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lunes, 12 de diciembre de 2011

Fabula V El asno vestido de León

Un asno disfrazado
Con una grande piel de León andaba;
Por su temible aspecto casi estaba
Desierto el bosque,solitario el prado.
Pero quiso el destino
Que le llegase a ver desde el molino
La punta de una oreja el molinero.
Armado entonces de un garrote fiero,
Dale de palos,llévalo a su casa;
Divúlgase al contorno lo que pasa.
Llegan todos a ver en el instante
Al que habían temido León reinante
Y haciendo mofa de su idea necia,
Quien más le respetó, más le desprecia.




Desde que oí del Asno contar esto,
Dos ochavos apuesto,
Si es que Pedro Fernández no se deja
De andar con el disfraz de caballero,
A vueltas del vestido y el sombrero,
Que le han de ver la punta de la oreja.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Fabula II La Cigarra y la Hormiga

Cantando la Cigarra
Pasó el verano entero,
Sin hacer provisiones
Allá para el invierno;
Los fríos la obligaron
A guardar el silencio
Y a acogerse al abrigo
De su estrecho aposento.
Vióse desproveída
Del preciso sustento:
Sin mosca,sin gusano,
Sin trigo y sin centeno.
Habitaba la Hormiga
Allí tabique en medio,
Y con mil expresiones
De atención y respeto
La dijo: "doña Hormiga,
Pues que en vuestro granero
Sobran las provisiones
Para vuestro alimento,
Prestad alguna cosa
Con que viva este invierno
Esta triste Cigarra,
Que, alegre en otro tiempo,
Nunca conoció el daño,
Nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme;
Que fielmente prometo
Pagaros con ganancias,
Por el nombre que tengo."
La codiciosa Hormiga
Respondio con denuedo,
Ocultando a la espalda
Las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
Con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿Qué has hecho en el buen tiempo?"
"Yo, dijo la Cigarra,
A todo pasajero
Cantaba alegremente,
Sin cesar ni un momento."
"¡Hola!, ¿conque cantabas
Cuando yo andaba al remo?


Pues ahora, que yo como,
Baila,pese a tu cuerpo."

martes, 22 de noviembre de 2011

{Fabula I } El Asno y el Cochino

Envidiando la suerte del Cochino,
Un asno maldecía su destino.
"Yo, decía,trabajo y como paja;
Él come harina,berza,y no trabaja:
A mí me dan palos cada día;
A él le rascan y halagan a porfía."
Así se lamentaba de su suerte;
Pero luego que advierte
Que a la pocilga alguna gente avanza,
En guisa de matanza,
Armada de cuchillo y de caldera,
Y que con maña fiera
Dan al gordo Cochino fin sangriento,
Dijo entre sí el jumento:


Si en esto para el ocio y los regalos,
Al trabajo me atengo y a los palos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Fabula XIII El Milano y las Palomas

A las tristes Palomas un Milano,
Sin poderlas pillar,seguía en vano;
Mas él a todas horas
Servía de lacayo a estas señoras.
Un día, en fin, hambriento e ingenioso,
Así las dice: "¿ Amáis vuestro reposo,
Vuestra seguridad y conveniencia?
Pues creedme en mi conciencia:
En lugar de ser yo vuestro enemigo,
Desde ahora me obligo,
Si la banda por rey me aclama luego,
A tenerla con sosiego,


Sin que la garra o pico tema agravio;
Pues tocante a la paz seré un Octavio."
Las sencillas Palomas consintieron;
Aclámanle por rey: "¡Viva,dijeron,
Nuestro rey el Milano!"
Sin esperar a más,este tirano
sobre un vasallo mísero se planta;
Déjalo con el viva en la garganta;
Y continuando así sus tiranías,
Acabó con el reino en cuatro días.




Quién al poder se acoja de un malvado
Será,en vez de feliz,un desdichado.





viernes, 18 de noviembre de 2011

{Fábula III} El Cazador y los Conejos

Poco antes que esparciese
Sus cabellos en hebras
El rubícundo Apolo
Por la faz de la tierra,
De cazador armado,
Al soto Fabio llega,
Por el nudoso tronco
De cierta encina vieja
Sube para ocultarse
En las ramas espesas.
Los incautos conejos
alegres se le acercan.
Uno del verde prado
Igualaba la yerba;
Otro,cual jardinero,
Las florecillas siega;
El tomillo y el romero
Éste y aquél cercenan;
Entretanto al más gordo
Fabio su tiro asesta;
Dispara, y al estruendo
Se meten en sus cuevas
Tan rapidamente,
Que a muchos pereciera
Que, salvo al muerto, a todos
Se los tragó la tierra.
Después de tanto espanto,
¿Habrá alguno que crea
Que de allí a poco rato
La tímida caterva,
Olvidando el peligro,
al riesgo se presenta?




