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martes, 7 de febrero de 2012

Fin del siglo XX


Desde mediados de la década del ochenta se produce un florecimiento de las letras hebreas, una nueva ola que se incrementó en los noventa e imprimió tanto una innovación generacional como temática. Entonces empezaron a publicar varios escritores israelíes jóvenes, nacidos en su mayoría en los años sesenta. Estos jóvenes ya no llevan como nombres de pila los bíblicos Abraham, Aharon, Moshé, David, Itzjak, sino que se llaman Uzi, Etgar, Gadi, Shoham, Ronit, todos nombres hebreos modernos.
Para entender este proceso, que se prolonga y profundiza hasta nuestros días, es necesario referirse a dos fenómenos que se desarrollan en el mundo, fuera de la particular historia de Israel, pero que influyen en él: la globalización y la posmodernidad.
La palabra globalización apenas era utilizada en los ochenta. Actualmente forma parte de nuestro vocabulario cotidiano y en general todos tenemos claro que está reestructurando nuestras vidas, independientemente del lugar del mundo en el que vivamos. La globalización es económica, política, tecnológica y cultural, por ello influye en los aspectos íntimos de la vida cotidiana. Las nuevas tecnologías de la información nos permiten estar en contacto con culturas muy diferentes a la nuestra y enterarnos de lo que sucede en muy lejanas partes del mundo de manera instantánea. Esta sociedad mundial no tiene un desarrollo lineal ni igual en las diferentes latitudes, sino que va haciéndose de manera anárquica, pero define nuestra cotidianeidad. Como bien lo expresa el sociólogo inglés Anthony Giddens, el mundo en el que vivimos hoy parece estar cada vez más fuera del control humano, se nos presenta como un mundo desbocado.
La sociedad israelí también está incluida dentro del mundo global en el que vivimos y sufre los efectos de la globalización. Por primera vez en el desarrollo de su literatura, lo que sucede en el mundo influye en los temas que aborda y en el estilo de su escritura. A diferencia de lo que sucedía a comienzos de los años sesenta, cuando la ola existencialista se expandía por Europa pero en Israel se escribía una literatura testimonial al servicio de la consolidación del Estado, en la actualidad la producción literaria puede enmarcarse en las tendencias occidentales del resto del mundo.
En este punto es necesario abordar el segundo gran concepto que nos ocupa: la posmodernidad. El primero en hablar de posmodernidad fue el crítico norteamericano Frederic Jameson en 1984, quien se refirió a ella como a un nuevo estadio de la historia, en el que el sujeto ya no está contenido dentro de parámetros estables. Jameson explicó que los cambios experimentados a nivel mundial, como la desmaterialización del dinero, el imperio del mercado y la unificación electrónica del planeta, modifican la subjetividad del individuo.  El concepto de posmodernidad dio lugar a una nueva sensibilidad: el predominio del espacio sobre el tiempo, la velocidad y la instantaneidad, la ambivalencia, el borramiento de los límites, el predominio de lo visual, el advenimiento de una cultura más vulgar. Estos cambios en la percepción son alimentados por los medios masivos de comunicación, en el marco de lo que se denomina una cultura del espectáculo.
¿Cómo influyen todos estos cambios en la literatura israelí? En primer lugar, los escritores que empezaron a publicar hacia fines del siglo XX son muy jóvenes. Esto significa que han crecido y han sido educados en el último cuarto de siglo, viviendo los procesos mencionados anteriormente. En segundo lugar, se publica una narrativa muy variada, que incluye diferentes géneros y tipos de ficción. Hasta los ochenta, la literatura israelí era seria y se ocupaba de grandes temas, su objetivo no era entretener, sino que estaba al servicio de la historia con mayúscula. A partir de entonces, cualquier tema puede ser abordado. El Estado de Israel ya no pretende fundir a sus habitantes en una sola cultura, como en los tempranos años de la independencia, sino que hay lugar para expresiones multiculturales y multitemáticas, como en el resto del mundo. En esta era global y posmoderna los límites son borrosos, las reglas se esfuman y parece que todo puede ser legítimo.
En la última década surgieron autores de novelas policiales, de suspenso y espionaje. La escritoraBatya Gur es la que tuvo mayor trascendencia ya que sus libros fueron traducidos a varios idiomas. También Shulamit Lapid escribió novelas policiales muy entretenidas, que incluyen un componente social y denuncias de casos de corrupción. Ram Oren es otro de los que incursionó en este género, con muy buena recepción entre los lectores.
