdió su libertad y fue esclavo del joven. El caballo representa un
pueblo; el joven, una clase o pandilla que aspira al poder absoluto; el ciervo,
a los judíos. El caballo sufre, y cuando ve al ágil ciervo su vanidad es
aguijoneada.
La explicación de Einstein se conoce
como la teoría del chivo expiatorio, según la cual la judeofobia es orquestada
por líderes que desean desviar el descontento popular. Al confrontarse con su
inhabilidad para satisfacer a sus subordinados, los gobernantes frecuentemente
recurrieron a buscar "el Otro", algún grupo distinto de la mayoría, a
fin de achacarle el descontento reinante. En la historia europea, los judíos
fueron el "Otro" más permanente.
Sin embargo, la teoría del chivo
expiatorio es insuficiente. Ella se limita a describir cómo la
judeofobia puede utilizarse, pero no por qué existe. Para que haya chivo
expiatorio judío, los judeófobos deben estar allí desde el comienzo. Además, no
todo estallido judeofóbico fue el resultado directo de que reyes o jefes
desviaran resentimientos.
El hecho es que una vez que la
judeofobia se arraigó en la cultura europea, cobró vida propia, y fue
transmitida de padres a hijos generación tras generación. Esa "vida
propia" es nuestro tema, no sus usos múltiples. La judeofobia fue parte
del "sentido común" en la mayor parte de las sociedades europeas una
vez cristianizadas. En la primera clase citamos al húngaro que definía como
judeófobo a quien "odia a los judíos más de lo necesario". Ese
"sentido común" sobrevivía mucho después de que se olvidara quién los
puso en funcionamiento y por qué.
Los mitos que estudiamos fueron el
intento de la sociedad gentil de justificar este odio culturalmente aceptado y
heredado. Los gentiles no atacaron a los judíos "debido a que" creían
que éstos habían matado a Dios. Casi al revés: fueron creando el mito del
deicidio a fin de atacar a los judíos y de este modo ventilar sus frustraciones
e ira, y descargarlas en los hombros de una población indefensa.
En cuanto a por qué precisamente los
judíos debieron ser "ciervos", Einstein da un paso más allá del chivo
emisario, y dice: "Porque había judíos entre todas las naciones y porque
estaban demasiado dispersos como para poder defenderse a sí mismos contra la
violencia desatada contra ellos".
En otras palabras, los judíos serían
atacados por su indefensión. La hipótesis fue planteada allá por 1860 por
Peretz Smolenskin, un filósofo del nacionalismo judío que fundó el mensuario
hebreo Hashajar. Para Smolenskin, las raíces de la judeofobia yacen en
el desprecio ante la inferioridad nacional de los judíos, y por ello el mal
podía revertirse sólo si había una autoafirmación práctica de la nación judía.
Smolenskin no se equivocó cuando advertía que los ataques judeofóbicos en Rusia
y en Alemania no eran aberraciones temporarias como querían unos, sino el
adelanto de horrores peores que vendrían.
Muchos otros pensadores sionistas
tuvieron la visión de percibir ese carácter dinámico e insaciable de la
judeofobia. Algunos sugirieron que acechaba aun la destrucción física total de
los judíos. Uno fue Moisés Lilienblum quien al presenciar los pogroms de 1881,
atribuyó las raíces de la judeofobia a instintos hostiles de la sociedad
gentil. Ningún decreto de igualdad podría garantizar la convivencia con los
judíos. Al usar el término "instintos", Lilienblum aludía a la
antigedad y la profundidad de la judeofobia, que permitían una manipulación
fácil y constante.
Su contemporáneo León Pinsker
coincidió, pero fue aun más lejos (tal vez demasiado): como la judeofobia es
una enfermedad hereditaria que puede rastrearse a más de dos mil aos, es
sencillamente incurable. Incluso la refutación racional más convincente de
todos y cada uno de sus mitos, no tendría éxito en desmantelar los su
estructura mental y su práctica, ni tampoco el impulso maligno que la alimenta.