Cosa extraña parece,
mas no se admiren de ella,
¿Acaso los humanos
Hacen de otra manera?

jueves, 17 de noviembre de 2011

Fábula XXIV La Comadreja y Los Ratones

Débil y flaca cierta Comadreja,
No pudiendo ya más,de puro vieja,
Ni cazaba ni hacía provisiones
De abundantes Ratones.
Como en tiempos pasados,
Que elegía los tiernos,regalados,
Para cubrir su mesa.
Sólo de tarde en tarde hacía presa
En tal cual que pasaba muy cercano,
Gotoso,paralitico o anciano.
Obligada del hambre cierto día,
Urdió el modo mejor con que saldría
De aquella pobre situación  hambrienta;
Pues la necesidad todo lo inventa.
Esta vieja taimada
Métese entre la harina amontonada.
Alerta y con cautela,
Cual suele en la garita el centinela,
Espera ansiosa su feliz momento
Para ejecución del pensamiento.
Llega el Ratón sin conocer su ruina,
Y mete el hociquillo entre la harina.
Entonces ella le echa de repente
La garra al cuello,y al hocico el diente.
Con este nuevo ardil tan oportuno.
Se lo iba embuchando de uno en uno,
Y a merced de discurso tan extraño,
Logró sacar su tripa de mal año.


Es feliz un ingenio interesante:
Él nos ayuda,si el poder nos deja;
Y al ver lo que pasó a la Comadreja,
¿Quien no aguzará el suyo en adelante?

martes, 15 de noviembre de 2011

{Fábula VIII} El Camello y la Pulga

Al que ostenta valimiento
Cuando su poder es tal,
Que ni influye en bien ni en mal,
Le quiero contar un cuento.
En una larga jornada
Un camello muy cargado
Exclamó, ya fatigado:
"¡Oh qué carga tan pesada!"
Doña Pulga,que montada
Iba sobre él, al instante
Se apea, y dice arrogante:
"Del peso te libro yo."
El Camello respondió:
"Gracias, señor elefante."

{Fabula V} La Mona

Subió una Mona a un nogal,
Y cogiendo una nuez verde,
En la cáscara la muerde;
Con que la supo muy mal.
Arrojóla el animal,
Y se quedó sin comer.


Así suele suceder
A quien su empresa abandona,
Porque halla, como la Mona,
Al principio qué vencer.

viernes, 11 de noviembre de 2011

EL ASNO Y EL COCHINO....y otras Fábulas


FABULA I

EL ASNO Y EL COCHINO

Envidiando la suerte del Cochino,
un Asno maldecía su destino.
«Yo, decía, trabajo y como paja;
él come harina, berza, y no trabaja:
a mí me dan de palos cada día;
a él le rascan y halagan a porfía.»
Así se lamentaba de su suerte;
pero luego que advierte
que a la pocilga alguna gente avanza
en guisa de matanza,
armada de cuchillo y de caldera,
y que con maña fiera
dan al gordo Cochino fin sangriento,
dijo entre sí el jumento:
Si en esto para el ocio y los regalos,
al trabajo me atengo y a los palos.

FABULA II

LA CIGARRA Y LA HORMIGA

Cantando la Cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allA para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del preciso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la Hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
la dijo: «Doña Hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva es te invierno
esta triste Cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo tenierlo.
No dudéis en prestarme;
que fielmente prometo
pagaros con ganancias
por el nombre que tengo.»
La codiciosa Hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana
¿qué has hecho en el buen tiempo?
«Yo, dijo la Cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento»
«¡Hola! ¿con que, cantabas
cuando yo andaba al remo»
Pues ahora, que yo como,
baila pese a tu cuerpo.»






FABULA III

EL MUCHACHO Y LA FORTUNA

A la orilla de un Pozo,
sobre la fresca yerba,
un incauto Mancebo
domía a pierna suelta.
«Gritóle la Fortuna:
Insensato, despierta;
¿no ves que ahogarte puedes,
a poco que te muevas?
Por ti y otros canallas
a veces me motejan,
los unos de inconstante,
y los otros de adversa.
Reveses de Fortuna
llamAis a las miserias;
¿por qué, si son reveses
de la conducta necia?

FABULA IV

LA CODORNIZ

Presa en estrecho lazo
la Codorniz sencilla,
daba quejas al aire,
ya tarde arrepentida.
«¡Ay de mí miserable
infeliz avecilla,
que antes cantaba.libre,
y ya lloro cautiva!
Perdí mi nido amado,
perdí en él mis delicias,
al fin perdílo todos
pues que perdí la vida.
¿Por qué desgracia tanta?
¿Por qué tanta desdicha?
¡Por un grano de trigo!
¡Oh cara golosina!»
El apetito ciego
¡a cuAntos precipita,
que por lograr un nada,
un todo sacrifican!

