Los iberos1 o íberos fue como llamaron los antiguos escritores griegos a la gente del levante y sur de la península ibérica para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. De estos pueblos destacaron Hecateo de Mileto, Heródoto, Estrabón o Rufo Festo Avieno, citándolos con estos nombres, al menos desde el siglo VI a. C.: elisices, sordones, ceretanos, airenosinos, andosinos, bergistanos, ausetanos, indigetes, castelanos, lacetanos, layetanos, cossetanos, ilergetas, iacetanos, suessetanos, sedetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, oretanos, bastetanos y turdetanos.
Geográficamente, Estrabón y Apiano denominaron Iberia al territorio de la península ibérica.
Historia
Vista del poblado de San Cristóbal, en
Mazaleón (Teruel)
Aunque las fuentes clásicas no siempre coinciden en los límites
geográficos precisos ni en la enumeración de pueblos concretos, parece
que la lengua es el criterio fundamental que los identificaba como
iberos desde el punto de vista de griegos y romanos, puesto que las inscripciones en lengua ibérica
aparecen a grandes rasgos en el territorio que las fuentes clásicas
asignan a los iberos: la zona costera que va desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, que penetra hacia el interior por el valle del Ebro, por el valle del Segura, gran parte de La Mancha meridional y oriental hasta el río Guadiana y por el valle alto del Guadalquivir.
Desde el punto de vista arqueológico actual, el concepto de
cultura ibérica no es un patrón que se repite de forma uniforme en cada
uno de los pueblos identificados como iberos, sino la suma de las
culturas individuales que a menudo presentan rasgos similares, pero que
se diferencian claramente de otros y que a veces comparten con pueblos
no identificados como iberos.
Referencias históricas
La primera referencia que se tiene de los iberos es a través de los historiadores y geógrafos griegos. Curiosamente, los griegos también llamaban iberos a un pueblo de la actual Georgia, conocido como Iberia caucásica. Al principio, los griegos utilizaron la palabra ibero para designar el litoral mediterráneo occidental, y posteriormente, para designar a todas las tribus de la península. También llamaban Iberia al conjunto de sus pueblos.
Polibio fue un historiador griego del siglo II a. C. que vivió un tiempo en la península. Polibio dice textualmente:
Se
llama Iberia a la parte que cae sobre Nuestro Mar (Mediterráneo), a
partir de las columnas de Heracles. Mas la parte que cae hacia el Gran
Mar o Mar Exterior (Atlántico), no tiene nombre común a toda ella, a
causa de haber sido reconocida recientemente.
Polibio
Las primeras descripciones de la costa ibera mediterránea provienen de Avieno en su Ora maritima, del viaje de un marino de Massalia mil años antes (530 a. C.):
La mayor parte de los autores refieren que los iberos se llaman así justo por este río,
2
pero no por aquel río que baña a los revoltosos vascones. Pues a toda
la zona de este pueblo que se encuentra junto a tal río, en dirección
occidente, se la denomina Iberia. Sin embargo el área oriental abarca a
tartesios y cilbicenos.
Avieno, Ora maritima.
Apiano habla de pueblos y ciudades, aunque ya habían desaparecido en su época. También describe la parte más occidental de Andalucía. Estrabón hace una descripción de esta zona basándose en autores anteriores, y se refiere a las ciudades de la Turdetania, como descendientes de la cultura de Tartessos. En general, autores como Plinio el Viejo y otros historiadores latinos se limitan a hablar de pasada sobre estos pueblos como antecedentes de la Hispania romana.
Para estudiar a los iberos, se ha recurrido, además de a las fuentes literarias, a las fuentes epigráficas, numismáticas, y arqueológicas.
Origen de los iberos
A
pesar de que estos pueblos compartían ciertas características comunes,
no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos.
No se sabe detalladamente el origen de los iberos, aunque hay varias
teorías que intentan establecerlo:
- Una hipótesis sugiere que llegaron a la península ibérica en el periodo Neolítico,
y su llegada se data desde el quinto milenio antes de Cristo al tercer
milenio antes de Cristo. La mayoría de los estudiosos que adoptan esta
teoría se apoyan en evidencias arqueológicas, antropológicas y genéticas
estimando que los iberos procedían de las regiones mediterráneas
situadas más al este.
- Otros estudiosos han sugerido que pueden haberse expandido también a
otras regiones mediterráneas como el sur de Francia y el norte de
África. Los iberos inicialmente se habrían asentado a lo largo de la
costa oriental de España y, posiblemente, más adelante se propagaron por
parte de la península ibérica.
- Otra hipótesis alternativa afirma que formaban parte de los
habitantes originales de Europa occidental y los creadores/herederos de
la gran cultura megalítica que surge en toda esta zona, una teoría que
los estudios genéticos ha descartado, por cuanto el perfil genético de
los linajes paternos entre los iberos es solo estepario (R1b) no hay
trazas de ninguno de los linajes paternos de tiempos del Neolítico o
anteriores a la llegada de los descendientes de las estepas que llagan a
la península hacia el 2500 a. C. Los iberos serían algo similares a las
poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran
Bretaña y Francia, aunque estas presentan otros linajes paternos
paleoeuropeos que no vemos aún entre los iberos. El perfil genético
paterno de los iberos es casi el mismo que el de los vascos de entonces,
y algo diferente al de los celtíberos. Posteriormente, los celtas
cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones: en el IX y el VII
siglo a. C. Los celtas se establecieron en su mayor parte al norte del
río Duero y el río Ebro, donde se mezclaron con los iberos para
conformar el grupo llamado celtíbero.