Como vimos, Pinsker acuó la palabra "judeofobia". Para él, los judíos
eran un "pueblo fantasma". El mundo veía en ellos la horrorosa imagen
de un cadáver caminante. Carecían de unidad, estructura, tierra y bandera, eran
un pueblo que había cesado de existir y sin embargo continuaban con una
semblanza de vida. Eran siempre huéspedes y nunca anfitriones. Y como el miedo
a los fantasmas es innato, dice Pinsker, no sorprende que este temor crezca aun
más cuando se trata de una nación aparentemente muerta, que se muestra como
viva. Ese encono abstracto, casi platónico, llevó al mundo a ver en los judíos
como grupo, la responsabilidad por los crímenes (reales o supuestos) de cada
uno de sus miembros. El terror del fantasma judío fue heredado y fortalecido
con el transcurso de innumerables generaciones. La judeofobia era para Pinsker
una hija bastarda de la demonología. Con profundas raíces en todas las razas,
el miedo al judío-fantasma era una psicosis hereditaria.
En los aos cuarenta, otro visionario
sionista, Zeev Jabotinsky, hablaba del "antisemitismo de las cosas"
en contraste con el "antisemitismo de los hombres". En algunos casos
la judeofobia era parte de la sociedad y no necesitaba de la aquiescencia de
los hombres. Volvía una y otra vez incluso si no se la provocaba.
Todas esas explicaciones fueron
formuladas por pensadores sionistas, que vieron en la judeofobia una respuesta
casi instintiva de las naciones hacia el judío desprotegido. La desprotección
de los judíos, a pesar del mito judeofóbico que seala lo contrario, era (y es)
evidente. Los judíos no pudieron evitar que un tercio de ellos fuera asesinado
hace medio siglo; ni siquiera lograron convencer a los gobiernos occidentales a
bombardear los campos de la muerte o las vías férreas que conducían hacia
ellos, ni que EE.UU. declarara la guerra a Hitler (Washington entró tardíamente
a la guerra en respuesta a la agresión japonesa en Pearl Harbor).
Las teorías presentadas son por ende
sionistas, porque intentan enfrentar la judeofobia por medio de darles a los
judíos poder real para de, como por ejemplo en un Estado propio. Pero además de
las teorías de la indefensión, hay muchas otras. Hasta el momento ningún
trabajo las ha presentado todas. Siguen algunas, categorizadas en cuatro
disciplinas.
Sociología y Psicología
Las teorías sociológicas se centran en
qué rol le cupo a los judíos en diversas sociedades, rol que los expuso a un
encono especial. Por ejemplo ser prestamistas durante la Edad Media, o
"siervos de cámara" de reyes y nobles, o colectores de impuestos de
los campesinos. Por estos roles, Fritz Lentz ve en la judeofobia una forma del
rencor que puede sentir el proletario hacia los ricos.
Desde una perspectiva similar, Bernard
Lazare contendió en El anti-Semitismo, su historia y sus causas (1894)
que la utilidad de la judeofobia era que empujaría el socialismo (Lazare se
corrigió después del caso Dreyfus). Las explicaciones económicas llegan hasta a
atribuir a los judíos todo el sistema económico, tal como Henri Pirenne hace
derivar de ellos el advenimiento de la modernidad, o Werner Sombart, quien en
1911 consideró que los judíos eran la causa del capitalismo.
Hechas estas exageraciones a un lado,
debemos tener en cuenta que los factores económicos no crean la
judeofobia; sólo la exacerban. Los judíos fueron perseguidos en los estados
económicos más diversos. Más judeofobia sufrieron las masas pobres de Rusia que
los empresarios del Canadá. En cierto modo, la posición socioeconómica de los
judíos fue consecuencia (y no causa) de la judeofobia. Si los judíos se
dedicaron a prestar dinero, es porque las probabilidades de las inminentes
expulsiones los obligaban a invertir en contante y sonante, y no en
propiedades. O porque la posesión de tierras les era prohibida. O porque otras
profesiones les estaban vedadas en corporaciones que sólo aceptaban cristianos.
Así lo resumieron Prager y Telushkin: "Los judíos no fueron odiados porque
prestaban dinero. Prestaban dinero porque eran odiados".