Otra característica de esta nueva ola literaria es el cambio en el uso de la lengua. Estos jóvenes escriben en el idioma de la calle, apelando a numerosas expresiones en slang. Utilizan un hebreo despojado, alejado completamente de las alusiones bíblicas y talmúdicas, a veces difícil de interpretar hasta por los mismos lectores. Cuestionan la diferenciación planteada entre el idioma culto y el vulgar, plasmando en las páginas que publican una postura que no discrimina entre el registro oral y escrito. Algunos críticos definen este estilo de escritura como safá dalá (lengua magra, pobre). Estos escritores apelan a la habilidad del lector para relacionar intertextualmente lo que lee, mezclando temáticas y estilos diferentes en una misma obra. Ya no se ocupan de grandes temas nacionales como el destino del pueblo judío o el conflicto con los palestinos, sino que escriben sobre situaciones personales, experiencias en el ejército, la vida cotidiana, la calle, el barrio. Y lo hacen con mucha ironía, utilizando un humor ácido y en ocasiones negro, iluminando de otra manera temas dolorosos de la realidad israelí. La mayoría de ellos vive en Tel Aviv, escribe en diarios locales y produce guiones televisivos. Ellos son parte de una movida cultural urbana de la que participan los denominados yuppies (young urban professional), es decir jóvenes profesionales con un nivel económico e intelectual elevado. Algunos exponentes de esta nueva tendencia son: Iosi Avni, Gafi Amir, Gail Hareven, Uzi Weil, Shoam Smith, Yehudit Katzir, Ronit Matalon, Gadi Taub, Orli Castel Blum, Etgar Keret, Eshkol Nevó. 
Puede decirse que desde la Tejiá(Renacimiento) de las letras hebreas, recién en estos años la literatura israelí está viviendo el mismo proceso que se desarrolla en la literatura occidental. Laaldea global, concepto definido por Marshall McLuhan para ponerle nombre a la forma en que vivimos interconectados los habitantes del planeta, incluye también a la producción literaria de Israel.
Un fenómeno a destacar de este florecimiento de la producción literaria de fin de siglo es que arrastró también a los escritores más veteranos, quienes durante estos últimos años han revitalizado su escritura e incrementado su producción. Tal es el caso de S. Izhar, que dejó de escribir en los años sesenta y volvió a hacerlo en los noventa. Amos Oz publicó en el año 2002 su novela autobiográfica Una historia de amor y oscuridad, que ha sido un éxito de ventas y fue traducido a varios idiomas. A. B. Yehoshúa escribió El retorno de la India en 1994, Viaje al fin del milenioen 1997 y La novia liberada en 2001.                                                     
 David Grossman aportó varias novelas de gran repercusión en los últimos años: El niño zigzagen 1994, Alguien con quien correr en el 2000, En otra vida en el 2002. Otro de los autores que publicó varias obras en esta época es Meir Shalev, quien a partir de Novela rusa (1988) publicó Esav (1991), Como unos cuantos días (1994) y recientemente Fontanela (2002).
Una referencia especial merecen las mujeres que escriben. En esta última década surgieron varias que empezaron escribiendo la clásica literatura femenina realista y que evolucionaron hacia una escritura muy variada que comprende todo tipo de ficción. Las escritoras veteranas Amalia Kahana – Carmon, Yehudit Hendel y Shulamit Hareven, son las que abrieron el camino, pero en la última década surgieron muchas: Shifra HornZruya Shalev, Mira Margen, Yael Hedaya, Dorit Rabynian, Avirama Golán. Otra escritora que ha producido varios best sellers es Galila Ron Feder Amit, quien desde 1971 publicó más de 200 libros infantiles y juveniles y en los últimos años produjo varias novelas. Yehudit Katzir es también una joven y prolífica escritora que en la década del noventa aportó varios títulos. Gabriela Avigur Rotem, Savyon Liebrecht,  Ioji Brandes son otras de las escritoras que publican continuamente durante los últimos años.
            El escritor español Javier Marías se preguntaba en 1995, al recibir el Premio Rómulo Gallegos: “¿Por qué seguimos leyendo novelas y apreciándolas en serio y hasta premiándolas, en un mundo cada vez menos ingenuo? Nos hemos acostumbrado tanto a este género, que consideramos enteramente normal el acto de abrir un libro y empezar a leer lo que no se nos oculta que es ficción, esto es, algo no sucedido, que no ha tenido lugar en realidad”. Ante este legítimo cuestionamiento, es posible esbozar una respuesta: la narrativa no tiene como objetivo explicarnos la realidad, pero la ilumina con otra luz. Es quizás eso, lo que buscamos los lectores en la producción literaria de los nuevos escritores israelíes.