FABULA V

EL AGUILA Y EL ESCARABAJO

Que me matan; favor: así clamaba
una liebre infeliz, que se miraba
en las garras de un Aguila sangrienta.
A las voces, según Esopo cuenta,
acudió un compasivo Escarabajo,
y viendo a la cuitada en tal trabajo,
por libertarla de tan cruda muerte,
lleno de horror, exclama de esta suerte:
«¡Oh reina de las aves escogida!
¿Por qué quitas la vida
a este pobre animal, manso y cobarde?
¿No sería mejor hacer alarde
de devorar a dañadoras fieras,
o ya que resistencia hallar no quieras,
cebar tus uñas y tu corvo pico
en el frío cadaver de un borrico?»
Cuando el Escarabajo así decía,
la Aguila con desprecio se reía,
y sin usar de mas atenta frase,
mata, trincha, devora, pilla y vase.
El pequeño animal así burlado
quiere verse vengado.
En la ocasión primera
vuela al nido del Aguila altanera,
halla solos los huevos y arrastrando,
uno por uno fuelos despeñando;
mas como nada alcanza
a dejar satisfecha una venganza,
cuantos huevos ponía en adelante
se los hizo tortilla en el instante.
La reina de las aves sin consuelo,
remontaba su vuelo,
a júpiter excelso humilde llega,
expone su dolor, pídele, ruega
remedie tanto mal.  El dios propicio,
por un incomparable beneficio,
en su regazo hizo que pusiese
el Aguila sus huevos, y se fuese;
que a la vuelta, colmada de consuelos,
encontraría hermosos sus polluelos.
Supo el Escarabajo el caso todo:
astuto e ingenioso hace de modo
que una bola fabrica diestramente
de la materia en que continuamente
trabajando se halla,
cuyo nombre se sabe, aunque se calla,
y que, según yo pienso,
para los dioses no es muy buen incienso.
Carga con ella, vuela, y atrevido
pone su bola en el sagrado nido.
júpiter, que se vio con tal basura,
al punto sacudió su vestidura,
haciendo, al arrojar la albondiguilla,
con la bola y los huevos su tortilla.
Del trágico suceso noticiosa,
arrepentida el Aguila y llorosa
aprendió esa lección a mucho precio:
A nadie se le trate con desprecio,
como al Escarabajo,
porque al más miserable, vil y bajo,
para tomar venganza, sise irrita,
¿le faltará siquiera una bolita?


FABULA VI

EL LEàN VENCIDO POR EL HOMBRE

Cierto artífice pintó
una lucha, en que, valiente,
un Hombre tan solamente
a un horrible León venció.
Otro león, que el cuadro vio,
sin preguntar por su autor,
en tono despreciador
dijo: bien se deja ver
que es pintar como querer,
y no fue león el pintor.

FABULA VII

LA ZORRA Y EL BUSTO

Dijo la Zorra al Busto,
después de olerlo:
«Tu cabeza es hermosa,
pero sin seso.»
Como éste hay muchos,
que aunque parecen hombres,
sólo son bustos.

FABULA VIII

EL RATON DE LA CORTE Y EL DEL CAMPO

Un Ratón cortesano
convidó con un modo muy urbano
a un Ratón campesino.
Diole gordo tocino,
queso fresco de Holanda,
y una despensa llena de vianda
era su alojamiento,
pues no pudiera haber un aposento
tan magníficamente preparado,
aunque fuese en Ratópolis buscado
con el mayor esmero,
para alojar a Roepan Primero.
Sus sentidos allí se recreaban;
las paredes y techos adornaban,
entre mil ratonescas golosinas,
salchichones, perniles y cecinas.
Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso!
de pernil en pernil, de queso en queso.
En esta situación tan lisonjera
llega la despensera.
Oyen el ruido, corren, se agazapan,
pierden el tino, mas al fin se escapan
atropelladamente
por cierto pasadizo abierto a diente.
«¡Esto tenemos! dijo el campesino;
reniego yo del queso, del tocino
y de quien busca gustos
entre los sobresaltos y los sustos.»
Volvióse a su campaña en el instante
y estimó mucho más de allí adelante,
sin zozobra, temor ni pesadumbres,
su casita de tierra y sus legumbres.

FABULA IX

EL HERRERO Y EL PERRO

Un Herrero tenía
un Perro que no hacía
sino comer, dormir y estarse echado;
de la casa jamás tuvo cuidado;
levantábase sólo a mesa puesta;
entonces con gran fiesta
al dueño se acercaba,
con perrunas caricias lo halagaba,
mostrando de cariño mil excesos
por pillar las piltrafas y los huesos.
«He llegado a notar, le dijo el amo,
que aunque nunca te llamo
a la mesa, te llegas prontamente;
en la fragua jamás te vi presente,
y yo me maravillo
de que, no dispertándote el martillo,
te desveles al ruido de mis dientes.
Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes
que el amo, hecho un gañán y sin reposo,
te mantiene a lo conde muy ocioso.»
El Perro le responde:
«¿Qué más tiene que yo cualquier conde?
Para no trabajar debo al destino
haber nacido, perro, no pollino.»
«Pues, señor conde, fuera de mi casa;
verás en las demás lo que te pasa.»
En efecto sal¡ó a probar fortuna,
y las casas anduvo de una en una.
Allí le hacen servir de centinela
y que pase la noche toda en vela,
acá de lazarillo y de danzante,
allá dentro de un torno, a cada instante,
asa la carne que comer no espera.
Al cabo conoció de esta manera.
Que el destino, y no es cuento,
a todos nos cargó como al jumento.

FABULA X

A LA ZORRA Y LA CIGUEÑA

Una Zorra se empeña
en dar una comida a una Cigüeña;
la convidó con tales expresiones,
que anunciaban sin duda provisiones
de lo más excelente y exquisito.
Acepta alegre, va con apetito;
pero encontró en la mesa solamente
jigote claro sobre chata fuente.
En vano a la comida picoteaba,
pues era para el guiso que miraba
inútil tenedor su largo pico.
La Zorra con la lengua y el hocico
limpió tan bien su fuente, que pudiera
servir de fregatriz si a Holanda fuera.
Mas de allí a poco tiempo, convidada
de la Cigüeña, halla preparada
una redoma de jigote llena;
allí fue su aflicción, allí su pena;
el hocico goloso al punto asoma
al cuello de la hidrópica redoma,
mas en vano, pues era tan estrecho,
cual si por la Cigüeña fuese hecho.
Envidiosa de ver que a conveniencia
chupaba la del pico a su presencia,
vuelve, tienta, discurre,
huele, se desatina, en fin se aburre;
marchó rabo entre piernas, tan corrida,
que ni aun tuvo siquiera la salida
de decir: estAn verdes, como antaño.
También hay para pícaros engaño.