En muchas ocasiones, entonces, los
judíos aparentaban poder porque sus cargos los transformaban en cara pública de
las elites que gobernaban. Algo similar ocurre cuando ejercen de abogados,
médicos, maestros, psicólogos o asistentes sociales, y por ello parecen
detentar un poder en rigor inexistente.
La explicación sociológica arguye que
como los judíos parecen tener poder, son blanco predilecto de la ira cuando el
sistema social acucia a los sectores más necesitados. De acuerdo con Michael
Lerner en esto precisamente radica la singularidad de la opresión de los
judíos: una vulnerabilidad escondida, sin que importe cuánta seguridad
económica o influencia política lleguen a tener judíos en el plano individual.
Los judíos no pueden estar seguros de que no serán nuevamente blancos de
ataques populares si la sociedad en la que viven entra en períodos de grave
presión económica o conflictos políticos.
Pero para entender por qué los judíos parecen
tener poder, debemos dejar la economía y sumergirnos en la psicología. Las
teorías psicológicas sobre la judeofobia resuelven una falla de las teorías
económicas: a diferencias de éstas, revisan más al victimario que a la víctima.
Una muy difundida teoría psicológica fue la de Jean-Paul Sartre, quien
describió (1966) al judeófobo como "el hombre que tiene miedo. No de los
judíos sino de sí mismo, de su propia conciencia, de su libertad..." Para
Sartre, la judeofobia es "el miedo de estar vivo".
A pesar de su mentada ventaja la teoría
psicológica es insuficiente, porque considera la judeofobia virtualmente como
una psicopatología. La judeofobia es maldad, pero la maldad no es una
enfermedad.
Filosofía y Antropología
Michael Lerner atribuye la judeofobia
parcialmente al impulso antiautoritario del judaísmo, con su implícito desafío
a toda clase gobernante. Elites en el mundo antiguo tendían a gobernar por
medio de una combinación de la fuerza bruta y una ideología que exaltara la estructura
social como estática y sagrada. A veces se usaban los viejos mitos de dioses
gobernando la naturaleza, y otras la racionalidad de Platón en La Repblica.
En ambos casos, la existencia judía era el testimonio viviente de que esos
mitos e ideologías eran invenciones para perpetuar las necesidades de los
gobernantes. Los judíos, por el contrario, exhibían una historia según la cual
habían podido superar el escalón social más degradado, la esclavitud, y pasaron
a gobernarse exitosamente a sí mismos. Mientras los judíos existieran, las
elites estaban equivocadas y podía cuestionarse su gobierno.
Esta faceta de la historia judía podría
haberse salteado si la narración de los orígenes judíos se hubiera mantenido en
cuentos infrecuentes. Pero la religión judía en su conjunto se basaba en contar
y volver a contar esa historia. La piedra angular de la observancia judía, el
Shabat, debía conmemorarse "en recuerdo del Exodo de Egipto", y
separaba un día en el cual ningún poder terrenal podía hacer que el judío trabajase.
La mera idea de que el oprimido ponía los límites de la opresión era en sí
revolucionaria, la primera gran real victoria contra el esclavizador, y un
recuerdo permanente de que la opresión podía superarse.
No importaba cuán intensa y desesperadamente
judíos en el plano individual trataban de soslayar esos aspectos de su
religión, y de identificarse con los poderes imperiales y sus valores. El
espíritu de libertad hacía del judío el pueblo más rebelde de la antigedad, el
pueblo que con mayor tenacidad se rebeló contra el poder helenístico y luego el
romano.
Los judíos se diferenciaban
precisamente porque seguían normas que parecían subvertir el orden establecido,
ni se subordinaban a los poderes imperiales. Esto estimulaba la desconfianza de
los gobernantes, que deseaban que sus súbditos descreyeran del judío antes de
que al confraternizar oyeran los ideales de libertad de los judíos.