- La hipótesis más verosímil que actualmente siguen los principales
iberólogos es la de un origen en la Cultura de los Campos de Urnas
(portadores también de linaje paterno estepario). Esta hipótesis
considera que el parentesco entre las lenguas ibérica, vasca y aquitana
debería traducirse en términos históricos y culturales en algún factor
común que justificaría la expansión de esta familia lingüística en una
amplio territorio en pocos siglos. Así pues, se postula que esta familia
de lenguas procedería de una capa demográficamente invasiva que
formaría parte de la cultura de Campos de Urnas,
puesto que en la península ibérica el área de difusión de esta cultura
coincide básicamente con el territorio de difusión de la lengua ibérica,
además de la costumbre de cremar a los difuntos y guardar sus cenizas y
restos de huesos quemados en urnas.
Origen y extensión de los protoíberos
Los supuestos límites máximos de la expansión íbera habrían llegado desde el Mediodía francés hasta el Algarve portugués y el norte de la costa africana.4
Sin embargo, con posterioridad, los pueblos celtíberos ejercieron mucha influencia sobre otros pueblos del interior de la península. Esta influencia se aprecia en la llegada del torno de alfarero a muchas zonas de la meseta norte de la península, sobre todo a los pueblos limítrofes del valle del Ebro, e incluso a algunos más alejados como arévacos, pelendones o vacceos.
Los iberos fueron, en definitiva, los diferentes pueblos que
evolucionan desde diferentes culturas precedentes hacia una serie de
estructuras proto-estatales, viéndose ayudados en dicha evolución por la
influencia de fenicios, primero, y luego de griegos y púnicos,
que traerán consigo elementos de lujo que ayudarán, como bienes de
prestigio, a la diferenciación interna de los diversos grupos sociales.
Lengua ibera
La lengua ibera es una lengua paleohispánica que está documentada por escrito, fundamentalmente, en signario ibero nororiental (o levantino) y ocasionalmente en signario ibero suroriental (o meridional) y en alfabeto greco-ibérico.
Las inscripciones más antiguas de esta lengua se datan a finales del
siglo V a. C. y las más modernas (ánforas halladas en Vieille-Toulouse,
Haute-Garonne)5hacia la primera mitad del siglo II d. C.
Los textos en lengua ibera se saben leer razonablemente bien, gracias al desciframiento del alfabeto por Gómez-Moreno
pero en su mayor parte son incomprensibles, puesto que la lengua íbera
es una lengua sin parientes suficientemente cercanos de su época que
sean comprensibles, para haber sido útil para la traducción de textos.
Después de los años transcurridos desde el desciframiento se han
producido una serie de lentos avances que, aun siendo poco
espectaculares, permiten ya un atisbo de comprensión de inscripciones de
poca extensión (principalmente funerarias o de propiedad sobre instrumentum), además de intuir algunas características gramaticales o tipológicas.6
Extensión y variantes
La lengua ibera, en sus diferentes variantes, se hablaba en la amplia franja costera que se extiende desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, y penetraba hacia el interior por el valle del Ebro, el valle del Júcar, el valle del Segura y el alto valle del Guadalquivir
hasta el río Guadiana como límite noroeste. Las inscripciones en lengua
íbera aparecen sobre materiales muy variados: monedas de plata y
bronce, láminas de plomo, cerámicas áticas, cerámicas de barniz negro A y B, cerámicas pintadas, dolías, ánforas, fusayolas, estelas, placas de piedra, mosaicos, etc. Es, con diferencia, la lengua paleohispánica con más documentos escritos encontrados, unos dos millares de inscripciones, que representan el 95 % del total.
Escrituras
Reproducción del plomo de Ullastret, finales del siglo IV a. C.
La escritura
ibérica constituye uno de los principales testimonios del desarrollo
cultural con personalidad propia de los iberos. Se conocen tres tipos de
escrituras paleohispánicas: la escritura del suroeste, la meridional y la ibérica levantina. Además se escribió lengua ibérica con alfabeto jónico, prácticamente solo en territorio contestano, como lo testimonian algunos plomos encontrados en la Serreta de Alcoy, grafitos sobre cerámica procedentes de la Isleta de Campello (ambos en Alicante) y el plomo de El Cigarralejo (Mula, Murcia). La escritura ibérico-levantina es la mejor conocida, y fue descifrada en la década de 1920 por Manuel Gómez-Moreno.
Sin embargo, hasta la fecha, no ha sido posible su traducción,
por lo que no es posible entender lo que dicen los textos. Es una
escritura de tipo mixto, silábica y alfabética, que posiblemente procede
de una escritura más antigua de origen fenicio o chipriota. El descubrimiento de grafitos en cerámica procedentes de yacimientos tartésicos como el Cabezo de San Pedro, en Huelva, con una cronología entre mediados del siglo IX y mediados del siglo VIII
a. C., sugieren que la adopción de la escritura meridional y del SO se
produjo de forma temprana, lo que explicaría la introducción de formas
arcaicas del alfabeto fenicio,
utilizadas con anterioridad al siglo VIII a. C. Este alfabeto sería
adaptado a la lengua tartésica, con la introducción de signos silábicos,
dando origen al primitivo signatario paleohispánico y que será el origen de la escritura del SO utilizada en las estelas tartésicas. La escritura meridional se utilizó en la Alta Andalucía y en el sureste, incluida la Contestania, persistiendo hasta época romana temprana.
Esta escritura fue posteriormente adaptada a la lengua ibérica
posiblemente en el territorio de la Contestania dando origen a la
ibero-levantina (que se escribe de izquierda a derecha, al contrario que
la meridional), conviviendo con la escritura meridional y la
ibero-jónica, y desde allí se extendió al resto del territorio ibérico.
