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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Literatura israelí y literatura hebrea contemporánea


Literatura israelí y literatura hebrea contemporánea

Obras y estudios publicados en España:

Monografías

  • Agnon, S. J.: En el corazón de los mares; Barcelona, Plaza & Janés, 1967.

    Agnon, S. J.: Juramento de fidelidad; Edo y Enam; Barcelona, Plaza & Janés, 1967.

    Agnon, S. J.: Ayer y anteayer; Barcelona, Plaza & Janés, 1969.

    Agnon, S. J.: Huésped para una noche; Barcelona, Orbis, 1983.

    Almagor, Gila: El verano de Aviya; Santa Marta de Tormes, Salamanca, Lóguez, 1994.

    Almog, Rut [y otras]: Once escritoras israelíes; Barcelona, Icaria, 1992.

    Alterman, Natán: Caminante en su tiempo: La poesía de Natán Alterman; Granada, Universidad, 1991.

    Amihai, Yehuda: Antologia; Barcelona, Proa, 1972.

    Amihai, Yehudá: Yehuda Amijai: Ahora y en otros días; Granada, Universidad, 1994.

    Amikai, Iehuda: Queda't amb mi; Barcelona, Columna, 1995.

    Amijai, Yehuda: Un idioma, un paisaje: Antología poética 1948-1989; Madrid, Hiperión, 1997.

    Amikhai, Iehuda: Clavats a la carn del món: Antologia poètica; Barcelona, Proa, 2001.

    Amijai, Yehuda: Detrás de todo esto se oculta una gran felicidad; Barcelona, La Poesía Señor Hidalgo, 2004.

    Amijai, Yehuda: Gran tranquilidad: Preguntas y respuestas; Madrid, Cátedra, 2004.

    Appelfeld, Aharon: Vía férrea; Madrid: Losada, 2005.

    Appelfeld, Aharon: Historia de una vida; Barcelona: Península, 2005.

    Appelfeld, Aharon: Badenheim 1939; Madrid: Losada, 2005.
  • Appelfeld, Aharon: Flores de sombra; Madrid: Galaxia Gutenberg, 2012
  • Bartov, Janoj: Teatro hebreo contemporáneo: El realismo social de Janoj Bartov; Granada, Universidad, 1990.

    Bialik, Haim Nahmán: La ciudad del exterminio; Madrid, Dragón, 1987.

    Bluvstein, Raquel: Poemas; Barcelona, Riopiedras, 1985.

    Carmi, Daniella: La explosión en la calle Ahalan; Santa Marta de Tormes, Salamanca, Lóguez, 1994.

    Carmi, Daniella: Samir y Jonathan en el planeta Marte; Santa Marta de Tormes, Salamanca, Lóguez, 1997.

    Dayan, Yael: La muerte tenía dos hijos; Barcelona, Plaza & Janés, 1969.

    Díaz, Ramón: Antología de poesía hebrea moderna; Madrid, Aguilar, 1970.

    Doron, Aviva: Todo el bien de Sefarad; Zamora, Fundación Ramos de Castro, 1981.

    Erez, Erez; Dorit Silberman: El código cabalísitico; Arganda del Rey, Madrid, Apóstrofe, 2006.

    Einat, Amela: La cicatriz del humo; Cuenca, El Toro de Barro, 2003.

    Fink, Galit: ¿Quieres ser mi amiga?; León, Everest, 1996.

    Frank Mitrani, Rina: Cada casa necesita un balcón; Barcelona, Lumen, 2007.

    Goldberg, Lea: Els meus amics del carrer Arnon; Barcelona, Abadia de Montserrat, 1979.

    Goldberg, Leah: Temprano y tarde (1948-1959); Granada, Universidad, 1994.

    Goldberg, Leah: Temprano y tarde (1935-1948); Granada, Universidad, 1994.

    Goldberg, Leah: Con esta noche (1964); Granada, Universidad, 1994.

    Goldberg, Leah: Cartas desde un viaje imaginario; Valencia, Pre-Textos, 2007.

    Gonzalo Maeso, David: Manual de historia de la literatura hebrea: Bíblica, rabínica, neojudaica; Madrid, Gredos, 1960.

    Grossman, David: El viento amarillo; Madrid, El País-Aguilar, 1988.

    Grossman, David: Véase: Amor; Barcelona, Tusquets, 1993.

    Grossman, David: Presencias ausentes: Conversaciones con palestinos en Israel; Barcelona, Tusquets, 1994.

    Grossman, David: La sonrisa del cordero; Barcelona, Tusquets, 1995.

    Grossman, David: Chico Zigzag; Barcelona, Tusquets, 1998.

    Grossman, David: Un niño y su papá; Barcelona, Mondadori, 2001.

    Grossman, David: El libro de la gramática interna; Barcelona, Tusquets, 2001.

    Grossman, David: El duel; Barcelona, La Cruilla, 2002.

    Grossman, David: Llévame contigo; Barcelona, Seix Barral, 2002.

    Grossman, David: La muerte como forma de vida; Barcelona, Seix Barral, 2003.

    Grossman, David: El duelo; Madrid, SM, 2003.

    Grossman, David: Les històries de l'Itamar; Barcelona, La Cruilla, 2003.

    Grossman, David: Tú serás mi cuchillo; Barcelona, Seix Barral, 2005.

    Grossman, David: Quan éreu dos micos; Barcelona, Cruïlla, 2005.

    Grossman, David: La miel del león; Barcelona: Salamadra, 2007.

    Grossman, David: La memoria de la piel; Barcelona, Seix Barral, 2007.

    Gur, Batya: El asesinato del sábado por la mañana: Un caso psicoanalítico; Madrid, Siruela, 1998.

    Gur, Batya: Un asesinato literario: Un caso crítico; Madrid, Siruela, 1999.

    Gur, Batya: Asesinato en el kibbutz; Madrid, Siruela, 2000.

    Gur, Batya: Espiando a un amigo; Madrid, Siruela, 2001.

    Gur, Batya: Un asesinato musical: Un caso barroco; Madrid, Siruela, 2001.

    Gur, Batya: Asesinato en el corazón de Jerusalén; Madrid, Siruela, 2003.

    Gur, Batya: Piedra por piedra; Madrid, Siruela, 2005.

    Gur, Batya: Asesinato en directo: Un caso en televisión; Madrid, Siruela, 2007.

    Guri, Jaim: Flores de fuego, años de fuego: La poesía de Jaím Guri; Granada, Universidad, 1990.

    Habibi, Emil: Pecados; Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1993.

    Kaniuk, Yoram: El buen árabe; Barcelona, Versal, 1988.

    Kaniuk, Yoram: Confessions d'un bon àrab; Barcelona, Edicions 62, 1990.

    Kaniuk, Yoram: El hombre perro; Barcelona, Libros de Asteroide, 2007.

    Kashua, Sayyed: Árabes danzantes; Salamanca: Tropismos, 2005.

    Katzir, Yehudit: Cerrando el mar, [relatos]; Barcelona, Destino, 1996.

    Kedem, Moshe: El jinete, cantos; Santander, Tantín, 1999.
  • Keret, Etgar, Un hombre sin cabeza, Madrid, Siruela, 2011
  • Keret, Etgar: La chica de la nevera y otros relatos; Madrid, Siruela, 2006.