FABULA XI

LAS MOSCAS

A un panal de rica miel
dos mil Moscas acudieron,
que por golosas murieron,
presas de patas en él.
Otras dentro de un pastel
enterró su golosina.
Así, si bien se examina,
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que los domina.

FABULA XII

EL LEOPARDO Y LAS MONAS

No a pares, a docenas encontraba
las Monas en Tetuá, cuando cazaba,
un Leopardo; apenas lo veían,
a los Arboles todas se subían,
quedando del contrario tan seguras,
que pudiera decir: no están maduras.
El cazador, astuto, se hace el muerto
tan vivamente, que parece cierto.
Hasta las viejas Monas,
alegres en el caso y juguetonas,
empiezan a saltar; la más osada
baja, arrímase al muerto de callada,
mira, huele y aún tienta,
y grita muy contenta:
«Llegad, que muerto está de todo punto,
tanto, que empieza a oler el tal difunto.»
Bajan todas con bulla y algazara:
ya le tocan la cara,
ya le saltan encima,
aquélla se le arrima,
y haciendo mimos, a su lado queda;
otra se finge muerta y lo remeda.
Mas luego que las siente fatigadas
de correr, de saltar y hacer monadas,
levantase ligero,
y más que nunca fiero,
pilla, mata, devora, de manera
que parecía la sangrienta fiera,
cubriendo con los muertos la campaña,
al Cid matando moros en España.
Es el peor enemigo el que aparenta
no poder causar daño; porque intenta,
inspirando confianza
asegurar su golpe de venganza.


FABULA XIII

EL CIERVO EN LA FUENTE

Un Ciervo se miraba
en una hermosa cristalina Fuente;
placentero admiraba
los enramados cuernos de su frente,
pero al ver sus delgadas, largas piernas,
al alto cielo daba quejas tiernas.
«¡Oh dioses! ¿A qué intento,
a esta fábrica hermosa de cabeza
construir su cimiento
sin guardar proporción en la belleza?
¡Oh qué pesar! ¡Oh qué dolor profundo!
¡No haber gloria cumplida en este mundo!»
Hablando de esta suerte
el Ciervo, vio venir a un lebrel fiero.
Por evitar su muerte,
parte al espeso bosque muy ligero;
pero el cuerno retarda su salida,
con una y otra rama entretejida.
Mas libre del apuro
a duras penas, dijo con espanto:
«Si me veo seguro,
pese a mis cuernos, fue por correr tanto;
lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos,
haga mis feos pies el cielo eternos.»
Así frecuentemente
el hombre se deslumbra con lo hermoso;
elige lo aparente,
abrazando tal vez lo más dañoso;
pero escarmiente ahora en tal cabeza:
el útil bien es la mejor belleza.


FABULA XIV

EL LEON Y LA ZORRA

Un León en otro tiempo poderoso,
ya viejo y achacoso,
en vano perseguía, hambriento y fiero,
al mamón becerrillo y al cordero.
que trepando por la áspera montaña,
huían libremente de su saña.
Afligido de la hambre a par de muerte,
discurrió su remedio de esta suerte:
hace correr la voz de que se hallaba
enfermo en su palacio, y deseaba
ser de los animales visitado.
Acudieron algunos de contado;
mas como el grave mal que lo postraba
era un hambre voraz, tan sólo usaba
la receta exquisita
de engullirse al monsieur, de la visita.
Acércase la Zorra de callada,
y a la puerta asomada,
atisba muy despacio
la entrada de aquel cóncavo palacio.
El León la divisó, y en el momento
la dice: «Ven acá; pues que me siento
en el último instante de mi vida,
visítame como otros, mi querida.»
«¡Cómo otros! ¡Ah señor! he conocido
que entraron, sí, pero no han salido.
Mirad, mirad la huella,
bien claro lo dice ella;
y no es bien el entrar do no se sale.»
La prudente cautela mucho vale.

Monsieur: señor (galicismo de intención irónica).



FABULA XV

LA CIERVA Y EL CERVATO

A una Cierva decía
su tierno Cervatillo: «Madre mía,
¡es posible que un perro solamente
al bosque te haga huir cobardemente,
siendo él mucho menor, menos pujante!
¿Por qué no has de ser tú más arrogante?»
«Todo es cierto, hijo mío;
y cuando así lo pienso, desafío
a mis solas a veinte perros juntos.
Figúrome luchando, y que difuntos
dejo a los unos; que otros, falleciendo,
pasándose las tripas, van huyendo
en vano de la muerte,
y a todos venzo de gallarda suerte;
mas si embebida en este pensamiento,
a un perro ladrar siento,
escapo más ligera que un venablo,
y mi victoria se la lleva el diablo.»
A quien no sea de ánimo esforzado
no armarlo de soldado,
pues por más que, al mirarse la armadura,
Piense, en ti.empo de paz, que su bravura
herirá, matará cuanto acometa,
en oyendo en campaña la trompeta,
hará lo que la Corza de la historia,
mas que el diablo se lleve la victoria.