El hecho de que en Contestania se documente la utilización de tres
formas de escribir la lengua ibérica (escritura meridional, levantina e
ibero-jónica), sugiere a algunos autores (J. de Hoz, ver referencias)
que sería en este territorio donde se produjo la aparición de la
escritura ibérica levantina a partir de la meridional.
Los procesos de intercambio comercial facilitaron la extensión de la escritura levantina por el arco mediterráneo y el valle del Ebro (junto a otras manifestaciones culturales como la cerámica ibérica), donde fue utilizada para escribir celtíbero en el siglo I a. C. (ejem., bronces de Botorrita procedentes de Contrebia Belaisca y alfabeto monetal), y cuando prácticamente ya no se utilizaba en su lugar de origen. En la Contestania y en la Edetania encontramos textos escritos en plomo (La Serreta, La Bastida de las Alcusas, este en escritura meridional) y sobre cerámica (San Miguel de Liria), principalmente. Es posible que se utilizaran otros soportes (madera, papiro,
pieles) de los que no queda testimonio. Una pregunta interesante se
plantea en relación con qué estratos sociales conocían y utilizaban la
escritura. Parece probable una aplicación relacionada con prácticas
religiosas y comerciales. Es posible que las clases dirigentes la
utilizaran como método de control de mercancías (grafitos en cerámica
indicadores de origen, destino, o poseedor), sin descartar prácticas de
tipo mágico relacionadas con determinados cultos, como sugiere su
presencia en depósitos votivos (como en el plomo de Amarejo) y santuarios, así como en cerámica, y de tipo funerario (estelas, como la de Sinarcas).
La romanización hizo que la utilización de la escritura ibérica fuera desapareciendo de forma paralela a una progresiva latinización. En algunos lugares como Sagunto o el valle del Ebro
perduró hasta época republicana, desapareciendo prácticamente su uso en
torno al siglo I a. C. Una relevante excepción la constituye el
fragmento de sigillata con inscripción bilingüe procedente del Tossal de Manises, depositado en el MARQ.
No obstante, algunos autores sospechan que pueda tratarse de una
falsificación en tanto que, si bien la pieza es antigua, la inscripción
podría no serlo ya que se hunde en algunos descorchados de la pieza.
Vascoiberismo
El vascoiberismo
es una hipótesis de trabajo sobre la estructura y parentesco
filogenético del idioma íbero, que en su versión extrema pretendía
traducir los textos en lengua íbera a través de la lengua vasca.
Sin embargo, las diversas propuestas de traducciones basadas en el
euskera no han resultado consistentes gramaticalmente, ni permiten
traducir las inscripciones. Una de las principales críticas a los
«traductores» vascoiberistas es que el ibérico interpretado a la luz de
sus traducciones no parece tener una gramática regular reconocible,
existiendo solo similitudes de forma con el léxico del vasco. Hoy en día
esta visión identificativa extrema no cuenta con respaldo académico, ya
que es absurdo tratar de traducir una lengua de hace dos mil años con
una lengua actual descendiente de una lengua antigua, aunque fuera muy
próxima a la anterior.
Sin llegar a la identificación plena entre lenguas, muchos
estudiosos de la lengua íbera reconocen ciertas afinidades entre la
lengua íbera y la lengua vasca, o más correctamente, con su variante más
antigua, la lengua aquitana,
hasta el punto que para algunos estas afinidades ya serían suficientes
para afirmar que pertenecen a la misma familia. Estas afinidades, sin
embargo, son interpretadas por muchos autores, sobre todo seguidores de
Mitxelena, como una influencia de tipo sprachbund más que como una muestra de parentesco filogenético real.
El protovasco o el aquitano y el íbero podrían ser lenguas con
cierto parentesco lingüístico. Se puede apreciar en inscripciones
íbericas, en el protovasco reconstruido y en el euskera actual, una
serie de elementos comunes.
- Comparten las cinco vocales a, e, i, o, u (que el español ha
heredado), aunque estas vocales se hallan en otras lenguas de Eurasia.
- Usan la consonante vibrante múltiple alveolar sonora, r (que hereda
el castellano), aunque este fonema se halla en muchas otras lenguas de
Eurasia.
- Ausencia en íbero y en vasco de vibrante simple o múltiple alveolar
inicial. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente
en la altaico-túrquicas.
- Ausencia de consonante tras s inicial (heredado por el castellano).
Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la
altaico-túrquicas.
- Ausencia de grupos de más de dos consonantes. Lo mismo se aprecia en
otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
- Presencia de prefijo e-. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia.
- Presencia de sufijos -k, -ik(i). Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
- La raíz de la mayoría de las palabras es bisílaba. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia.
Se ha propuesto que podrían compartir ciertos sufijos con un mismo uso.
- -ku: ablativo en íbero, relacionado con genitivo -ko en vasco. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia.
- -en: genitivo/posesivo. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
- -k: idéntico uso como marcador plural en vasco o íbero. Lo mismo se
aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la
altaico-túrquicas.