La década del setenta

Este período constituye una bisagra en la corta vida del Estado de Israel. Por un lado hace eclosión el conflicto étnico-cultural que se gestó a partir de la inmigración masiva que se produjo en los años cincuenta de judíos provenientes de países musulmanes como Marruecos, Irak, Yemen, Siria, Egipto. Sus hijos, nacidos en Israel o llegados de muy pequeños, crean el movimiento de protesta “Panteras Negras” en 1971, que se enfrenta con el establishment ashkenazi. Por otro lado, la “Guerra de Yom Kippur” en 1973 cambia por completo el aire que se respiraba desde la expansión israelí de 1967. La combinación de estos dos procesos trajo como consecuencia la asunción del líder del Likud Menahem Beguin al poder en 1977 y el cambio rotundo del mapa político del país.
La producción literaria también se vio modificada por estos sucesos. Surgió una literatura de protesta, cuyo origen se encuentra en dos comedias musicales escritas por dos escritores ashkenazies: Ygal Mossinsohn, autor de Casablan, y Efraim Kishon, autor de Salah Shabati. En ambas obras, también llevadas al cine, se trata la problemática de la comunidad marroquí, en un tono cómico pero crítico a la vez. Esta temática se instala en las letras hebreas y surgen autores, algunos de ellos no son oriundos de estos países, que escriben sobre la marginalidad social de este grupo étnico: Albert Suissa, Yehuda Burla, Itzjak Shemi, Hayim Hazaz. Más adelante empiezan apublicar Shimon Balas, Sami Mijael, Yehuda Amir, Amnon Shamosh, Itzjak Ben Ner, Eli Amir, Aharon Shabtai, Erez Biton. Todos ellos enmarcados en el realismo social y en la asunción de la identidad oriental como valor cultural.
Dos temas que atraviesan la producción literaria: el conflicto árabe israelí y la Shoá. 
La visión del conflicto asumió en la literatura diferentes tendencias:
  • La actitud romántica que ve al árabe como el buen vecino, con quien se puede convivir pacíficamente. El judío se siente orgulloso de su origen occidental y culturalmente superior. Los jalutzim niegan la Diáspora, tratan de asimilar el paisaje y las costumbres de la región y se produce una cierta integración con el árabe, que aparece totalmente estereotipado.Yehuda Burla y Moshé Smilansky escribieron asumieron esta actitud, especialmente en la época previa a la Declaración de la Independencia.
  • La actitud ideológico-moralista en la que el judío contempla la tragedia del árabe con un sentimiento de autoculpa. Se produce una crisis moral, en la que se derrumban los valores judíos. A partir de 1948, quedan cerradas las salidas que propiciaban un entendimiento con los árabes y el judío comprende que el otro también vive un drama. S. Izhar, Aharón Megged, Binyamin Tamuz, se inscriben en esta actitud.
  • La actitud de angustia existencial: hasta 1967, Jerusalem está dividida y el árabe pasa a ser una pesadilla invisible que acecha al judío, sin convivir con él. Reinan sentimientos de angustia, asedio y amenaza por estar rodeados de enemigos. Asumen esta posición Amos Oz, A. B. Yehoshúa, Moshé Shamir, quienes se identifican políticamente con las palomas.
  • En la actitud nacionalista la angustia y la asfixia generan ansias de poderío y deseos de expansión. Estos escritores no están dispuestos a aceptar los límites de su territorio. Algunos de ellos son Uri Tzvi Grinberg, Aharón Amir, Yonatán Ratosh, identificados políticamente con los halcones.
El otro gran tema que atraviesa la literatura hebrea es la Shoá. Los primeros años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial estuvieron signados por el estupor y el silencio, que se manifestó también en la literatura. Los sobrevivientes llegados a Eretz Israel, contemporáneos de lageneración del Palmaj  y la generación del Estado, son acogidos por éstos en el marco del mito del hombre nuevo. El Estado institucionaliza como día de recuerdo la fecha del Levantamiento del Ghetto de Varsovia y lo denomina Iom Hashoah Vehagvurá, Día de la Shoá y del Heroísmo, construyendo de esta manera el mito nacional de heroísmo y martirio. El juicio a Eichman, en 1960, constituye una catarsis colectiva sobre la Shoá. El escritor K. Tzetnik, sobreviviente y testigo en el proceso, acuña por primera vez la frase Planeta Auchwitz expresando la imposibilidad de poner el horror en palabras. Los testimonios que se escucharon durante el juicio permitieron reducir el mito a vivencias concretas y aportaron a la socialización del horror. A partir de esto, aparecieron numerosas producciones sobre el tema: Aba Kovner, Dan Pagis, Itamar Yeoz Kest en poesía;Aaron Appelfeld, Yonat y Alexander Send, Yehudit Hendel en prosa, son sólo algunos de los autores. Casi todos ellos provienen de hogares cultos y asimilados, sobrevivientes del horror, que accedieron a la lengua hebrea a una edad tardía. 
Más adelante empezó a escribir sobre el tema la segunda generación, es decir los hijos de sobrevivientes, nacidos en Israel. Autores como David Grossman y Meir Wisseltier expresan una visión más humanizada y desacralizada de la Shoá. Con la incorporación de la tercera generación a la producción literaria, queda demostrado que el tema no pierde vitalidad, que es un dato genético en la vida del israelí y que forma parte de una memoria colectiva que constituye su identidad.