    Keret, Etgar: Pizzería Kamikaze y otros relatos; Madrid, Siruela, 2008.

    Kishon, Ephraim: Mi familia al derecho y al revés; Barcelona; Plaza & Janés, 1979.

    Kishon, Ephraim: Maullidos en do mayor; Barcelona; Plaza & Janés, 1982.

    Kishon, Ephraim: El gran éxodo; Barcelona, Plaza & Janés, 1982.

    Kishon, Ephraim: Adelante, leones de Judá; Barcelona, Plaza & Janés, 1982.

    Kishon, Ephraim: El zorro en el gallinero; Barcelona; Plaza & Janés, 1982.

    Kishon, Ephraim: Mi familia, para bien o para mal; Barcelona, Muchnik, 1990.

    Lelchuk, Alan [y otros, ed.]: Ocho obras maestras de la narrativa hebrea; Barcelona, Riopiedras, 1989.

    Martínez, Teresa (ed.): Poesía hebrea contemporánea: Antología; Madrid, Hiperión, 1994.

    Millás Vallicrosa, José María: La poesía hebraica postbíblica; Barcelona, José Janés, 1953.

    Modan, Rutu: Metralla, [cómic]; Madrid: Ediciones Sinsentido, 2006.

    Modan, Rutu: Jamilti y otras historias de Israel; Madrid: Ediciones Sinsentido, 2008.

    Morales, Carlos (ed.): Coexistence (Antología breve de la poesía israelí -árabe y hebrea- contemporánea); Cuenca, El Toro de Barro, 2002.

    Moreno, Mª Encarnación: De los ríos de Babel: Estudios comparativos de literatura hebrea; Granada, Universidad de Granada, 1996.

    Orgad, Dorit: El chico de Sevilla; Santa Marta de Tormes, Salamanca, Lóguez, 1993.

    Orlev, Uri: Una isla entre las ruinas; Madrid, Alfaguara, 1991.

    Orlev, Uri: Soldados de plomo; Madrid, Bruño, 1997.

    Orlev, Uri: El monstruo de la oscuridad; Madrid, SM, 1997.

    Orlev, Uri: L'illa del carrer dels ocells; Barcelona, Grup Promotor, 1998.

    Orlev, Uri: Lidia, reina de Palestina; Barcelona, Niguer y Caralt, 1998.

    Orlev, Uri: El hombre del otro lado; Madrid, SM, 1999.

    Orlev, Uri: Corre, noi, corre; Barcelona: Alfaguara, 2002.

    Orlev, Uri; Jacky Greich: Quiero ser grande; Madrid, SM, 2003.

    Orlev, Uri: Corre chico corre; Madrid: Alfaguara, 2005.

    Oz, Amos: El meu Mikhael; Barcelona, Proa, 1973.

    Oz, Amos: Mi marido Mikhael; Barcelona, Aymá, 1974.

    Oz, Amos: Tocar el agua, tocar el viento; Barcelona: Pomaire, 1980.

    Oz, Amos: Soumchi; Madrid, Alfaguara, 1985.

    Oz, Amos: Las voces de Israel: Una controversia entre la vida y la muerte; Barcelona, Muchnik, 1986.

    Oz, Amos: La caja negra; Barcelona, Grijalbo, 1989.

    Oz, Amos: Las mujeres de Yoel; Barcelona, Grijalbo, 1990.

    Oz, Amos: La tercera condición; Barcelona, Seix Barral, 1993.

    Oz, Amos: Soumchi; Barcelona, Círculo de Lectores, 1994.

    Oz, Amos: No digas noche; Madrid, Siruela, 1998.

    Oz, Amos: Una pantera en el sótano; Madrid, Siruela, 1998.

    Oz, Amos: Una pantera al soterrani; Madrid, Barcanova y Siruela, 1998.

    Oz, Amos: Un descanso verdadero; Madrid, Siruela, 2001.

    Oz, Amos: El mismo mar; Madrid, Siruela, 2002.

    Oz, Amos: El mateix mar; Barcelona, Proa, 2002.

    Oz, Amos: La bicicleta d'en Soumkhí; Barcelona, Cruïlla, 2003.

    Oz, Amos: Contra el fanatismo; Madrid, Siruela, 2003.

    Oz, Amos: Una historia de amor y oscuridad; Madrid, Siruela, 2004.

    Oz, Amos: La bicicleta de Sumji; Madrid, Siruela, 2005.

    Oz, Amos: Mi querido Mijael; Madrid, Siruela, 2005.

    Oz, Amos: Inesperadament a les profunditats del bosc; Barcelona, RBA, 2006.

    Oz, Amos: De repente en lo profundo del bosque; Madrid, Siruela, 2006.

    Oz, Amos: La historia comienza: Ensayos sobre literatura; Madrid, Siruela, 2007.

    Oz, Amos: Contra el fanatisme; Barcelona: RBA, 2007.

    Oz, Amos: Una història d'amor i de foscor; Barcelona: RBA, 2007.

    Oz, Amos: Fima; Madrid, Siruela, 2007.
  • Oz, Amos: La colina del mal consejo; Madrid, Siruela, 2011

    Pagis, Dan: Guilgul: La metamorfosis de Dan Pagis; Granada, Universidad, 1994.

    Pérez Valverde, María: La imagen poética en la lírica de Leah Goldberg; Granada, Grupo de Estudios Judíos Contemporáneos, 1996.

    Rabinyan, Dorit: Novias persas; Barcelona, Martínez Roca, 1999.

    Rabinyan, Dorit: Nuestras bodas; Barcelona, Lumen, 2002.

    Ramos González, Alicia: Génesis de la novela hebrea moderna: ´Ahabat Siyon, Granada, Grupo de Estudios Judíos Contemporáneos, 1996.

    Ramos González, Alicia: Herederas del silencio, pioneras de la palabra: Escritora hebreas aprendiendo a hablar; Oviedo, KRK, 2005.
  • Reichelberg, Ruth: Don Quijote o la novela de un judío enmascarado; Zaragoza, Certeza, 2011

  • Rokeah, David: Coloms missatgers aturats a l'ampit de la finestra; Barcelona, Mall, 1985.
    Ron-Feder, Galila: Querido yo; Madrid, SM, 1998.

    Sadé, Pinkhas: El Déu abandona David; Barcelona, Edicions 62, 2002.

    Sadé, Pinjas: La vida como parábola; Granada, Estudios Judíos Contemporáneos, 2004.

    Schiller, Ariel: Vino viejo en odres nuevos: La literatura hebrea moderna y sus traducciones al español; Granada, Seminario de Estudios Judíos Contemporáneos (Universidad de Granada), 2002.

    Semel, Nava: Clases de vuelo; Santa Marta de Tormes, Salamanca, Lóguez, 1998.

    Shabtai, Yaakov: Pretérito imperfecto; Barcelona, Muchnik, 1988.

    Shahar, David: Contes de Jerusalem; Barcelona, Proa, 1994.

    Shahar, David: El agente de Su Magestad; Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2001.
  • Shalev, Meir: El chico de las palomas; Madrid, Ático de los libros, 2011.