FABULA XVI

EL LABRADOR Y LA CIGUEÑA

Un Labrador miraba
con duelo su sembrado,
porque gansos y grullas
de su trigo solían hacer pasto.
Armó sin más tardanza
diestramente sus lazos,
y cayeron en ellos
la Cigüeña, las grullas y los gansos.
«Señor rústico, dijo
la Cigueña temblando,
quíteme las prisiones,
pues no merezco pena de culpados:
la diosa Ceres sabe
que, lejos de hacer daño,
limpio de sabandijas,
de culebras y víboras los campos.»
«Nada me satisface,
respondió el hombre airado;
te hallé con delincuentes,
con ellos morirás entre mis manos.»
La inocente Cigüeña
tuvo el fin desgraciado
que pueden prometerse
los buenos que se juntan con los malos.


FABULA XVII

LA SERPIENTE Y LA LIMA

En casa de un cerrajero
entró la serpiente un día,
y la insensata mordía
en una Lima de acero.
Díóle la Lima: «El mal,
necia, será para ti;
¿Cómo has de hacer mella en mí..
que hago polvos el metal?»
Quien pretende sin razón
al más fuerte derribar,
no consigue sino dar
coces contra el aguijón.

FABULA XVIII

EL CALVO Y LA MOSCA

Picaba impertinente
en la espaciosa calva de un anciano
una Mosca insolente.
Quiso matarla, levantó la mano,
tiró un cachete, pero fuese salva,
hiriendo el golpe la redonda calva.
Con risa desmedida
la Mosca prorrumpió: «Calvo maldito,
si quitarme la vida
intentaste por un leve delito,
¿A qué pena condenas a tu brazo,
bárbaro ejecutor de tal porrazo?»
«Al que obra con malicia,
le respondió el varón prudentemente,
rigorosa justicia
debe dar el castigo conveniente,
y es bien ejercitarse la clemencia
en el que peca por inadvertencia.»
Sabe, Mosca villana,
que coteja el agravio recibido
la condición humana,
según la mano de donde ha venido»;
Que el grado de la ofensa tanto asciende
cuanto sea más vil aquel que ofende.

FABULA XIX

LOS DOS AMIGOS Y EL OSO

A dos Amigos se apareció un Oso:
el uno, muy medroso,
en las ramas de un árbol se asegura;
el otro, abandonado a la ventura,
se finge muerto repentinamente.
El Oso se le acerca lentamente:
mas como este animal, según se  cuenta,
de cadáveres nunca se alimenta,
sin ofenderlo lo registra y toca,
huélele las narices y la boca;
no le siente el aliento,
ni el menor movimiento;
y así, se fue diciendo sin recelo:
«Éste tan muerto está como mi abuelo.»
Entonces el cobarde,
de su grande amistad haciendo alarde,
del árbol se desprende muy ligero,
corre, llega y abraza al compañero,
pondera la fortuna
de haberle hallado sin lesión alguna,
y al fin le dice: «Sepas que he notado
que el Oso te decía algún recado.
¿Qué pudo ser?» «Direte lo que ha sido;
estas dos palabritas al oído:
Aparta tu amistad de la persona
que si te ve en el riesgo, te abandona.»


FABULA XX

LA AGUILA, LA GATA Y LA JABALINA

Una Aguila anidó sobre una encina.
Al pie criaba cierta jabalina,
y era un hueco del tronco corpulento
de una Gata y sus crías aposento.
Esta gran marrullero
sube al nido del águila altanera,
y con fingidas lágrimas la dice:
«¡Ay mísera de mí! ¡ay infelice!
éste sí que es trabajo:
la vecina que habita el cuarto bajo,
como tú misma ves, el día pasa
hozando los cimientos de la casa.
La arruinará; y en viendo la traidora
por tierra a nuestros hi os, los devora.»
Después que dejó el Aguila asustada,
a la cueva se baja de callada,
y dice a la cerdosa: «Buena amiga,
has de saber que la Aguila enemiga,
cuando saques tus crías hacia el monte,
las ha de devorar; así disponte.»
La Gata, aparentando que temía,
se retiró a su cuarto, y no salía
sino de noche, que con maña astuta
abastecía su pequeña gruta.
La jabalina, con triste nueva,
no salió de su cueva.
La Aguila, en el ramaje temerosa
haciendo centinela, no reposa.
En fin, a ambas familias la hambre mata,
y de ellas hizo víveres la Gata.
jóvenes, ojo alerta, gran cuidado;
que un chismoso en amigo disfrazado
con copa de amistad cubre sus trazas,



Pep Cardona. Noviembre 1996. Palma de Mallorca.

LOS GATOS ESCRUPULOSOS...y otras Fabulas

LOS GATOS ESCRUPULOSOS


¡Qué dolor!, por un descuido
Micifuf y Zapirón
se comieron un capón,
en un asador metido.
Después de haberse lamido
trataron en conferencia,
si obrarían con prudencia
en comerse el asador.
¿Le comieron? No señor.
Era caso de conciencia.
LAS MOSCAS


A un panal de rica miel
dos mil moscas acudieron,
que por golosas murieron
presas de patas en él.
Otra dentro de un pastel
enterró su golosina.
Así, si bien se examina,
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que los domina.