Otro teórico del asunto, Maurice
Samuel, entre 1924 y 1950 mostraba a la judeofobia no como un problema judío,
sino una aflicción de los gentiles a la que los judíos debieron habituarse. El
judío le ha puesto al mundo los grilletes de la ley moral. Por ello el hombre
occidental lo recela, en "el gran odio" del alma amoral pagana. Una
posición similar asumen Prager y Telushkin en su Por qué los judíos? de
1983: la más alta calidad de la vida judía despertaría la envidia constante e
intransigente del mundo no-judío.
Por su parte, Eliane Amado Levy-Valensi
ofreció su propia interpretación durante los aos sesenta: la judeofobia es el
resultado del fracaso de los gentiles al robar la historia judía para ellos.
"El judaísmo era ya una religión antigua que poseía una gran literatura,
con grandes héroes y sabios en su pasado, y además una promesa divina de un
futuro más glorioso. El cristianismo no poseía ello. Desde el mismo comienzo,
por lo tanto, los cristianos reclamaron la Biblia, al principio como antesala
de Jesús pero luego como exclusivamente suya". La lucha de los palestinos
podría ser explicada desde la misma perspectiva. Incluso Jesús es presentado
por ellos como "un palestino". La falta de una larga historia propia,
produce una clase especial de envidia hacia el largo pasado de los judíos.
Aunque ninguna teoría puede explicarla
totalmente, la combinación de varias de ellas puede ser útil para entender la
enfermedad social que es la judeofobia.
Conclusiones
Nuestra revisión de la judeofobia puede
llevarnos a varias conclusiones, a saber:
1.
La judeofobia le
permite a la gente ventilar sus instintos sádicos. Uno puede violentar,
humillar y matar, y tendrá un aparato ideológico entero antiguo y establecido,
que viene a defender la libre brutalidad.
2.
Al combatir a
los judíos, un pueblo del que mucho se ha escrito y hablado, el judeófobo se
siente más importante que si enfrentara a un grupo desconocido.
3.
Como grupo, los
judíos muchas veces despiertan sentimientos de culpa entre los gentiles. Ello
puede deberse al hecho de que la moralidad fue virtualmente iniciada con la
Biblia de los judíos, y por ello encarnarían las prohibiciones éticas, o si no
por la forma en la que los judíos fueron perseguidos (ésta no sólopuede
despertar sentimientos de culpa, sino también temor, ya que podría suponerse
algún tipo de venganza).
4.
La judeofobia es
una actitud intrínsecamente irracional de una sociedad generalmente racional.
Un judío es atacado como tal, y si otro judío reacciona ante la agresión, es
cuestionado por etnocéntrico, preocupado sólo por los propios. Los comunistas
(y para el caso, también por ejemplo la BBC de Londres) sostenían que no
deseaban enfatizar el aspecto judío de las víctimas para que su defensa no
fuera demasiado estrecha. Si consideramos los dos últimos ataques contra la
comunidad judía en la Argentina (la Embajada en 1992 y la AMIA en 1994) en
ambos casos surgieron voces que acusaban a los judíos de haber sido los
perpetradores y los provocaban a que ellos dieran las explicaciones del caso.
El judío es atacado y se pone en la defensiva.
Constantin Brunner destacó la irracionalidad de la judeofobia, como un egoísmo grupal contrapuesto al pensamiento racional. Pero no consideró suficientemente la característica más notoria de esta irracionalidad, y es que muchas veces es exhibida por gente muy racional, lo que le da mayor credibilidad. En el caso de Voltaire dijimos que la judeofobia puede torcer la razón del más razonable, y en el caso de Alemania en forma conjunta, la judeofobia floreció y llegó a su clímax precisamente en el país de la filosofía, con apoyo activo de gigantes del pensamiento desde Fichte y Wagner hasta Heidegger. Muchos cabecillas nazis eran intelectuales y artistas.
Constantin Brunner destacó la irracionalidad de la judeofobia, como un egoísmo grupal contrapuesto al pensamiento racional. Pero no consideró suficientemente la característica más notoria de esta irracionalidad, y es que muchas veces es exhibida por gente muy racional, lo que le da mayor credibilidad. En el caso de Voltaire dijimos que la judeofobia puede torcer la razón del más razonable, y en el caso de Alemania en forma conjunta, la judeofobia floreció y llegó a su clímax precisamente en el país de la filosofía, con apoyo activo de gigantes del pensamiento desde Fichte y Wagner hasta Heidegger. Muchos cabecillas nazis eran intelectuales y artistas.