La Generación del Estado


Una década después, hacia fines de los años 50, surge una nueva tendencia: empieza a atisbarse una crítica a la literatura realista de la década anterior. Estos escritores, nacidos en Eretz Israel o llegados muy jóvenes, no se ocupan tanto de la realidad, como de las impresiones que ésta deja en el individuo. Algunos de ellos son: Amos Oz, Pinjas Sadeh, Yoram Kaniuk, A.B. Yehoshúa, Byniamin Tamuz, Aharon Appelfeld, David Shajar y la prosa de Yehuda Amijai. Todos tratan de describir la reacción que la vida provoca en el personaje, su sensibilidad. Con la unificación de Jerusalem en 1967 y el retorno a los Lugares Santos, las imágenes de soldados llorando junto al Muro de los Lamentos, ponen de manifiesto que hay un hilo conductor entre estos héroes y la milenaria historia del pueblo judío. Ya no se trata de un héroe heroico, sino de un héroe sensible.
En este período la patria ya es algo real, no es la idea sionista ni la nostalgia de la Diáspora. El joven país atraviesa problemas económicos, políticos y sociales: hay corrupción, luchas partidarias, burocracia. El paisaje deja de ser romántico. Los jóvenes aprenden lenguas europeas en la escuela y reciben la influencia de la literatura inglesa y americana. El escritor se desliga del pasado y busca los valores dentro de sí mismo. Ya no vive LA HISTORIA, sino que es un ser solitario que se arrastra por la vida.
Surgen en esta etapa figuras de origen oriental, entre los que se destacan Sami Mijael (iraquí) yAmnon Shamosh (sirio) y poetas que rechazan las solemnidades y producen una poesía plena de desencanto e ironía en un lenguaje coloquial: Yehuda Amijai, Natán Zaj, David Avidán, Dalia Ravikovitz.

Generación del Palmaj


En la década del 40 surge en la Palestina del Mandato Británico un grupo de escritores nacidos enEretz Israel, que no arrastra un pasado traumático de desarraigo europeo y que a posteriori recibió el nombre, de “Generación del Palmaj”. Estos autores reflejan el espíritu de la época: el de una sociedad heroica que lucha por defender su territorio y ayudar a los inmigrantes ilegales que llegan de la Europadevastada. Esta generación consolida el mito de “David contra Goliath”, de los nuevos Macabeos que luchan por su liberación. Con la declaración de la Independencia del Estado de Israel en 1948, cambia el paisaje rotundamente. Lo que tanto ansiaban se hizo realidad y ésta no es como la habían soñado. En este contexto se produce una prosa realista basada en los hechos, que trata de pintar la vida cotidiana. Sus principales exponentes son S. YzharMoshé Shamir, Jaim Guri, Aharon Megged, Janoj Bartov, Dan Ben Amotz. El común denominador entre todos ellos es que conciben una literatura al servicio de la construcción del Estado. Escriben una prosa realista en la que observan los hechos y pintan las costumbres de la época que les tocó vivir, en la que el compañerismo, el valor y la abnegación son metas fundamentales. Esta prosa no logra un gran vuelo literario, pero tiene el mérito de funcionar como documento de un momento decisivo. En ella no encontramos elementos fantásticos, sino un lenguaje cotidiano en el que los autores describen la realidad de la que muchas veces son testigos y otras la critican.