    Shalev, Meir: Por amor a Judit; Barcelona, Salamandra, 2002.

    Shalev, Tsruyá: Vida amorosa; Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2001.

    Shalev, Tsruyá: Marido y mujer; Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2002.

    Shammas, Anton: Arabescos; Madrid, Mondadori, 1988.

    Shem-Tov, Tami: La niña de los tres nombres; Barcelona, Planeta , 2008.

    Snunit, Michal; El pájaro del alma; Barcelona, Martínez Roca, 1998.

    Sobol, Yehoshúa: La última noche de Otto Weininger; Barcelona, Riopiedras, 1984.

    Someck, Ronny; Tamir Greenberg: En paper de vidre; Barcelona: Proa, 2000.

    Someck, Ronny: Amor pirata, Antologia de poemes; Barcelona: Proa, 2006.

    Tammuz, Benjamin: El minotauro; Barcelona, Destino, 1997.

    Tchernijovsky, Saúl: Cantos y baladas del período de Eretz Israel (1931-1943); Granada, Universidad, 1993.

    Tsalka, Dan: El abc de Tsalka; Madrid: Losada, 2006.

    Varela, Mª Encarnación: Antología de la literatura hebrea contemporánea; Barcelona, Octaedro, 1992.

    Varela, Mª. Encarnación: Historia de la literatura hebrea contemporánea; Barcelona, Mirador, 1992.

    Varela Moreno, Mª Encarnación: La imagen polisémica en dos poetas modernistas hebreos: Natán Alterman y Alexander Penn; Granada, Universidad, 1994.

    Varela Moreno, Mª Encarnación: De los ríos de Babel: Estudios comparativos de literatura hebrea; Granada, Universidad de Granada, 1996.

    Vogel, David: Una vida de casado; Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1994. 
  • Yehoshua, A. B.: El cantar del fuego; Barcelona, Duomo Nefelibata, 2012

    Yehoshua, A. B.: Divorcio tardío; Madid, Alfaguara, 1988.

    Yehoshua, A. B.: Divorcio tardío; Barcelona, Círculo de Lectores, 1991.

    Yehoshua, A. B.: El señor Mani; Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1994.

    Yehoshúa, A. B.: Marea alta y otros relatos; Sabadell, Barcelona, Ausa, 1992.

    Yehoshua, Abraham B.: Viaje al fin del milenio; Madrid, Siruela, 1999.

    Yehoshúa, A. B.: La novia liberada; Barcelona, Anagrama, 2005.

    Yehoshúa, A.B.: Una mujer en Jerusalén: Pasión en tres actos; Barcelona, Anagrama, 2008.

    Yonatán, Natán: Apostar al tiempo: Antología poética; Madrid, Visor, (D.L. 2008).

    Zaidman, Boris: Hemingway y la lluvia de pájaros muertos; Madrid, Errata Naturae, 2011
  • Zarchi, Nurit: ¡No echéis a Nanny!; Santa Marta de Tormes, Salamanca, Lóguez, 1996.

    Zarji, Nurit: Quiero vender a mi hermana; Madrid, SM, 2002.

    Zelda [Shneerson Mishkovsky]: Obra poética; Granada, Universidad, 1995.