5.
Las fuentes de
la judeofobia son notoriamente hipócritas. Los judíos fueron quemados en la
hoguera por la religión del amor, calumniados por los precursores de un
iluminismo fraternal, y discriminados por la ideología de la igualdad.
6.
La judeofobia es
practicada en por lo menos dos niveles. Uno es directo y agresivo, el otro es
sutil y consiste en pasar por alto el primer nivel. En otras palabras, uno
puede revisar el odio antijudío no sólo al mirar qué se siente frente a los
judíos sino, y mejor aún, qué se opina de los judeófobos. En artículo de mi
autoría (que puedo enviar por E-mail al estudiante interesado) muestro cómo se
dio esa judeofobia solapada en el caso de la mencionada novela La Bolsa
de Julián Martel.
En cuanto al caso de la Iglesia, su rol
en la historia de la judeofobia fue central y paradójico. Así lo definió James
Darmesteter en 1892: "El odio de la gente contra el judío es obra de la
Iglesia, que los protege de las furias que ella misma ha desatado". Algo
similar puede decirse de los ataques obsesivos que sufre Israel. La ONU no es
responsable por el terrorismo contra los judíos, pero por medio de
reiteradamente perdonar ese terror y sistemáticamente condenar a Israel,
alienta al terrorista haciéndolo sentir socio de la comunidad internacional en
su lucha contra el sionismo.
Muchos coincidirían con el arzobispo
Theodor Kohn (m.1915), él mismo una víctima de la judeofobia racial, en el
hecho de que "es una condición enferma que sólo el tiempo podrá
curar". Pero aparentemente el paso del tiempo de por sí no es suficiente y
debe producirse acción. La Iglesia es uno de los factores que está en mejores
condiciones para producirla. En la repelencia pots-Holocausto frente a lo que
la Europa cristiana le había hecho a los judíos, la Iglesia Católica ha
eliminado sus oraciones y enseanzas más agresivas. Pero aún no se ha
comprometido en una consideración de raíz acerca de cómo ella misma ha generado
judeofobia. Poco esfuerzo se ha hecho para instruir a los cristianos sobre el
rol que el cristianismo en general tuvo en generar una cultura judeofóbica, y
la mayoría de los cristianos permanecen inconscientes de ello.
El poeta católico francés Paul Claudel
escribió varias obras sobre la confrontación entre la judería y la cristiandad.
Paulatinamente fue liberándose del prejuicio tradicional y desarrolló una
visión original del pueblo judío. Su conciencia acerca de la responsabilidad de
la cristiandad por el Holocausto, lo llevó a sugerir a su embajador en el
Vaticano, en 1945, que el Papa instituyera una ceremonia de expiación por los
crímenes perpetrados contra los judíos. Del mismo modo, durante el juicio
contra Eichmann en Jerusalem (1961) obispos alemanes pidieron de todos los católicos
alemanes que pronunciaran una plegaria pidiendo perdón. Y en 1994, cuando el
Vaticano finalmente estableció relaciones con el Estado de Israel, William
Rees-Mogg publicó en el Times de Londres un llamado a un acto de
contrición general: "Las iglesias cristianas deberían hacer algún acto
formal de contrición por lo que ha ocurrido en estos dos mil aos... debemos
disculparnos por las matanzas, por la Inquisición, por los ghettos, por los
distintivos, las expulsiones, las acusaciones del asesinato ritual, y por sobre
todo, por el fracaso de la cristiandad en percibir a tiempo, o denunciar a
tiempo, la maldad del Holocausto en toda su dimensión".
Con estas reflexiones el curso llega a
su fin. Quiero agradecerles vuestros comentarios y preguntas, y la profundidad
con la que muchos han encarado el tema. Espero que el material provisto les
sirva en vuestras actividades y estudios. Mi dirección de E-mail
gustavop@jazo.org.il; permanece abierta para todos, y siempre será un gusto
aclararles dudas, enviarles material, o intercambiar ideas.
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