Palmaj = Plugot Majatz. Compañías de choque de la Haganá, creadas y comandadas por Itzjak Sadé, entre 1941 y 1948.

Los prosistas de entreguerras


En este período surgen escritores de ficción que reflejan de algún modo tanto la realidad externa y material, como la interna de quienes viven en Eretz Israel. Entre ellos se pueden nombrar al Premio Nobel Shmuel Yosef Agnón, Jaim Hazaz, Dvora Barón, Asher Barash. Ellos son escritores realistas que abordan la realidad desde diferentes perspectivas: psicológica, sociológica o histórica y presentan un mundo en crisis, en tensión constante entre lo antiguo, lo tradicional y los valores del período moderno.
Si bien Agnón y Hazaz siguieron escribiendo a lo largo de gran parte del siglo XX, sus obras más importantes corresponden a esta época. Todos estos narradores parten del ideal sionista como solución a todos los problemas del pueblo judío.

Los poetas modernistas


En el período de entreguerras los jalutzim(*1) de la Segunda y Tercera Aliá se encuentran con una realidad muy diferente a la pintada por la generación de Bialik: deben trabajar la tierra y transformarla. Los poetas dejan de lado la postura romántica y adoptan una real, cambian la pronunciación ashkenazí por la sefaradí y abandonan paulatinamente los temas relacionados con el judaísmo europeo para abocarse a los referentes a la construcción del Estado.

Este grupo incluye poetas muy dispares: Itzjak Lamdan, Abraham Shlonsky, Natán Alterman, Lea Goldberg, Alexander Penn, Uri Tzvi Grinberg. El denominador común que tienen todos ellos es la búsqueda de nuevas formas estilísticas: ya no solo es importante expresar una emoción, sino que debe hacerse de forma bella. La poesía moderna busca el virtuosismo de la lengua, elige las palabras cuidadosamente como vehículo para la expresión.


(*1) Pioneros

Novela del pionerismo


Paralelamente fue surgiendo una novela del pionerismo en el marco de la Segunda y Tercera Aliá (*1) , en la que se plasmaron los ideales de aquellos jalutzim: construir el país y construirse como hombres nuevos, dejando atrás 2000 años de Diáspora. “Anu banu artza livnot ulehibanot ba” (“Hemos venido a esta tierra a construir y construirnos”), cantaban los pioneros. Creían fervientemente en la necesidad de trabajar la tierra, realizar trabajos manuales y guardar fidelidad a la lengua hebrea y la cultura judía. Se puede hablar de una narrativa documental, cuyos representantes son Moshé Smilansky, Yosef Arija y David Meletz, que fue abandonando los temas referentes al judaísmo para dedicarse a la construcción del Estado de Israel. 

(*1) Tercera Aliá: entre 1919 y 1923

El renacimiento (Tejiá)