Se ha propuesto (pero no demostrado aún) que quizá compartan cierto léxico.
| Ibero |
vasco |
Traducción
|
| il/ili/ilti |
hiri |
'ciudad'
|
| ekiar |
egin |
'hacer'
|
| salir |
sari |
'moneda' (valor, precio)
|
| erder/erdi |
erdi |
'mitad'
|
| ar's |
ertsi |
'recinto cerrado' (¿fortaleza en ibero?)
|
| gara |
gara |
'altura'
|
| ildu |
ildu |
'surco'
|
| kidei |
kide |
'compañero' (usado a veces como sufijo)
|
Se ha propuesto (pero no demostrado aún) coincidencias entre
numerales ibéricos y vascos. Sin embargo, ninguno de los dados ibéricos
hallados hasta la fecha con signos (acrófonos) en cada una de las seis
cara confirman estas propuestas vascoiberistas (quizá solo dos de los
numerales), pero sí presentan una coincidencia total (para los seis
números) con numerales altaicos.
| Ibero |
vasco |
Traducción
|
| ban |
bat |
'uno'
|
| bi/bin |
bi (antiguo biga) |
'dos'
|
| irur |
hiru |
'tres'
|
| laur |
lau |
'cuatro'
|
| borste |
bost |
'cinco'
|
| śei |
sei |
'seis'
|
| sisbi |
zazpi |
'siete'
|
| sorse |
zortzi |
'ocho'
|
| abaŕ |
hamar |
'diez'
|
| oŕkei |
hogei |
'veinte'
|
Se ha propuesto (pero no demostrado aún) coincidencias en el sistema para construir números elevados, como por ejemplo:
abaŕ-ke-bi --- hama.bi 'doce' (10+2)
oŕkei-(a)baŕ-ban -- hogei.ta.(ha)maika treinta y uno (20+11)
Influencias culturales en la cultura íbera
El origen del sustrato cultural local que ejerció influencia en los iberos se remonta, cuando menos, al primer Neolítico mediterráneo: la cultura agro-pescadora de la cerámica impreso-cardial, que se extendió desde el Adriático hacia occidente, influyendo intensamente en los aborígenes paleolíticos y asimilando toda las regiones costeras del Mediterráneo occidental en el V milenio a. C.
Hacia el 2600 a. C. se desarrolla en Andalucía oriental la civilización calcolítica, que se aprecia en los yacimientos de Los Millares (Almería) y Marroquíes Bajos (Jaén), estrechamente relacionados con la cultura portuguesa de Vila Nova y quizás (no probado) con alguna cultura del Mediterráneo oriental (Chipre).
Hacia 1800 a. C., esta cultura se ve sustituida por la de El Argar
(bronce), que se desarrolla independientemente y parece estar muy
influida en su fase B (desde 1500 a. C.) por las culturas egeas
contemporáneas (enterramientos en pithoi).
Hacia 1300 a. C., coincidiendo con la invasión del noroeste peninsular por los celtas,
El Argar, que bien pudo haber sido un estado centralizado, da paso a
una cultura «post-argárica», de villas fortificadas independientes, en
su mismo ámbito. Tras la fundación de Marsella
por los focenses (hacia 600 a. C.), los iberos reconquistan el noreste a
los celtas, permitiendo la creación de nuevos establecimientos griegos
al sur de los Pirineos.
A las comunidades establecidas al final de la edad del bronce se
las considera sustrato indígena al hablar de la cultura íbera.
Básicamente hay cuatro focos: El Argar, la cultura del Bronce Manchego, la del Bronce Valenciano y los campos de urnas del Noreste.
Relaciones con otros pueblos
El
área de cultura predominantemente ibérica abarcaba todo el litoral
mediterráneo, desde la actual Andalucía hasta el sur francés, incluyendo
parte del valle del Ebro. Experimentarán influencias fenicias y,
posteriormente, griegas a través de los contactos con las colonias que
fueron estableciendo en zonas estratégicas de la costa mediterránea y el
sur atlántico de la península.
Pueblos peninsulares no ibéricos
Gran
parte del occidente, norte y centro peninsular pertenece a una cultura
no ibérica, de pueblos asentados en época paleolítica y mesolítica;
desde el siglo VIII a. C. se añadirán grandes contingentes de
inmigrantes celtas que, paulatinamente, se asentarán en la meseta y en
las zonas costeras atlánticas. Serán influenciados por las culturas
fenicia y griega, indirectamente, a través de sus relaciones con los
pueblos íberos.7
Fenicios
La antigua Iberia fue objeto de los intereses comerciales de los fenicios, pueblo de tradición marinera que, según los historiadores clásicos, hacia el siglo IX a. C.8 fundó su primera colonia ultramarina en el Atlántico, al otro extremo del Mediterráneo, Gádir 𐤀𐤂𐤃𐤓 (Cádiz)
por su valor estratégico (dominio del paso del Estrecho) y comercial
(riquezas minerales de la región de Huelva). También fundaron otras
colonias, principalmente en el suroeste peninsular, como Toscanos (Torre del Mar), Malaka (Málaga), Sexi (Almuñécar) o Abdera (Adra), en Almería.
Mediante el trueque de productos manufacturados por materias
primas, monopolizaron el comercio de metales e impulsaron la industria
del salazón. Hay constancia de explotaciones mineras en la península de
metales (oro, plata y estaño), en la zona de Río Tinto, y en otras de la provincia de Huelva. Estas explotaciones aportaron riqueza, no solo a los fenicios, también a las caciques de la zona, habiéndose encontrado varios «tesoros» en algunas necrópolis de la época. No hay noticias de grandes revueltas ni guerras.
Griegos
La colonización griega tuvo dos objetivos: comerciales y el paliar el problema demográfico de las polis
griegas. Divulgaron el alfabeto y el uso de la moneda. También
practicaron intercambios con los nativos, de vino, aceite y manufacturas
(cerámicas, bronces) por materias primas (oro, plata, plomo, cereales, esparto y salazones). Los griegos focenses, procedentes del Asia Menor, fundaron asentamientos en la costa nordeste mediterránea, como Massalia (Marsella); posteriormente Rhode (Rosas), en el golfo de Rosas y Emporion (Ampurias), en la península; también núcleos comerciales, más o menos estables, como Hemeroscopio, Baria (Villaricos), Malaka, Mainake, Salauris, Portus Menesthei, Callipolis y Alonis.nota 1
Cartagineses
Los cartagineses9 eran un pueblo de origen fenicio que se estableció en Cartago Qart Hadašt (en el actual Túnez).