La literatura israelí en el siglo veinte


La literatura israelí en el siglo veinte

por Moshé Benarroch
A principios de los años ochenta formé parte de un grupo de escritores que cursaban en la universidad Hebrea de Jerusalén. Un grupo efervescente de jóvenes en formación que discutían y que rápidamente llegó a la conclusión de que para escribir literatura en hebreo había que leer los textos hebreos del pasado. Desde la Biblia, pasando por el Talmud, el Zohar (dos obras escritas en hebreo y arameo), los textos de Maimonides escritos en hebreo, los cuentos hasidicos, la cábala de Rabbi Yisthak Luria, la poesía de los poetas sefardíes del siglo once y doce, los poemas de Rabbi Yisrael Najara, y todo lo que fue escrito en hebreo en los últimos tres mil quinientos años.
La nueva literatura en lengua hebrea, como parte del movimiento revolucionario que es el sionismo, se planteaba el nuevo judaísmo como una destrucción total del pasado, el mismo himno del estado de Israel que se canta todos los días dice que "un mundo pasado destruiremos hasta sus pilares", el nuevo judío debía deshacerse por completo de todo lo que era diaspórico. Sólo los religiosos leían esos textos, y recuerdo que cuando en esa época le dije a una escritora que debía leer el Talmud, me respondió que eso era un acto "político". Las cosas han cambiado un poco desde aquel entonces, pero no tanto, y muchos escritores tienen muy poca idea de lo que es el hebreo de antes del sionismo. Sería un poco como imaginar un escritor español que no ha leído ni a Cervantes, ni a Quevedo, ni a Lope De Vega. La literatura hebrea moderna se considera a sí misma una rama de la literatura europea, y busca sus raíces en escritores como Shakespeare, Elliot, Dostoievski y Pushkin.
La literatura hebrea moderna empieza a finales del siglo diecinueve con escritores que vivían en Polonia y partidarios de renovar la lengua hebrea. Algunos escritores como Y. L. Peretz y Berdichevski, acabaron sus vidas en Israel y otros en la diáspora. Pero el que marca el punto cero de esta literatura es el poeta Hayim Nahman Bialik, que empezó en la diáspora escribiendo en yiddish y llegó a Israel en los años veinte. Él mismo crea la organización de escritores Hebreos en Tel Aviv y hasta hoy está considerado el poeta nacional de Israel. Es muy importante acentuar la lengua materna de Bialik, porque es en realidad el yiddish la raíz del hebreo literario israelí. Los más importantes escritores de la primera mitad del siglo veinte son escritores que tenían por lengua materna el yiddish.
El mejor de todos es el poeta de origen polaco Uri Zvi Gringberg, un poeta casi intraducible, y que se desprende del movimiento laborista sionista para convertirse en un poeta de ultra derecha, cosa que como consecuencia le valió el boicot total de los escritores de su época y hasta hoy en día, de las universidades. Gringberg es un poeta profético, o casi. Es un profeta moderno que utiliza la poesía. Su libro más importante es Rejovot Hanahar, (Las calles del río), escrito en los años cincuentas, y que son coplas por la muerte del judaísmo europeo. Pero ya en los años treinta escribió Gringberg sobre la matanza de judíos que venía hacia Europa, sobre cómo se quemaban judíos, y fue tratado de loco. Desgraciadamente, fue un profeta que tuvo razón. Muy prolífico, en una obra que en partes recuerda a Whitman y en dimensiones recuerda a Neruda. Sus obras completas, que están sido publicadas, incluye más de veinte volúmenes. Se puede tal vez esperar un genio traductor que puede verter su obra a otra lengua, un traductor que todavía no ha aparecido. Probablemente es uno de los mejores poetas del siglo veinte. Tengo la suerte de poder leerlo en hebreo y no creo que podría hacer ninguna lista de los diez mejores poetas del siglo sin incluirlo.
En la prosa, tenemos a Shmuel Yosef Agnon, premio Nóbel de Literatura 1966, que también nació en Polonia y escribió primero en alemán y después en hebreo. Su obra esta anclada en el sionismo y en la transición del judío de la diáspora a Israel. Pero es sobre todo una proeza nunca acercada de la lengua hebrea. Lo cual también la convierte en una obra mal traducida, porque sin la lengua hebrea, una lengua literaria que influencio a todas las generaciones de escritores israelíes hasta el día de hoy, lo que queda en lenguas extranjeras son cuentos que no sobrepasan el cuento hasidico, o la literatura yidish. A veces Agnon ha sido comparado con Kafka, y tal vez sin el sionismo se hubiese convertido en un escritor judío europeo.
De esto llegamos a otra singularidad de la literatura israelí. El lector israelí lee muy pocos escritores judíos de la diáspora. Eli Wiesel, Imre Kertesz, Primo Levi, Philip Roth o Benard Malamud, a pesar de haber sido traducidos extensamente son escritores poco leídos, y que casi no han influenciado en la literatura israelí. Se los consideran judíos no salvados por el sionismo y diaspóricos. Basta con decir que Wiesel me gusta para que mi interlocutor se ponga rojo de ataques contra su literatura y su persona. Por esa misma razón el inmigrante es un desconocido de la literatura israelí. A pesar de que Israel es una tierra de inmigrantes, el inmigrante que llega a Israel tiene un nombre especial, es un Oleh, uno que sube a la tierra de Israel. El que se va de Israel es un Yored, el que se baja de Israel. Un inmigrante es alguien que emigra de Francia a Australia, pero no un judío que llega a Israel. Personalmente fuí atacado por algo que en el año 1994 no entendía cuando publiqué mi primer libro Coplas del Inmigrante, a causa del simple hecho de haber utilizado la palabra prohibida.
Agnon es la mayor influencia en los escritores más conocidos fuera de Israel: Amos Oz, A.B. Yehoshua, David Grossman, Meir Shalev y otros. Parte de la obra de estos escritores es responsable de un razonamiento y una justificación del sionismo. Todos ellos forman parte de partidos de izquierda y siempre han estado metidos en la política. Como reacción, casi normal, en los años ochenta se empezó a escribir una literatura apolítica, urbana, por escritores jóvenes que nunca se han identificado políticamente. Los más conocidos son dos escritores del absurdo, Etgar Keret y Orli Castel Bloom. Asimismo, prolifera desde estos años una literatura de mujeres que se podría escribir en cualquier gran ciudad, como la que hacen Tsruya Shalev y Shifra Horn sobre la mujer que se libera cuando llega a la edad de cuarenta años, ya sea de su marido o del mundo religioso, o de su trabajo, y elige un camino independiente.
Empero, hay que tener en cuenta que hasta 1975, aproximadamente, el género más importante de la literatura israelí era la poesía. Los libros de poetas como Natan Zach o Yehuda Amijai se vendían en 20,000 y 30,000 ejemplares, poetas menos famosos vendían fácilmente 5,000 ejemplares. Los poetas eran voces oídas y discutidas. Eran iconos culturales. El grupo que da el paso más importante en la poesía israelí, data de los años 50, y se llama "la generación del país". Este grupo incluye a Zach, Amichai, y David Avidan, y se pronuncia a favor de una poesía más personal y menos vinculada al sionismo, una poesía íntima y no nacionalista.
Todo esto sigue cambiando y cambiará. Los libros de poesía son ya casi inexistentes en las librerías, y desde hace unos años se ha creado un mercado de libros, pequeño para un país de menos de seis millones de habitantes, en el cual, además, casi la mitad no leen el hebreo. En este mercado pequeño hay novelas de las que llegan a venderse cien mil ejemplares. La literatura ha ganado en cantidad, se publica una novela nueva al día, o sea, casi 400 al año, pero es difícil ver la calidad. La literatura sigue siendo derivativa de la europea y americana (ya sea del sur o del norte) y se ha perdido un hilo conector. Hoy, como en casi todo el mundo, se escribe de todo, desde las novelas policíacas de Batía GAR hasta la novela femenina, pasando por la prosa gay, o étnica de todas las 100 etnias que componen la sociedad israelí, o la novela sobre los religiosos escritas sobre todo por mujeres.
La literatura israelí de hoy se abre a un cambio importante. Si todos los nombres citados, y considerados importantes, son de origen europeo (llamados los ashquenazim, o sea judíos oriundos de Polonia y Rusia, y otros países europeos), por los márgenes se ha ido infiltrando uno que otro escritor de país árabe, como Dorit Rabinian, Sami Mijael, Uziel Hazan. Una tendencia que viene desde los años setenta con poetas como Erez Biton y Roni Somek, estos dos son casi los únicos que han llegado a tiradas de miles de ejemplares en los últimos veinte años, años en los que la poesía de nuevos autores se vende en cientos de ejemplares. Como dice Aharon Apelfeld, que es casi el único escritor israelí que ha hecho de la Shoah su tema principal, de estos escritores de origen oriental, vendrá la nueva y potente literatura.
Es una literatura que va en contra de la opresión ashquenazi que sigue hasta hoy en día y el concepto de que Israel es un país europeo, cuando más del 65 por ciento de su población no viene de Europa, ni sus padres o abuelos vienen de Europa, así como contra la idea que Israel es una completa ruptura contra todo lo que existió en la diáspora. No nos sorprenderá pues que los dos únicos poetas que han seguido los pasos de Yehuda Halevi en su poesía son dos judíos sefardíes oriundos del imperio otomano, Shlomo Abayo y el novelista y poeta Amnon Shamosh (más conocido por su novela Michel Ezra Safra y sus hijos). En este grupo cabe destacar al novelista Shimon Balas, nacido en Bagdad, que escribió en árabe antes de pasar al hebreo su novela Y es otro, que relata las memoria de un judío converso al islam en Irak a finales de los años 70 y de la guerra de Irán-Irak. Un libro completamente opuesto a lo que se considera sionismo, y muy criticado por eso cuando se publicó en 1991. El libro que, a pesar de no haberse vendido, ha salido en estos mismos días en una segunda edición al ser considerado por muchos como una obra maestra. Casi todos los autores hasta ahora mencionados han sido traducidos al español, con la excepción de Balas y creo que es un vacío a llenar.
Yo diría como conclusión que la literatura israelí esta todavia en vía de creación, y que sí se está creando una nueva literatura de lengua hebrea. Todavía no ha nacido la generación que se proponga una lectura detallada y profunda de las letras hebreas del pasado, y que pueda conciliar la ruptura sionista con un diálogo con todo el pasado de la lengua. Por el momento los mejores autores han sido escritores que nacieron fuera de Israel (como lo es Agnon, Amijai, Gringberg, Zach, Apelfeld, Balas...) y por lo tanto se puede considerar su literatura como una literatura entre la diáspora y el nuevo judío. Pero ya hay varias voces, como las de Ami Dvir, Yarón Avitov, Yosi Sukari, y Sami Shalom Chitrit, que están encontrando ese camino. Creo que a esa nueva literatura le falta una generación.
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Moshe Benarroch
Nació en Tetuán, Marruecos en 1959. A los trece años emigra con sus padres a Israel y desde entonces vive en Jerusalén. Empieza a escribir poesía a los quince años, en ingles, después en hebreo, y finalmente en su lengua materna, el castellano. Publica sus primeros poemas en 1979. En los años 80 forma parte de varios grupos de vanguardia y edita la revista Marot. Su primer libro en hebreo aparece en 1994, titulado Coplas del inmigrante. Publica también dos libros de cuentos, varios libros de poemas en hebreo, inglés y español, y tres novelas. Sus poemas y cuentos han sido traducidos a 10 lenguas.
En 2005 la editorial LF publica su novela Lucena (traducida del hebreo por Roser Lluch Oms) En el 2008 Destino publica la novela En las puertas de Tánger.