LA LECHERA


Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
¡Yo si que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía 
inocentes ideas de contento.
Marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:
"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
merodeen cantando el pío, pío"
"Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino;
tanto que puede ser que yo consiga
ver como se le arrastra la barriga"
"Llevarélo al mercado:
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado 
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña".
Con este pensamiento 
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!,
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría; 
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre tu cantarilla la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro:
mira que ni el presente está seguro.


EL ASNO Y EL COCHINO


Envidiando la suerte del Cochino,
un Asno maldecía su destino.
"Yo, decía, trabajo y como paja;
él come harina, berza y no trabaja:
a mí me dan de palos cada día;
a él le rascan y halagan a porfía".
Así se lamentaba de su suerte;
pero luego que advierte
que a la pocilga alguna gente avanza
en guisa de matanza,
armada de cuchillo y de caldera,
y que con maña fiera
dan al gordo cochino fin sangriento,
dijo entre sí el jumento:
Si en esto para el ocio y los regalos,
al trabajo me atengo y a los palos.


EL ZAGAL Y LAS OVEJAS


Apacentando un joven su ganado,
gritó desde la cima de un collado:
"¡Favor! que viene un lobo, labradores"
Estos, abandonando sus labores,
acuden prontamente
y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a llamar, y temen la desgracia;
segunda vez los burla. ¡Linda gracia!
Pero, ¿qué sucedió la vez tercera?
Que vino en realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita,
y por más que patea, llora y grita,
no se mueve la gente escarmentada
y el lobo le devora la manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño,
contra el engañador el mayor daño!





LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO


Érase una gallina que ponía
un huevo de oro al dueño cada día.
Aún con tanta ganancia, mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro, 
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla; abrióla el vientre de contado;
pero después de haberla registrado
¿qué sucedió?. Que, muerta la gallina, 
perdió su huevo de oro, y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos,
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones!


LA ZORRA Y LAS UVAS


Es voz común que a más del mediodía
en ayunas la zorra iba cazando.
Halla una parra, quedase mirando
de la alta vid el fruto que pendía.
Causábale mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaduras;
pero vio el imposible ya de fijo.
Entonces fue cuando la zorra dijo:
"¡No las quiero comer! ¡No están maduras!"
No por eso te muestres impaciente
si se te frustra, Fabio, algún intento;
aplica bien el cuento
y di: ¡No están maduras!, frescamente.


LA CIGARRA Y LA HORMIGA


Cantando la Cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del preciso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la Hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
le dijo: "Doña Hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste Cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo"
La codiciosa Hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?"
"Yo, dijo la Cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento"
"¡Hola! ¿con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo"


EL CUERVO Y EL ZORRO


En la rama de un árbol,
bien ufano y contento,
con un queso en el pico,
estaba el señor Cuervo.
Del olor atraído,
un Zorro muy maestro
le dijo estas palabras
un poco más o menos:
"¡Tenga usted buenos días,
señor Cuervo, mi dueño!
¡Vaya que estáis donoso,
mono, lindo en extremo!
Yo no gasto lisonjas,
y digo lo que siento;
que si a tu bella traza
corresponde el gorjeo,
juro a la diosa Ceres,
siendo testigo el cielo,
que tú serás el Fénix
de sus vastos imperios"
Al oír un discurso
tan dulce y halagüeño,
de vanidad llevado,
quiso cantar el Cuervo.
Abrió su negro pico,
dejó caer el queso.
El muy astuto Zorro,
después de haberle preso,
le dijo: "Señor bobo,
pues sin otro alimento,
quedáis con alabanzas
tan hinchado y repleto,
digerid las lisonjas
mientras yo digiero el queso"
Quien oye aduladores,
nunca espere otro premio.


EL LOBO Y EL PERRO


En busca de alimento
iba un Lobo muy flaco y muy hambriento.
Encontró con un Perro tan relleno,
tan lucio, sano y bueno,
que le dijo: "Yo extraño
que estés de tan buen año
como se deja ver por tu semblante,
cuando a mí, más pujante,
más osado y sagaz, mi triste suerte
me tiene hecho retrato de la muerte"
El Perro respondió: "Sin duda alguna
lograrás, si tú quieres, mi fortuna.
Deja el bosque y el prado;
retírate a poblado;
servirás de portero
a un rico caballero,
sin otro afán ni más ocupaciones
que defender la casa de ladrones"
"Acepto desde luego tu partido,
que para mucho más estoy curtido.
Así me libraré de la fatiga,
a que el hambre me obliga
de andar por montes sendereando peñas,
trepando riscos y rompiendo breñas,
sufriendo de los tiempos los rigores,
lluvias, nieves, escarchas y calores"
A paso diligente
marchando juntos amigablemente,
varios puntos tratando en confianza,
pertenecientes a llenar la panza.
En esto el Lobo, por algún recelo,
que comenzó a turbarle su consuelo,
mirando al Perro, le dijo: "He reparado
que tienes el pescuezo algo pelado.
Dime: ¿Qué es eso?" "Nada".
"Dímelo, por tu vida, camarada".
"No es más que la señal de la cadena;
pero no me da pena,
pues aunque por inquieto
a ella estoy sujeto,
me sueltan cuando comen mis señores,
recíbenme a sus pies con mil amores:
ya me tiran el pan, ya la tajada,
y todo aquello que les desagrada;
éste lo mal asado,
aquél un hueso poco descarnado;
y aún un glotón, que todo se lo traga,
a lo menos me halaga,
pasándome la mano por el lomo;
yo meneo la cola, callo y como"
"Todo eso es bueno, yo te lo confieso;
pero por fin y postre tú estás preso:
jamás sales de casa,
ni puedes ver lo que en el pueblo pasa"
"Es así" "Pues, amigo,
la amada libertad que yo consigo
no he de trocarla de manera alguna
por tu abundante y próspera fortuna.
Marcha, marcha a vivir encarcelado;
no serás envidiado
de quien pasea el campo libremente,
aunque tú comas tan glotonamente
pan, tajadas, y huesos; porque al cabo,
no hay bocado en sazón para un esclavo"