A pesar de que la lengua hebrea dejó de hablarse durante miles de años y quedó relegada a los textos sagrados y litúrgicos, se puede decir que la literatura hebrea tuvo algún tipo de continuidad durante ese tiempo. En Sefarad, durante la Edad Media, se escribió una literatura hebrea enriquecida por aportes árabes. Hacia el siglo XVIII, Moshé Jaim Luzzatto (1880-1865) aunó la tradición poética de Sefarad con las fuentes cabalísticas y la lengua italiana. Pero recién hacia fines del siglo XIX comienza el renacimiento de la literatura hebrea moderna, la Tejiá, antes del surgimiento del Estado de Israel y lejos de su tierra, preparada por dos movimientos fundamentales en el desarrollo de la historia del pueblo de Israel: el Jasidismo (*1) y la Haskalá (*2).
De la mano de Eliezer Ben Yehuda (*3), resurge el hebreo como lengua hablada, se desacraliza y se transforma en un hecho comunicacional, un instrumento para vivir, trabajar y crear. La literatura en sus diferentes expresiones, constituyó un medio para alcanzar estos objetivos y se nutrió de fuentes milenarias como la Biblia, el Talmud, la Mishná, la Hagadá, los cuentos populares y también de fuentes extra-judías. Influidos por los movimientos literarios y nacionales del siglo XIX, los escritores judíos expresan la  problemática de las comunidades judías de Europa: el choque de las nuevas ideas con las tradiciones, las miserias del ghetto, la apertura hacia otras culturas. La primera novela hebrea moderna fue Ahavat Tzión, escrita por Abraham Mapu(1808-1868) en 1853Con una finalidad didáctica, trata sobre el choque de las ideas iluministas con la tradición. Méndele Moijer Sforim (Rusia, 1834-1917) es una figura puente entre laHaskalá y la Tejiá.Utiliza un hebreo que no es exclusivamente bíblico, en el que toma términos de la literatura rabínica, satiriza la vida del ghetto con una mirada cariñosa. Peretz Smolenskin, I. L. Peretz, Yehuda Leib Gordon y Mija Yosef Lebensohn son otros de los exponentes de este período de iniciación. Las publicaciones periódicas fueron la principal herramienta de estos escritores para difundir sus ideas y tuvieron una gran importancia en el renacimiento de la lengua y la literatura.
Los comienzos del siglo XX y los sucesos que en esos años se desarrollan marcan la producción literaria de la moderna literatura hebrea. Los centros de la cultura hebrea se desplazan de Europa (Varsovia, Vilna, Bialistok, Odessa) a Eretz Israel y el tema del desarraigo se instala en la literatura.
En poesía, Jaim Najman Bialik y Shaúl Tchernijovsoky son los máximos exponentes del género. Ambos viven la transición entre dos siglos y pertenecen a una generación en crisis.

Jaim Najman Bialik (1873-1934) nació en Radi, Rusia. A los 7 años quedó huérfano y pasó a vivir con su abuelo, de quien recibió una educación religiosa en un marco de pobreza. Después de pasar por una ieshivá llegó a Odessa en 1890, el  “gran mundo” del momento. Allí pasó penurias económicas, pero se contactó con intelectuales, leyó a los poetas rusos y aprendió alemán. Residió en esa ciudad hasta 1921, donde escribió en hebreo e idish. En ese año se trasladó a Berlín, centro de los escritores emigrados después de la revolución rusa, y en 1924 emigró a Eretz Israel, donde vivió hasta su muerte (falleció circunstancialmente en Viena). Los temas de su poesía son el dolor, las desgracias y la decadencia de la vida tradicional, la oposición entre la tradición y el mundo, los conflictos de los judíos de Europa Oriental, el desgarramiento existencial del judío moderno. A partir de 1910, su poesía es más personal e intimista. Junto con Ravnitzky compiló, tradujo al hebreo y clasificó leyendas rabínicas en el Sefer Haagadá. Bialik fusionó la lengua bíblica clásica con el hebreo más natural y forjó un nuevo idioma poético.

Shaúl Tchernijovsky (1875-1943) nació en Ucrania en el seno de una familia de campesinos acomodados. Después de estudiar Talmud y Torá, marchó a Odessa a los 15 años. Vivió también en Heidelberg (donde estudió medicina), Rusia y Berlín. En 1931 emigró a Eretz Israel. Estudió griego, latín, lenguas modernas, mitología griega y oriental. Los temas de su poesía son los sufrimientos ancestrales del pueblo judío, el resurgimiento de Israel, la naturaleza como entidad viva, la belleza, el amor. Tradujo al hebreo la Ilíada, la Odisea, Edipo rey, El banquete, obras de Shakespeare, Moliere, Byron, Heine y Pushkin.

Rajel Bluvstein (1890-1931) pertenece también  a este período. Nació en Rusia en una familia acomodada y emigró a Eretz Israel en 1909 junto con su hermana. Ambas se instalaron en un kibutz a orillas del Kineret. En 1913 se trasladó a Toulouse para estudiar agronomía, allí la sorprendió la Primera Guerra Mundial y contrajo tuberculosis. Recién pudo retornar a Eretz Israelen 1919, pero su salud precaria la obligó a quedarse en Tel Aviv, donde falleció. En un estilo intimista y sencillo en recursos, escribió sobre el amor y la maternidad frustrada, el Kineret y el pionerismo. Rajel es el prototipo del jalutz.
La novela es un género que se afianza en el siglo XIX y es introducida por los maskilim (*4)  en la incipiente literatura hebrea, paralelamente a su surgimiento en las literaturas europeas. Este género es capaz de expresar los múltiples aspectos del ser humano: sus conflictos psicológicos y sociales. Se destacan en este período Berdichevsky y Brenner.