Fuente: Otrolunes.com

La Desjudaizacion de La Juventud Israeli


Sobre este artículo: Fecha de publicación: 1-Ene-2000


Por: Dan Laor
En este artículo, el autor nos pone al tanto de la relación entre la juventud judía israelí y la literatura israelí, la utilización de símbolos extrídos de la tradición, etc. La pregunta de la continuidad judía cobra un nuevo sentido en este artículo.


Hasta hoy en día, la dramática pregunta de Akiva Ernst Simon1 "¿Seguimos siendo judíos?" continúa resonando en nuestros oídos como expresión del hondo temor que manifiesta cierto sector modelador de la cultura israelí oriundo de Europa, ante el alejamiento de los nacidos en Israel de las fuentes judaicas, la tradición y la identificación natural con "el destino" judío. A posteriori, dichas expresiones de recelo nos parecen características del discurso público de los años cincuenta: no es casual, por ejemplo, que el articulo en el que Simon expone esa acuciante pregunta se haya publicado en el Almanaque de "Haaretz"2 de 5711 (1950), tan sólo un año antes de que Kurzweil3 diera a conocer su famoso ensayo sobre los cananeos,4 editado en el Suplemento de "Haaretz" de 5710 (1949). El mismo temor vertebrado por Simon a raíz de cierta actitud ante la sociedad y la cultura en general es el que Kurzweil puso de manifiesto con respecto a la literatura. En buena medida, gran parte de su crítica nació bajo la impronta de esa vivencia: si bien la desjudaización de la literatura hebrea de su tiempo no era un fenómeno nuevo, se agudizó en la realidad eretz— israelí totalmente secular, en el suelo de la vieja patria renovada. Más allá de otras consideraciones, la hostilidad de Kurzweil ante la joven literatura nativa de su tiempo, se nutría de la aguda sensación de que los escritores jóvenes se hallaban casi por

completo desconectados de la cultura judía, no guardaban relación alguna con el legado judío y todo lo que él implica, y que la alternativa sobra que proponían era, a su gusto, un fenómeno efímera, yermo y superficial, destinado a perecer tarde o temprano. En ese contexto, el ensayo de Kurzweil sobre ‘los jóvenes hebreos" constituye la punta de lanza de su crítica a la literatura y la cultura israelíes, pues los consideraba una vanguardia intelectual capaz y peligrosa, que ante todo ponía de manifiesto la renuncia consciente y absoluta a los contenidos judíos de nuestra vida en Israel. Para mencionar la expresión clave de dicho análisis, lo que ellos afirmaban abiertamente es lo que pensaban en secreto todos o casi todos, los jóvenes judíos. A pesar de las drásticas aseveraciones de Kurzweil y otros, todos parecerían haber interpretado correctamente la situación. La literatura israelí nativa que cristalizara a fines de los años ‘40 y durante la década siguiente se focalizaba de manera casi excluyente en la experiencia israelí sabra; su paisaje es el de este lugar, los acontecimientos narrados guardan estrecha relación con el presente israelí y su epopeya se nutre de las vivencias del combate por el resurgimiento nacional. Como todos recuerdan, Elik surgió del mar; Uri Kahana anduvo por los campos del valle y por el campo de batalla, razón por la cual se convirtió en el arquetipo del sabra en la literatura y el teatro; los poemas de Haim Guri7 traían "la bendición para los muchachos" que marchaban a la guerra; en la revista Alef se nucleaba un grupo de intelectuales que hablaba con ardor en nombre de la ideología hebrea que exigía olvidarlo todo y no recordar nada.9 En 5718 (1958), cuando se publicó la novela más representativa de esa generación, Los días de Ziklag,’0 Kurzweil la definió como un documento netamente cananeo y señaló que a lo largo de las dos mil páginas que devanan el fluir de la conciencia de los personajes de Yzhary y los sabras combatientes aferrados a cada pliegue de las colinas del Neguev septentrional, no irrumpe la más mínima referencia a alguna clave que pueda vincularse con el adjetivo "judío".

Ah arón Ap pelf eld: El der echo a ser d ist into
Abordemos a Aharón Appelfeld,11 un tizón salvado del fuego y arribado a la Tierra de Canaán a los catorce años, poco tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. que ya en 1952 —a los veinte años – daba sus primeros pasos literarios. Con seis años de residencia en Israel, habiendo cumplido su servicio militar y siendo estudiante de la Universidad Hebrea de Jerusalem, Appelfeld portaba un bagaje personal totalmente distinto del de los escritores que pertenecían a "la generación del país"12 y cuya impronta se dejaba sentir por doquier: en la literatura, la poesía, el

teatro, las publicaciones periódicas, la prensa y el discurso público en general. Appelfeld no había nacido en el país, los paisajes locales le resultaban ajenos, sus recuerdos de infancia eran otros, la historia de su vida era muy diferente de la de sus coetáneos; de ahí que la retórica de la joven literatura hebrea no se adecuaba a sus necesidades espirituales y anímicas. Si bien había arribado a una edad muy temprana y a pesar de que sus años de formación en el país coincidieron con los de la lucha por el resurgimiento nacional y había sido testigo de la Guerra de liberación, de ninguna manera se sentía perteneciente a esa "unidad generacional" que dejaba su impronta sobre la literatura hebrea. Las historias que quería relatar eran otras, sus personajes no se asemejaban a Elik, Uri, Hedva o Shlomik, sus paisajes no eran los de los campos del valle ni las estepas del Neguev, las formas de vida que realmente conocía no eran las del kibutz o la colonia agrícola; su epopeya no se compadecía exactamente con la consigna de "siempre somos los primeros".13 Ante estas circunstancias, cabe suponer que Appelfeld se preguntaba ¿de dónde vendrá mi socorro?14