Se independizaron de la metrópolis cuando Tiro declinó bajo el poder
asirio. Con su inmejorable situación estratégica, en medio del Mediterráneo,
lideró a todas las colonias fenicias de occidente, entre estas, las
factorías de Iberia, que enviaban plata, estaño y salazones.
A raíz de la enorme deuda que contrajeron con Roma en la primera guerra púnica, Cartago emprendió la conquista de las regiones mediterráneas de la península ibérica para crear un nuevo imperio cartaginés; Amílcar Barca desde Cádiz, su única plaza, comenzó la invasión del valle del río Betis,
cuyos reyezuelos se entregaron por la fuerza o la diplomacia, uniéndose
al ejército invasor. Las nuevas prospecciones colmaron de plata las
arcas cartaginesas y después de nueve años de guerra, había conseguido
para Cartago la plata y los mercenarios de Iberia. Amílcar muere el año 229 a. C. en una escaramuza contra los oretanos.
Su yerno, Asdrúbal, continuó su labor aunque utilizando una política de alianzas con los reyes ibéricos; se fundó la ciudad de Qart Hadasht (Cartagena) y se estableció un tratado con los romanos fijando en el río Ebro
los límites de influencia de los dos imperios. Los cartagineses se
adueñaron de todo el sur de la península, desde el Levante hasta el
golfo de Valencia y puede que dominasen también el territorio de los
oretanos. Asdrúbal muere asesinado el año 221.
Aníbal Barca (Aníbal),
con solo 25 años, es elegido nuevo general por su ejército; invade el
territorio de los olcades y penetra en los territorios de la meseta
central al año siguiente, ocupando las ciudades de Toro y Salamanca; pagados los tributos, emprende regreso a Cartago Nova
con numerosos rehenes, siendo atacado por un ejército en coalición de
carpetanos, vacceos y olcades, a los que derrota junto al Tajo. El
ataque a la ciudad de Sagunto desencadena la segunda guerra púnica que concluye con la derrota de Aníbal, el declive del poder cartaginés y la conquista romana de la península ibérica. Durante esta época destacaron Istolacio, y su hermano Indortes, generales celtas de los ejércitos mercenarios (Diodoro 25. 10).
Conquista romana
Roma decidió conquistar la península ibérica por la gran cantidad de recursos que poseía y su valor estratégico.
El proceso conquistador duró cerca de doscientos años y se hizo en varias etapas: los Escipiones
(218–197 a. C.) ocuparon la franja mediterránea, el valle del Ebro y el
del Guadalquivir, aunque no sin dificultades. Después, conquistaron la
Meseta y Lusitania
(Portugal). Los guerreros íberos preferían la muerte a tener que
entregar sus armas. Los pueblos que habitaban estas zonas, ofrecieron
gran resistencia, como los guerrilleros lusitanos con Viriato y los numantinos con jefes celtíberos como Retógenes el Caraunio (App. Iber. 93). Posteriormente (29 a 19 a. C.) sometieron a los cántabros y astures, dominando así toda la península, aunque la violenta resistencia requirió la presencia del emperador Augusto. Hispania fue dividida administrativamente en provincias romanas y se convirtió en fuente de materias primas con destino a la capital de Imperio romano.
Sociedad ibera y su organización social
Jinete ibero del siglo III a. C. Parte del grupo A del llamado
Relieve de Osuna (Sevilla). M.A.N., Madrid.
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Este artículo o sección necesita referencias que aparezcan en una publicación acreditada. Este aviso fue puesto el 31 de marzo de 2009. |
Aunque los textos clásicos hablan de unas formas de gobierno muy
homogéneas —simplificación debida a motivos propagandísticos–, la
mayoría de la comunidad científica estima que hubo formas de gobierno
mucho más heterogéneas y complejas.10
... los iberos, amantes de la libertad, que no aceptaban un jefe, sino a lo sumo en caso de guerra y por corto tiempo,...
La sociedad íbera estaba fuertemente jerarquizada en varias castas
sociales muy dispares, todas ellas con una perfecta y bien definida
misión para hacer funcionar correctamente una sociedad que dependía de
ella misma para mantener a su ciudad.[cita requerida]
La casta guerrera y noble era la que contaba con más prestigio y poder dentro de estas.[cita requerida]
Aparte de las armas, poseer caballos otorgaba también gran prestigio y
reflejaba poder, nobleza, y formar parte de la clase más pudiente.
También tenían gran importancia la casta sacerdotal,[cita requerida]
en la que las mujeres, como se observa en los túmulos funerarios, eran
el vínculo de la vida y la muerte. Las sacerdotisas gozaban de gran
prestigio, ya que eran las que estaban en continuo contacto con el mundo
de los dioses, aunque también había hombres que desarrollaban una tarea
mística, prueba de ello son los sacerdotes lusitanos, que leían el
futuro en los intestinos de los guerreros enemigos.
Otra de las castas era la de los artesanos, apreciados porque de
ellos salían los ropajes con los que se vestían y resguardaban del frío,
los que elaboraban calzado, los que modelaban vasijas en las que
guardar agua y alimentos y, sobre todo, por ser los que les hacían, a
medida, armas y armaduras con las que se distinguían de las otras castas
más bajas.
Finalmente estaba el «pueblo llano», gente de distintos oficios que se dedicaban a los trabajos más duros.
Indumentaria ibera
Recreación de guerreros íberos de los siglos VI y III a. C.. Los
historiadores romanos de la época relatan que los guerreros íberos vestían indumentaria roja y blanca y portaban una
falcata como arma.