LA ZORRA Y LA CIGÜEÑA


Una Zorra se empeña 
en dar una comida a la Cigüeña. 
La convidó con tales expresiones, 
que anunciaba sin duda provisiones 
de lo más excelente y exquisito. 
Acepta alegre, va con apetito; 
pero encontró en la mesa solamente 
jigote claro sobre chata fuente. 
En vano a la comida picoteaba, 
pues era, para el guiso que miraba, 
inútil tenedor su largo pico. 
La Zorra, con la lengua y el hocico, 
limpió tan bien su fuente, que pudiera 
servir de fregatriz si a Holanda fuera. 
Mas de allí a poco tiempo, convidada 
de la Cigüeña, halla preparada 
una redoma de jigote llena. 
Allí fué su aflicción; allí su pena: 
el hocico goloso al punto asoma 
al cuello de la hidrópica redoma; 
mas en vano, pues era tan estrecho 
cual si por la Cigüeña fuese hecho. 
Envidiosa de ver que a conveniencia 
chupaba la del pico a su presencia, 
vuelve, tienta, discurre, 
huele, se desatina, en fin, se aburre. 
Marchó rabo entre piernas, tan corrida, 
que ni aún tuvo siquiera la salida 
de decir: ¡están verdes! como antaño. 
¡También hay para pícaros engaño! 


EL PERRO Y EL COCODRILO


Bebiendo un Perro en el Nilo,
al mismo tiempo corría.
"¡Bebe quieto!", le decía 
un taimado Cocodrilo. 
Dijole el Perro, prudente: 
"Dañoso es beber y andar; 
pero, ¿es sano el aguardar 
a que me claves el diente?" 
¡Oh; qué docto perro viejo! 
Yo venero su sentir 
en esto de no seguir 
del enemigo el consejo.


EL LEOPARDO Y LAS MONAS


No a pares, a docenas encontraba 
las Monas en Tetuán, cuando cazaba, 
un Leopardo. Apenas lo veían, 
a los árboles todas se subían, 
quedando del contrario tan seguras, 
que pudieran decir: "No están maduras!" 
El cazador astuto se hace el muerto 
tan vivamente, que parece cierto. 
Hasta las viejas Monas, 
alegres con el caso y juguetonas, 
empiezan a saltar: la más osada 
baja, arrímase al muerto de callada; 
mira, huele y aun tienta, 
y grita muy contenta: 
"¡Llegad, que muerto está de todo punto; 
tanto, que empieza a oler el tan difunto!"
Bajan todas con bulla y algazara; 
ya le tocan la cara, 
ya le saltan encima; 
aquélla se le arrima, 
y haciendo mimos, a su mano queda; 
otra se finge muerta y lo remeda. 
Mas luego que las siente fatigadas 
de correr, de saltar y hacer monadas, 
levántase ligero 
y, más que nunca fiero, 
pilla, mata y devora: de manera 
que parecía la sangrienta fiera, 
cubriendo con los muertos la campaña, 
al Cid matando moros en España. 
Es el peor enemigo el que aparenta 
no poder causar daño, porque intenta, 
inspirando confianza, 
asegurar su golpe de venganza. 


EL ASNO Y EL LOBO


Un Burro cojo vió que le seguía 
un Lobo cazador, y, no pudiendo 
huir de su enemigo, le decía: 
"Amigo Lobo, yo me estoy muriendo; 
me acaban por instantes los dolores 
de este maldito pie de que cojeo. 
Si yo me valiese de herradores, 
no me vería así como me veo. 
Y pues fallezco, sé caritativo: 
sácame con los dientes este clavo. 
Muera yo sin dolor tan excesivo, 
y cómeme después de cabo a rabo" 
"¡Oh!, dijo el cazador con ironía, 
contando con la presa ya en la mano,
¡No solamente sé la anatomía, 
sino que soy perfecto cirujano! 
El caso es para mí una patarata: 
La operación, no es más que de un momento. 
¡Alargue bien la pata, 
y no se acobarde, buen jumento!" 
Con su estuche molar desenvainado, 
el nuevo profesor llega doliente; 
mas éste le dispara de contado 
una coz que le deja sin un diente. 
Escapa el cojo; pero el triste herido 
llorando se quedó su desventura. 
"¡Ay, infeliz de mí! ¡Bien merecido 
el pago tengo de mi gran locura! 
¡Yo siempre me llevé el mejor bocado 
en mi oficio de Lobo carnicero! 
Pues si pude vivir tan regalado, 
¡a qué meterme ahora a curandero?" 
Hablemos con razón no tiene juicio 
quien deja el propio por ajeno oficio. 