Sh muel Yosef A gnón: La irrupción de gi ga nte

un

En el panorama de la literatura hebrea contemporánea, la figura de Shmuel Yosef Agnón15 se erige como una presencia colosal, atípica y completamente diferente de todo lo conocido hasta ese momento. En 1951, Agnón publicó la versión corregida de Huésped por una noche, una novela de travesía en busca del tiempo perdido de la aldea judía arrasada de Europa del Este, que lo hizo acreedor al Premio Bialik. En 1952 dio a conocer el cuento Hasta acá, que describe de manera kafkiana la retaguardia alemana en tiempos de la Primera Guerra Mundial. En 1953 vio la luz la edición de sus obras completas en siete tornos, en la que se despliega todo Agnón: el de Europa del Este; el autor de La dote nupcial y El alejado; el del periodo alemán, autor de Después del divorcio, Farenheim y Hasta acá; y, por supuesto, también el Agnón eretzisraelí, que plasmara (como en Ayer, anteayer) el destino del inmigrante judío desgarrado entre la cultura del pasado que portaba del hogar paterno y el presente secular y abierto que se le revelaba en la Jaffa de tiempos de la Segunda Aliáh. A mediados de los años ‘50 comenzaron a publicarse en el suplemento literario de Haaretz algunos capítulos de la novela La ciudad y cuanto hay en ella, en los que intentaba reconstruir el mundo de su aldea natal Buczacz antes de ser arrasada por "la desoladora abominación".16 Para nuestro asombro, este mismo Agnón fue el más admirado de los escritores. Dentro de esa realidad cultural "cananea" descrita

por Kurzweil, en el meollo de esa sociedad ante la cual Simón se había preguntado "¿seguimos siendo judíos?", Agnón gozó de una posición única y peculiar, no sólo por su carácter de escritor considerado clásico hace tiempo, sino por su condición de creador vivo y activo, cuya presencia no dejó de atizar la vida literaria de Israel. En aquel entonces no hubo prácticamente nadie que sostuviera que su tiempo había pasado o su vigor se hubiera perdido; sus libros antiguos-nuevos y los cuentos que publicara en Haaretz y otras revistas despertaban un interés permanente; tanto la guardia veterana de la crítica literaria (Kurzweil, Sadán) como igualmente la nueva generación (Hillel Barzel, Gershon Shaked, Gabriel Moked, Eli Schweid) lo elogiaban. Muchos de los ese entonces —entre ellos, el autor de El anduvo por los campos y director de Alef— peregrinaban a su casa y la abandonaban extasiados. Frente el modelo literario nativo (sabra) dominante a la sazón, Agnón ofrecía un modelo alternativo: judío, europeo, jerosolimitano y moderno. Quien era "distinto", quien no podía adaptarse a los códigos literarios y culturales convertidos en norma, veía abrirse ante sí una puerta alternativa.

Agnón y Ap pelf eld
La relación de Appelfedl con Agnón puede examinarse en tres planos diferentes. Su primera manifestación tuvo lugar poco más de treinta años atrás, en 1963, en el marco de una encuesta de escritores realizada por el Massa (el suplemento literario del diario Lamerjav)17 cuando Agnón cumpliera 75 años. En la misma tomaron parte cinco escritores que habían dado sus primeros pasos literarios una generación después de que Agnón comenzara a escribir; todos —menos uno— habían nacido en el país. "El encuentro con Agnón constituyó una de las experiencias literarias más hondas para los integrantes de esta generación, y fue fuente de inspiración e influencia", sostuvo el promotor de la encuesta, ltzhak Bezalel, quien solicitó a los escritores participantes que expresaran su relación con Agnón, "cada uno a su manera y de acuerdo con su visión, tanto en su condición de lectores como en su carácter de autores". La respuesta de Appelfeld fue larga y compleja, por lo que la citaré en esencia. ‘Yo, que he pasado la mayor parte de mi vida en el exterior a pesar de vivir hace ya muchos años en Israel, he hallado en Agnón el respaldo y estímulo para regresar al solar de mi infancia. En Agnón, el regreso a la niñez no consiste en recuerdos sino en una vivencia cotidiana, como si las vivencias de la infancia y adolescencia volvieran a reflejarse en uno cotidianamente. En este sentido, Agnón ha sido un ejemplo para mí". A continuación, Appelfeld alude a otro aspecto: "El segundo ingrediente que he recibido de él es el

reencuentro con el mito judío... El mito judío no consiste solamente en la religión, sino en todo lo que implica la vivencia judía... El conocimiento de la vivencia judía pasa por las vivencias de infancia, a través del intento de ampliar los confines del solar de la niñez". El tercer punto es que ‘De Agnón he aprendido la perspectiva temporal adecuada. La literatura israelí contempla demasiado su propio círculo. Es un reduccionismo a un área geográfica y vivencial estrecha, sin ningún intento de salir de ella; mientras que Agnón vive el tiempo a partir de su vinculación con el pasado y su perspectiva de él". En esa misma encuesta, Appelfeld invoca también las enseñanzas recibidas de Agnón en el plano formal, pero en esta ocasión habremos de focalizarnos en cuestiones de esencia y contenido. En realidad, los tres argumentos formulados por Appelfeld no conforman sino uno solo: Agnón puso a su disposición un modelo de escritura que le permitía el vinculo con su pasado personal, que es el pasado judío general, y a la vez el pasado europeo. En cierto sentido, la obra de Agnón constituye la antítesis de la literatura israelí que se revelara ante Appelfeld en los años cincuenta: en lugar de concentrarse en el aquí y ahora eretzisraelí, nativo y secular que constituye la sustancia de dicha literatura, sus cuentos mantienen una relación viva, continua y no necesariamente nostálgica con el mundo de la infancia en Europa del Este, su tópico central es el de "la condición judía" y en ellos no asoma la distinción entre el "aquí" y el "allá". Las expresiones de Appelfeld se tornan aún más agudas al compararlas con las de Biniamín Tammuz18 o A. E. Yehoshúa, dos escritores "nativos". Tammuz, un ex-cananeo, acude a Agnón fundamentalmente como quien ha sido para muchos escritores (él mismo incluido) "fuente de influencias de la literatura moderna". ¿Y qué apunta A. B. Yehoshúa? "En mis primeros años de conocimiento de su obra, lo que me atrajo no fue la vivencia del judaísmo sino la faceta ‘técnica’: el estilo, la forma de presentar los personajes y todos los ingredientes positivos que emergen en Agnón". También Appelfeld se sintió impresionado por el modernismo de Agnón y su faceta técnica, pero a diferencia de Tammuz o Yehoshúa, para él, el encuentro con "el mito judío" fue la clave que determiné la esencia de su actitud ante Agnón. En esta premisa radica una norma ética y literaria valiosa en la configuración de su conciencia espiritual y literaria. La valoración de la trascendencia y efectividad de Agnón en tanto quien puso en contacto a la generación israelí secular con el mundo judío se deja oír también en las palabras de A.B. Yehoshóa y Biniamín Tammuz, a quienes dejó atónitos como lectores, pero no como escritores.