Los iberos se vestían con telas de distintas calidades, según su poder económico.
- Guerreros: Según los textos antiguos, la prenda más habitual era
un vestido de tela, como la de los romanos, con el ribete en rojo.
- Sacerdotisas: Las sacerdotisas eran quizás las que más adornos
tenían. De ellas vienen la mantilla y la peineta, con la que se solían
cubrir la cabeza y el cuerpo, un ejemplo de ello es la Dama de Elche, y los moños que hoy se pueden ver en Castellón.
- Otras prendas de vestir: Otra prenda muy valorada, era el sagum,
una capa de lana, que protegía del duro frío. Otra de las prendas que
aún existen hoy, es una tela que a modo de diadema utilizaban los
guerreros para recogerse el pelo. Su calzado era unas alpargatas, que se
ataban a la pierna y el pie, en el invierno se cubrían los pies y las
piernas con unas botas de piel y pelo de animal.
El guerrero ibero
Su carácter fue descrito por los griegos, quienes se fascinaron por
unos soldados que se lanzaban al combate sin miedo alguno y que
resistían peleando sin retirarse aún con la batalla perdida,[cita requerida] los guerreros a los que se referían eran mercenarios iberos reclutados por los griegos para sus propias guerras.
Economía
No
sabemos mucho sobre la agricultura ibérica, pero sí lo suficiente como
para deducir su importancia económica. Del estudio de una buena cantidad
de piezas del utillaje agrícola halladas en los poblados del área
valenciana, dedujo E. Plá que se había venido en este, como en otros
edificios, a una especialización adecuada, dándose con la herramienta
justa que en muchos casos ha llegado hasta nuestros días.
La agricultura que se practica es la de secano, siendo los
cultivos fundamentales el cereal, el olivo y la vid, para la que está
atestiguada ya en el siglo VI la obtención de excedentes con destino a
su comercialización, así como las leguminosas (garbanzos, guisantes,
habas y lentejas). Y por otra parte, se conocen diversas especies
frutales, entre las cuales destaca el manzano, el granado y la higuera.
Tuvieron también cierta importancia determinados cultivos
industriales, especialmente el lino en Saitabi (Játiva). Tenemos
ampliamente documentada la industrialización del esparto, especialmente
en el Campus Spartarius, al norte de Cartagena, con multitud de aplicaciones, entre las cuales sobresalen los cordajes para la navegación.
Respecto a la ganadería, no parece haber tenido un papel
predominante, salvo quizá en regiones específicas, limitándose al papel
habitual complementario de la agricultura. Sí es necesario señalar la
importancia de ciertas especies como el caballo, utilizado en la caza y
la guerra y probablemente símbolo de determinado estatus social en
cuanto que da acceso a estas actividades. También debió tenerse en gran
estima al buey y de la abundancia de ganado bovino nos hablan las
frecuentes menciones del sagum o manto de lana ibérico en las fuentes romanas.
La caza, parece haber tenido una cierta importancia, según se
deduce de su frecuente representación en la cerámica pintada, aunque
quizá más como actividad social que económica. El jabalí debe haber sido
la pieza reina, aunque junto a él se cazan igualmente cérvidos y varias
especies menores.
Arte ibérico
El arte ibérico tiene sus mejores manifestaciones en obras
escultóricas de piedra y bronce, madera y barro cocido. Ofrece gran
variedad regional con rasgos culturales de cada zona que se distribuye
en tres zonas bien diferenciadas: Andalucía, la zona de Levante y el
centro peninsular.
Escultura
La escultura ibérica aparece en torno al 500 a. C. y constituye una
de las manifestaciones más importantes de la cultura ibérica en la que
confluyen influjos mediterráneos (griegos y fenicios principalmente) y
autóctonos. Desde los primeros descubrimientos se han planteado entre
los especialistas diversas hipótesis respecto a su origen.
Las diferentes influencias se ven reflejadas en las obras,
algunas de estilo más orientalizante (Pozo Moro), con posibles influjos sirio-hititas, y otras de aspecto más jónico (Cerrillo Blanco, Porcuna), con algunas evocaciones del arte chipriota y etrusco.
Las damas son figuras de busto o de cuerpo entero, que acostumbraban a
estar de pie o sentadas (sedentes) y que son representadas portando
ofrendas.
Pintura
La pintura ibérica no reúne la perfección y el interés que ofrece la escultura,
pero tampoco deja de tener su importancia aún prescindiendo de que
muchas interesantes pinturas de las llamadas prehistóricas pueden datar
de las edades del bronce y del hierro
y sean, por lo mismo, verdadera y propiamente obras de arte ibéricas.
Fuera de ellas, la pintura ibérica se reduce a decoraciones de numerosas
vasijas
y de algún muro de cámaras sepulcrales. Su mayor antigüedad se atribuye
al siglo VI a. C. como puede inferirse por comparación con los restos
de cerámica griega
con los cuales se halla, a veces confundida la ibérica y, sin duda, que
esta fue siguiendo a través de las civilizaciones púnica y romana
llegando quizá hasta la invasión de los bárbaros.
Kalathos ibérico decorado. Cueva del Cabuchico (Azuara, Zaragoza), siglo I a. C. Museo de Zaragoza.
Cerámica
Con la introducción del torno rápido por los fenicios en el siglo
VIII a. C. se produce un cambio en la fabricación de la cerámica en el
mundo indígena, lo que permite el desarrollo de una de las
manifestaciones más características de la cultura ibérica.
Etapas de la cerámica ibérica, según Ruiz-Molinos:
- Ibérico I (600/580–540/530 a. C.), protoibérico,
orientalizante final. Vasos trípodes, vasos con asas triples, formas de
barniz rojo y ánforas fenicias.