Mija Iosef Berdichevsky (1865-1921) nació en Polonia. Sus primeras publicaciones son artículos polémicos en los que ataca tanto las ideas de la Haskalá como las del judaísmo tradicional. En sus obras toma elementos bíblicos, de la hagadá y la literatura rabínica y los transplanta al presente. Describe la vida en las ciudades de Europa del Este y de los estudiantes judíos de Europa Occidental y Central. Sus personajes son individualistas, solitarios, rebeldes que se enfrentan a la comunidad. Su novela Baemek está basada en la hagadá Juldá uborBerdichevsky creía que los textos bíblicos y rabínicos pueden ayudar a iluminar el comportamiento del judío en el presente.

Yosef Jaim Brenner (1881-1921) nació en Ucrania y estudió en una ieshivá. Después de viajar por Varsovia, Bialistok y Londres se instaló en Eretz Israel. Sus primeros escritos, en los que abordó los problemas sociales y nacionales del pueblo judío, aparecieron en periódicos. Trabajó como profesor en el Hertzlia Gimnasium y fue uno de los fundadores de la Histadrut (*5) en 1920. Tuvo una activa militancia en la construcción del estado. Murió en los disturbios árabes del 2 de mayo. En su obra se observa el desgarramiento entre el individualismo, la suprema libertad y la identidad nacional y social. Su principal novela es Shjol vekishalón (Duelo y fracaso), publicada en capítulos entre 1914 y 1919 en los diarios Haajdut y Hapoel Hatzair. Después apareció en formato libro. La lengua que utiliza es coloquial, salpicada de expresiones en idish, anglicismos, arabismos, germanismos y palabras en ruso. Escribió también crítica literaria, ensayos y tradujo obras de Dostoievski y Tolstoi.
Si bien A.B. Gordon y Berl Katzenelson escribieron ensayos y artículos, no narrativa, deben ser incluidos en este período que estamos tratando, ya que tuvieron una gran importancia en la vida cultural del ishuv.

A.D. Gordon (1856-1922) emigró a Eretz Israel a los 48 años y trabajó como obrero en Petaj Tikva y Rishon Letzion. Allí sufrió todos los avatares de los pioneros: malaria, desempleo, hambre, inseguridad. Expresó en sus artículos su concepción del sionismo: “la religión del trabajo”.Gordon creía que la salvación del pueblo judío solo vendría a través del esfuerzo personal que puede hacer el individuo para cambiarse a sí mismo. A partir de sus ideas se crea Gordonia, una comunidad juvenil humanista.

Berl  Ketzenelson (1887-1944), líder del sionismo laborista migró a Eretz Israel durante laSegunda Aliá (*6). Fue uno de los fundadores de la Histadrut, que en 1925 saca a la luz el periódico Davar. Esta publicación fue decisiva para la literatura del ishuv, ya que la mayoría de los escritores publicaron en sus páginas. Katzenelson fue mentor de toda una generación.

( *1 )Movimiento religioso y social fundado por Israel Baal Shem Tov, hacia el 1.700 en países de Europa Oriental. Proponía otros medios para expresar la fe: predominio del sentimiento por sobre el intelecto. El tzadik es el que guía a sus seguidores, quienes establecieron sus propias casa de oración. A través del cuento jasídico, surgido de la tradición oral, el tzadik trata de enseñar y trasmitir.
  ( *2 ) Haskalá = Iluminismo: movimiento cultural iniciado por Moisés Mendelssohn, que se desarrolló desde fines del siglo XVIII hasta fines del siglo XIX en Europa Central y Oriental. Influido por la filosofía racionalista, planteó el acercamiento de los judíos a los demás pueblos y culturas. Concibió el hebreo como lazo que cohesiona a todos los judíos y la literatura al servicio de sus ideas.
( *3 ) Eliezer Ben Yehuda (1858-1922): nacido en Lituania, estudió en varias ieshivot y promovió el uso del hebreo en la vida cotidiana. Emigró a Eretz Israel en 1884, donde fundó y dirigió varias publicaciones. En 1890 creó el Comité para la Lengua Hebrea.
( *4 ) Hombres de la Haskalá, la Ilustración.
( *5 ) Confederación General de Trabajadores Judíos.
( *6 ) Segunda Aliá: entre los años 1904 y 1914.