EL LOBO Y EL PERRO FLACO


Distante de la aldea
iba cazando un perro 
flaco, que parecía 
un andante esqueleto.
Cuando menos lo piensa,
un lobo lo hizo preso.
Aquí de sus clamores,
de sus llantos y ruegos.
"Decidme señor lobo: 
¿Qué queréis de mi cuerpo, 
si no tiene otra cosa 
que huesos y pellejo?
Dentro de quince días 
casa a su hija mi dueño,
y ha de haber para todos
arroz y gallo muerto.
Dejadme ahora libre,
que, pasado este tiempo,
podréis comerme a gusto,
lucio, gordo y relleno"
Quedaron convenidos,
y apenas se cumplieron 
los días señalados,
el lobo buscó al perro.
Estábase en su casa 
con otro compañero 
llamado Matalobos,
mastín de los más fieros.
Salen a recibirle 
al punto que lo vieron.
Matalobos bajaba 
con corbatín de hierro.
No era el lobo persona 
de tantos cumplimientos,
y así, por no gastarlos,
cedió de su derecho.
Huía, y le llamaban;
mas él iba diciendo
con el rabo entre las piernas:
"Pies, ¿para qué os quiero?"
Hasta los niños saben
que es de mayor aprecio
un pájaro en la mano
que por el aire ciento.


LOS DOS AMIGOS Y EL OSO


A dos amigos se aparece un oso:
el uno, muy medroso,
en las ramas de un árbol se asegura;
el otro, abandonado a la ventura,
se finge muerto repentinamente.
El oso se le acerca lentamente:
mas como este animal, según se cuenta,
de cadáveres nunca se alimenta,
sin ofenderlo lo registra y toca,
huélele las narices y la boca;
no le siente el aliento
ni el menor movimiento;
y así, se fue diciendo sin recelo:
"¡Éste tan muerto está como mi abuelo!"
Entonces el cobarde,
de su gran amistad haciendo alarde,
del árbol se desprende muy ligero,
corre, llega y abraza al compañero,
pondera la fortuna
de haberle hallado sin lesión alguna,
y al fin le dice: "¿Sabes que he notado
que el oso te decía algún recado?
¿Qué pudo ser?" "Diréte lo que ha sido:
Estas dos palabritas al oído:
Aparta tu amistad de la persona
que si te ve en el riesgo te abandona"


LOS ANIMALES CON PESTE


En los montes, los valles y collados
de animales poblados, 
se introdujo la peste de tal modo, 
que en un momento lo inficiona todo. 
Allí donde su corte el león tenía, 
mirando cada día 
las cacerías, luchas y carreras 
de mansos brutos y de bestias fieras, 
se veían los campos ya cubiertos 
de enfermos miserables y de muertos. 
"¡Mis amados hermanos", 
exclamó el triste rey, "mis cortesanos, 
ya veis que el justo cielo nos obliga 
a implorar su piedad, pues nos castiga 
con tan horrenda plaga! 
Tal vez se aplacará con que se le haga 
sacrificio de aquel más delincuente
y muera el pecador, no el inocente. 
Confiese todo el mundo su pecado: 
Yo cruel, sanguinario, he devorado 
inocentes corderos, 
ya vacas, ya terneros, 
y he sido, a fuerza de delito tanto, 
de la selva terror, del bosque espanto" 
"Señor", dijo la zorra, "en todo eso 
no se halla más exceso 
que el de vuestra bondad, pues que se digna 
de teñir en la sangre ruin, indigna, 
de los viles carnudos animales 
los sacros dientes y las uñas reales"
Trató la corte al rey de escrupuloso. 
Allí del tigre, de la onza y oso 
se oyeron confesiones 
de robos y de muertes a millones; 
mas entre la grandeza, sin lisonja, 
pasaron por escrúpulos de monja. 
El asno, sin embargo, muy confuso, 
prorrumpió: "Yo me acuso 
que al pasar por un trigo este verano, 
yo hambriento, él lozano, 
sin guarda ni testigo, 
caí en la tentación, comí del trigo". 
"¡Del trigo! ¡Y un jumento!" 
gritó la zorra, "¡horrible atrevimiento!". 
Los cortesanos claman: "¡Este, éste 
irrita al cielo, que nos da la peste!". 
Pronuncia el rey de muerte la sentencia, 
y ejecutóla el lobo a su presencia. 
Te juzgarán virtuoso 
si eres, aunque perverso, poderoso; 
y aunque bueno, por malo detestable 
cuando te miren pobre y miserable. 
Esto hallará en la corte quien lo vea, 
y aun en el mundo todo. ¡Pobre Astrea!


EL LEÓN Y EL RATÓN


Estaba un ratoncillo aprisionado 
en las garras de un león; el desdichado 
en la tal ratonera no fue preso 
por ladrón de tocino ni de queso, 
sino porque con otros molestaba 
al león, que en su retiro descansaba. 
Pide perdón, llorando su insolencia.
Al oír implorar la real clemencia,
responde el rey en majestuoso tono
(no dijera más Tito) : "¡Te perdono!"
Poco después cazando el león, tropieza
en una red oculta en la maleza.
Quiere salir; mas queda prisionero. 
Atronando la selva ruge fiero. 
El libre ratoncillo, que lo siente, 
corriendo llega, roe diligente 
los nudos de la red, de tal manera, 
que al fin rompió los grillos de la fiera. 
Conviene al poderoso 
para los infelices ser piadoso; 
tal vez se puede ver necesitado 
del auxilio de aquel más desdichado.