- Ibérico II (540/530–450/425 a. C.), ibérico antiguo. Urnas de
orejeras (Oral), vasos con borde de cabeza de ánade, decoración con
bandas. Asociada con cerámica griega de origen masaliota o de Emporiton,
y cerámicas áticas de figuras rojas.
- Ibérico III (450/425–350/300 a. C.), ibérico inicial-pleno.
Diversificación de formas y motivos. Cerámica de barniz rojo-ibérico en
el Levante y Andalucía. Apogeo de la cerámica ática de figuras rojas. Al
final (350–300 a. C.) se produce un corte brusco de las importaciones
de cerámica griega.
- Ibérico IV (350/300–175/150 a. C.), Ibérico pleno-tardío.
Máximo desarrollo de la diversificación. Aparición del estilo de
Liria-Oliva. Las decoraciones son variadas e incluyen escenas con
guerreros, de recolección, actividades textiles, caballeros, danzantes,
músicos, animales, etc. Su final coincide con la aparición de la
cerámica campaniense y el final de la segunda guerra púnica.
- Ibérico V (175/150–60 d. C.), Ibérico tardío. Vinculada a las
producciones romanas (campaniense A y B, sigillata). Estilo de Azaila,
continuación del Elche-Archena.
- Ibérico VI (60 d. C.–siglo II/III d. C.). Producción marginal con estilo ibérico en época romana.
Religión
La
religión es un tema poco conocido de la cultura ibérica, pero en los
últimos años se han producido importantes avances en el conocimiento e
interpretación de muchos hallazgos. Las fuentes fundamentales son los
materiales arqueológicos, y los escasos escritos. Entre los materiales
más relevantes estarían los exvotos de bronce, terracota y piedra, la cerámica y otros objetos como falcatas votivas.
Animales sagrados
Poco
se sabe del mundo de los dioses de los iberos, lo poco que se conoce es
gracias a escritos de antiguos historiadores y filósofos, y a algún que
otro resto arqueológico. De lo que sí se tiene constancia, es que
animales como los toros, lobos, linces, o buitres, formaban parte de
este mundo, ya fuese como dioses, símbolos, vínculos con el mundo mortal
y sus 'espíritus', o el mundo divino.
El toro representaría la virilidad y la fuerza. El lince estaba
vinculado al mundo de los muertos. Los buitres llevaban las almas de los
guerreros muertos en las batallas al mundo de los dioses. No se sabe
mucho más, ya que ha perdurado escasa información sobre estos asuntos.
Enterramientos
Caja funeraria ibera hallada en
Galera.
Los iberos utilizaban el rito de la incineración, conocido gracias a los fenicios o a los pueblos transpirenaicos que introducen la cultura de los campos de urnas.
Las cenizas eran guardadas en urnas cinerarias de cerámica
con forma de copa, con tapa y sin decoración. Otras tenían forma de
caja con patas terminadas en garras, con tapadera y decoración de
animales. Las urnas se introducían en fosos excavados en tierra junto
con un ajuar funerario. Los íberos, para señalizar el lugar de la tumba,
construían túmulos
de variadas dimensiones, aunque había enterramientos mucho más
elaborados para las clases sociales más altas como ocurre en el caso de
la Cámara Sepulcral de Toya, Peal de Becerro (Jaén).
Se han hallado túmulos con recipientes cerámicos a los pies de la difunta, como la Dama de Baza que está sentada en una especie de trono alado, o Dama de Elche
que guarda y protege los restos y el ajuar funerario. En otros túmulos
se depositaban las armas del difunto, al que se incineraba y se
introducía en una vasija de cerámica ornamentada. En algunos funerales
se peleaba sobre la propia tumba hasta la muerte, como en el entierro de
Viriato.
Hace unos 9500 años, las últimas comunidades de
cazadores-recolectores que ocupaban la península ibérica comenzaron a
enterrar de forma sistemática en cementerios, un hábito que se vincula a
la progresiva sedentarización de estas sociedades y a un cambio
significativo en la relación de sus territorios con las actividades
económicas. La necrópolis más antigua de la península ibérica, se halla en Oliva (Valencia).12 Los restos tienen una antigüedad de entre 9500 y 8500 años.
Santuarios
Se han identificado lugares de culto como santuarios urbanos, algunos de los más importantes localizados en la Contestania y área de influencia como el Santuario de la Serreta (Alcoy), famoso por sus terracotas, el Santuario del Cerro de los Santos (Albacete), el templo urbano de La Alcudia (Elche), los templos de la Isleta (Campello), el santuario de la Luz (Verdolay, Murcia), el santuario de El Cigarralejo (Mula, Murcia), el Santuario de Coimbra de Barranco Ancho (Jumilla, Murcia) y el santuario de La Encarnación (Caravaca, Murcia). También se han identificado espacios sacros como el santuario doméstico de El Oral (S. Fulgencio, Alicante), o el de la Bastida de les Alcuses (Mogente, Valencia) y depósitos votivos como el encontrado en el El Amarejo (Bonete, Albacete), o el posible santuario de Meca (Ayora, Valencia). En el ámbito rural, destaca el Santuario de El Pajarillo
(Huelma, Jaén), localizado en un punto estratégico de tránsito y que
exhibe una arquitectura teatral de compleja narración mitológica para la
fama del príncipe ibero protagonista del conjunto escultórico. También
en el ámbito rural en 2004 fue descubierto en el Cerro del Sastre
(Montemayor, Córdoba) un
santuario ibérico que puede considerarse único en España, por conservar
gran parte de su perímetro de muro (de más de dos metros de alto) así
como las escaleras de acceso al conjunto[cita requerida].
Otra característica es el empleo de grutas o cavernas a modo de
santuarios, en los que se depositaban pequeñas estatuillas, llamadas exvotos, como ofrenda votiva
a alguna deidad. Estas figuras son tanto de mujeres sacerdotisas como
de hombres guerreros, a pie o a caballo, otras están sacrificando algún
animal con un cuchillo, o mostrando su respeto con las manos en alto, o
con los brazos abiertos.
Asentamientos
Vista desde el norte de
Cástulo. La ubicación de la ciudad ibérica en una meseta, fortificada en su perímetro, constituye un clásico ejemplo de
oppidum.
Las zonas que mejor se conocen son las del Alto Guadalquivir y del río Segura, donde se distinguen tres tipos de poblados:
- Pequeños asentamientos, situados en zonas llanas y que carecían de fortificación;
- Recintos fortificados, estructuras de dimensiones reducidas con fuertes defensas que solían estar en zonas altas.
- Grandes poblados u oppida,
centros que controlaban una región o un territorio, donde se situaban
los distritos poblados en llano y sus recintos fortificados. Son las
capitales mencionadas por Estrabón.
Las ciudades
Las ciudades iberas podían estar construidas junto a cerros, en
lugares estratégicos, controlando las vías de paso, lo que les daban una
importante ventaja frente a los enemigos; solían estar circundadas por
muros de piedra y adobe,
sobre los que se disponían torres de vigilancia y las puertas a la
ciudad. Los asentamientos construidos en llano nunca estaban amurallados
y tenían una funcionalidad económica, agrícola y ganadera.13
La mayoría... no fueron concebidos para rechazar
asedios formales que nunca vendrían, no solo porque las fortificaciones
ejercieran un efectivo papel militar disuasorio —también—, sino porque
el atacante no tendría ningún interés en asediar la ciudad. Un asalto
rápido o por sorpresa a una granja, bien; una entrada en tropel por una
puerta abierta cuando se perseguía a un enemigo en huida, de acuerdo...
pero un asedio prolongado carecería de sentido en la forma ibérica de
entender la guerra... más valdría volver a saquear los campos y buscar
la sorpresa la primavera siguiente.
Las casas de las ciudades solían ser de planta rectangular, hechas de adobe
sobre una base de piedra, a modo de cimientos, de una sola planta y,
algunas veces, dos; las cubiertas tenían una estructura de madera y
recubrimiento vegetal.
La principal ciudad de la Oretania, Cástulo, fue también el oppidum
más extenso de la península, si bien las posteriores etapas históricas,
principalmente romanas y medievales, ocultaron arqueológicamente esta
fase ibera, conocida gracias a las diversas campañas de investigación.
Yacimientos arqueológicos
Caja de los Guerreros, pieza ibera, hallada en la necrópolis de Piquía, en el yacimiento de la Cuesta del Parral.
Véase también
Notas
- Las fuentes literarias mencionan tres colonias griegas en el sureste de la península ibérica: Hemeroscopio, Alonis y Akra Leuké.
Tradicionalmente se han localizado en Denia, Benidorm y Alicante,
aunque con pocas bases reales, hasta que, a partir de los años 50 del
siglo pasado, los arqueólogos muestran su escepticismo debido a la falta
de hallazgos griegos en la zona artehistoria Archivado el 8 de mayo de 2008 en Wayback Machine.
Referencias
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Bibliografía
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- MOLINOS, M. et al. (1998). El santuario heroico de «El Pajarillo» (Huelma, Jaén). Jaén, Universidad de Jaén. ISBN 84-89869-36-7.
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- SANMARTÍ, J. (2005): «La conformación del mundo ibérico septentrional», Palaeohispanica 5, pp. 333–358.
- SCHULTEN, Adolf. Hispania: Geografía, etnología e historia.
- UNTERMANN, J.: Monumenta linguarum Hispanicarum, Wiesbaden. (1975): I Die Münzlegenden. (1980): II Die iberischen Inschriften aus Südfrankreich. (1990): III Die iberischen Inschriften aus Spanien. (1997): IV Die tartessischen, keltiberischen und lusitanischen Inschriften.
Enlaces externos
Según la prosodia y la etimología latinas, la forma original sería ibero, sin embargo, según la Real Academia Española, íbero es asimismo correcta para referirse a dichos pueblos y su lengua.
El Tinto-Odiel. La homonimia con el Ebro en sí, con los iberos e Iberia, es una confusión, producida por etimología
popular, a partir de la relación Érebo-(H)ibero (Río del Erebo), y por
acumulación de datos sintetizados en estos pocos versos. Ora marítima.
La España protohistórica
Michel Vidal, J.-P. Magno, «Les inscriptions peintes en caractères ibériques de Vieille-Toulouse (Haute-Garonne)», Revue archéologique de Narbonnaise, 1983, p. 2.
«Un buscador de expresiones regulares en textos ibéricos». eorduna.awardspace.com. Consultado el 7 de diciembre de 2018.
«La España prerromana». Archivado desde el original el 6 de marzo de 2007. Consultado el 25 de marzo de 2007.
Según los historiadores clásicos ca. 1100 a. C., aunque no hay ningún hallazgo arqueológico anterior al siglo VIII a. C.
«El imperialismo cartaginés». Archivado desde el original el 6 de marzo de 2007. Consultado el 25 de marzo de 2007.
Bermejo Tirado, Jesús: Breve historia de los íberos (2007) pág. 120. Ed. Nowtilus. ISBN 9788497633536 [1]
Schulten, Adolf: Tartessos (1979), Espasa Calpe, ISBN 8423914712, pág. 212.
National Geographic España (26 de febrero de 2016): «El Collado es la necrópolis más antigua de la península Ibérica».
Los iberos