El tópico "Agnón y yo" vuelve a surgir a la orden del día de Appelfeld en un articulo rotulado "El núcleo" e incluido en el volumen Ensayos en primera persona, editado por la Biblioteca Sionista en 1979. La citada nota no sólo encara a Agnón, sino apunta a definir su relación con un grupo de autores hebreos que en cierto sentido le sirvieran de modelo de escritura: Agnón, Brenner, Gnesin y Vogel, cuatro creadores que "descendieron a los abismos del alma y analizaron sutilmente la maraña de atracción y rechazo, amor y odio que bulle en cualquier contacto de la inteligencia con su legado. Cuanto más profundo es el análisis, del abismo que separa al individuo sensible y ávido de vida de un legado en agonía". A continuación señala: "Me atrae la literatura hebrea que alude al dolor de las células destruidas, de la enfermedad maligna que se expande por los cuerpos sensibles, de los sentidos embotados, de la carga de las generaciones que de pronto se torna intolerable, de la añoranza por las honduras". En otras palabras: Appelfeld no adopta a esos escritores como padres literarios por razones técnicas —si bien varios de ellos influyeron también en aspectos técnicos— sino porque su tema central, tal como lo interpreta en las frases citadas, se adecua al tópico que escogiera como foco de su propia obra. Cabe destacar el hecho de que se trata de cuatro autores nacidos en diferentes épocas y lugares de Europa de Este (sólo dos de ellos vivieron en Israel) que, en opinión de Appelfeld, se centraron en el análisis (narrativo, por supuesto) de la crisis social y moral que determinó en gran medida el carácter y la imagen de la comunidad judía de Europa del Centro y el Este desde fines del siglo pasado hasta vísperas de la Segunda Guerra Mundial. En lo que atañe a Agnón, la importancia del antedicho artículo no se limita a una mención general, sino que Appelfeld escoge referirse a él en una de sus principales obras, por la que acusa un vinculo especial: la novela Huésped por una noche, que en su opinión "me revela varios de mis secretos más íntimos". Esta es la primera ocasión en la que Appelfeld funda su relación con Agnón en el trasfondo histórico y regional común a ambos: la proximidad entre Galizia y Bukovina y la pertenencia histórica de dichas regiones al Imperio de los Habsburgo. Más de cuarenta años separan a Agnónde Appelfeld, pero Huésped por una noche, publicado a las puertas de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, fue escrita a raíz del reencuentro de su autor con su ciudad natal en particular y con Galizía Oriental en general a principio de los años ‘30, que fueron los años de infancia de Appelfeld. Así, de manera sorprendente, se produce el cruce entre el mundo de ficción que Agnón plasmara en dicha novela y el mundo concreto vivido por Appelfeld entre 1932 y 1939, que hasta hoy en día le sirve de inagotable venero para elaborar sus relatos. Pero Huésped por una noche es más que esta coordenada para

Appelfeld: en el curso del citado articulo, casi como al pasar, define a la novela de Agnón como "el libro del Holocasto antes del Holocausto", recurriendo a la misma expresión empleada por la crítica para referirse a sus propias obras. Dicha frase pone de manifiesto su deuda con la novela de Agnón e incluye el reconocimiento de que la narración de Huésped por una noche es en realidad la de sus propios cuentos y novelas; pues también él, al igual que Agnón anteriormente, eligió regresar mediante la escritura a las regiones perdidas de Galizia-Bukovina a fin de describir el proceso de aniquilación de la comunidad judía de Europa del Centro y del Este en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, eludiendo deliberadamente la descripción de los acontecimientos que tuvieron lugar después de esa fecha.

Un testimonio

p ersona l

La última palabra de Appelfeld al respecto se halla en el ensayo que culmina un nuevo libro de investigaciones sobre Agnón, titulado Tradición y trauma y editado hace sólo algunos meses por el Centro de Estudios Hebreos de la Universidad de Oxford. La participación de Appelfeld en dicho tomo fue definida como "un testimonio personal". Se trata del trabajo más extenso y completo que escribiera hasta ahora en referencia a "Agnón y yo", y el hecho de que fuera redactado poco tiempo atrás, a partir de una mirada retrospectiva hacia su propia biografía literaria, le confiere particular importancia. En ese trabajo, las ideas nuevas conviven con formulaciones de nuevas realidades elaboradas o insinuadas en el pasado, y de ellas se desprende que el conocimiento entre Agnón y Appelfeld es de larga data: Appelfeld se topé varias veces con Agnón poco tiempo después de haber llegado al país, pues Agnón solía visitar la granja educativa de Rajel Yanait Ben Zvi en la que Appelfeld estudiaba sita en Talpiot, muy cerca de su propia casa. Ya entonces le había parecido diferente de su contorno, como si hubiera sido "uno de nuestros tíos perdidos". Cuando creció y volvió a encontrarlo haciéndolo participe de sus vacilaciones de escritor incipiente, Agnón le ofreció un consejo práctico -escribir sobre sus propias experiencias-, reiterando una vez y otra el compromiso que lo unía con su ciudad natal. En el aire resonaban los nombres de Dublin y Buczacz, dos ciudades de la periferia transformadas en centrales; probablemente, ése habría de ser el destino de Czemowitz. "Agnón me ayudé a encontrar el camino a casa", escribe Appelfeld. La unión con "el mito judío" a la que hiciera referencia en la entrevista de 1963 es, por consiguiente, el motivo central de su encuentro con Agnón, no sólo a nivel literario sino también personal. Al aludir al aspecto literario de su encuentro con Agnón, Appelfeld evoca por primera vez juntos los nombres de Agnón y Kafka, atribuyendo a ambos una influencia de vasto alcance sobre su

escritura. "Si Kafka dio sentido a mi experiencia en tiempos del Holocausto, Agnón me abrió las puertas y me hizo reencontrar con mi hogar judío y con la literatura judía". Esta clave implica que el vinculo entre Agnón y Kafka —ambos productos del Imperio de los Habsburgo, los dos escritores que no vivieron la experiencia del Holocausto pero la presintieron— enfatiza precisamente la peculiaridad del encuentro con cada uno de ellos, y recalca explícitamente que Agnón fue quien le brindó los medios para afrontar tanto su historia personal como la tradición cultural a la que sentía pertenecer: "Me mostró que el judaísmo no es anacrónico: se puede escribir sobre los judíos de las aldeas y ser universal. El judaísmo no es un impedimento artístico, sino un tesoro que hay que saber explotar".

Do v Sadá n: El encuen

tr o con el

maestr o

A esta serie de testimonios se agrega un texto más que, si bien no se refiere a Agnón, incluye un mensaje importante con respecto a su encuentro con "el mito judío". Appelfeld vuelve a reconstruir el trauma posterior al trauma: la luz quemante de Eretz Israel, el rocío de la juventud hebrea20 de la generación de la Guerra de Liberación, la confianza y optimismo del estado recién creado, en contraposición con la conciencia de ajenidad, alienación y verg?enza de los sobrevivientes del Holocausto. Sobre el telón de fondo de esta atmósfera tuvo lugar a comienzos de los años ‘50 el encuentro personal —no literario— del joven Appelfeld con Doy Sadán (que en esa época había comenzado a impartir idish en la Universidad Hebrea de Jerusalem), descrito en el ensayo El maestro, dedicado a Doy Sadán con motivo de su 75o cumpleaños:

"Y entonces surgió de la oscuridad un hombre con una pequeña linterna, que sólo parecía querer entablar una conversación casual, a la que insufló el sentimiento de la casa expoliada y olvidada, y queme arrastró como por encanto hacia mis escondites más recónditos. La verg?enza no se borré, y tal vez nunca lo haga; pero por sobre ella brotó un atisbo de autoestima, y por sobre ella la talla judía". Los aspectos enfatizados por Sadán le causaron impresión: el compromiso con el idish y las lenguas judías, la orientación judía de su crítica, su vinculación con el folklore popular, el cuestionamiento del concepto de "secularismo judío". El maestro Sadán fue, por consiguiente, quien brindó al alumno Appelfeld la posibilidad de volver a conectarse con su pasado personal negado y reprimido, y de llegar por su intermedio a las profundidades de la conciencia colectiva judía, que a la sazón había quedado

presuntamente a extramuros. Appelfeld ratificó la gran influencia ejercida por Sadán en una disertación pronunciada en la Universidad de Tel Aviv con motivo del 85o aniversario del maestro: rememoró la intensidad del contacto personal con Sadán en el edificio de Terra Santa21 a comienzos de los años ‘50, y la vez expresó su profunda identificación con las ideas y creencias que expusiera. En esa ocasión, Appelfeld señaló que "los fundamentos de la teoría de Sadán constituyen un despliegue abarcativo, si se quiere un vasto balance —a veces una confesión— de cien años de vida judía con todos sus avatares". Para Appelfeld, Sadán era un representante no menos auténtico que Agnón de la judería de Europa del Este, y en su condición de oriundo de Galizia Oriental le insufló la misma "intimidad judía" que irradiaba Agrión, oralmente y por escrito. Pero en el caso de Sadán, el impacto personal, el lenguaje corporal y el tono de voz desempeñaban un rol no menos trascendente que el discurso en sí (y quizás aún más que él). A pesar de la magia del contacto personal, Agnón influyó sobre Appelfeld en primer término como escritor (pues su ideología se hallaba implícita como una praxis literaria de gran intensidad), y por su intermedio Appelfeld pudo plasmar una poética adecuada a su mundo vivencial y conceptual. Si bien fue más lejos en ese análisis al afirmar que el encuentro con Sadán marcó el curso de su vida, el encuentro realmente decisivo parecería ser el que mantuvo con Agnón; Sadán cumplió una función complementaria, pero nada desdeñable, al señalarle una alternativa cultural que le permitió liberarse gradualmente del terror paralizante de los escritores de "la generación del país" y cristalizar lentamente su propio estilo.

Concl usión
A última frase puede sonar como una paráfrasis de la conocida tesis del mismo Sadán, y en realidad ésa es la intención que lo anima. En su famosa serie de artículos sobre Haim Nachman Bialik, Sadán formuló su teoría genética con respecto a la existencia de los tres "encuentros fatales que produjeron un cambio en la vida de Bialik como creador: de no haber sido por ellos, Bialik habría evolucionado de una manera totalmente diferente de la que conocemos actualmente. Sadán señaló que un encuentro con un lugar (Wolozhin) y dos encuentros personales y literarios —con Abad Haam22 y Mendele23— fueron decisivos para Bialik. Esta teoría resulta aplicable también en nuestro caso: Aharón Appelfeld tuvo dos "encuentros fatales", uno con Agnón y otro con Sadán, y ambos fueron de enorme trascendencia —si bien en distinta medida—para su evolución. El encuentro con estos creadores determinó su reencuentro con sí mismo, con su cultura de origen, con esa vivencia diaspórica de vísperas de la destrucción que para vastos círculos que imponían su tono a la

cultura israelí eran a la sazón tabú. Gracias a ellos pudo adoptar "el mito judío" y alejarse a la vez del "mito hebreo" que le resultaba ajeno. En su ponencia en un congreso de escritores celebrado en abril de 1981 en la que resumiera su credo literario y espiritual, Appelfeld explicó al auditorio que "nunca me he contado entre los adeptos al mito hebreo". Desde los cuentos de Humo, pasando por Badenheim, Tiempos prodigiosos, A un solo y mismo tiempo, Precipicio y otros relatos, la prosa de Appelfeld —tal como la de Agnón y la de Sadán— se centra en la anatomía de la condición judía, razón por la cual hizo tambalear las altas murallas que separaban a la Diáspora de Eretz Israel. Plenamente consciente de la deuda pendiente con ambos, manifestó su agradecimiento para con ellos de manera diferente en cada caso. El ensayo dedicado a Doy Sadán concluye con la siguiente frase: "Le debo eterno agradecimiento por la profusión que me brindara". El agradecimiento a Agnón fue indirecto, sofisticado, casi Agnoniano, justamente desde Laish, las páginas de su última novela. Hacia el final de la trama, los peregrinos descubren con alegría que uno de sus compañeros llamado Shmuel Yosef,24 al que habían creído desaparecido, retornó junto a ellos. Todos sabían que Shmuel Yosef era violinista, y en el léxico de Appelfeld —cf. Tiempos prodigiosos— el violín, el violinista y la música son los representantes del arte. Y éstas son las palabras que pronuncia Srul, uno de los peregrinos, ciertamente en nombre del autor:

"¿Que dices, Samuel Yosef? Te amamos tal como eres, exactamente tal como eres. Has sido, eres y seguirás siendo nuestro violinista. Amamos tu música y no la cambiaremos por ninguna otra".

El Prof. DAN I.AOR imparte literatura hebrea en la Universidad de Tel Aviv. Alocución pronunciada en el Congreso "De Czernowitz a Jerusalem en la obra de Aharón Appelfeld". celebrado en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Las notas y aclaraciones pertlnentes pertenecen a la Redacción. Extraído de Dialogo, Año XX, N. 26

Notas 1 Educador y pensador sionista religioso y humanista (1899-1994) nacido en Berlin y radicado en Israel en 1928. Fue profesor de Filosofía e Historia de la Educación en la Universidad Hebrea de Jerusalem. 2 Matutino Israelí en hebreo, fundado en 1919. 3 Crítico literario, escritor y docente (1907-1972) nacido en Moravia y arribado a Israel en 1939. Fue titular del Departamento de Literatura de la Universidad de BarIlán. 4 Movimiento que nucleó a poetas y escritores que enfatizaban el elemento ‘hebreo en contraposición con la faceta "judía", y que recalcaban la relación con la tierra de Israel, rechazando la tradición histórica de la diáspora. 5 Protagonista de la novela Con sus propias manos, de Moshé Shamir, un joven que cae en la Guerra de la Independencia. El volumen comienza con la frase "Elik surgió del mar". 6 Protagonista de la novela El anduvo por los campos, de Moshé Shamir, un joven que cae en la Guerra de la Independencia. 7 Poeta, novelista y periodista nacido en Tel Aviv en 1923, combatió en el Palmach. Sus primeros poemas hacen referencia al surgimiento del Estado de Israel y la Guerra de Liberación. 8 Publicación del movimiento cananeo, comenzó a editarse en 1938 y su aparición fue irregular. 9 Referencia irónica al poema Promesa, de Abraham Shlonsky, que expresa "recordarlo todo y no olvidar nada" con respecto al Holocausto. 10 Novela monumental de Z Yzhar, narra las experiencias de un grupo de soldados que aguardan la acción durante la Guerra de la Independencia. 11 Escritor nacido en Czernowitz en 1932. Pasó los años de la Segunda Guerra Mundial en Europa del Este y llegó a Israel en 1946. Ha sido galardonado con los principales premios literarios del país. 12 Nombre de una famosa antología de poesía y prosa editada en 1958, que reúne a un grupo de escritores surgidos con el fin del mandato británico y la creación del Estado de Israel. 13 Estribillo del himno del Palmach. 14 Cf. Salmos CXXI, 1. 15. Escritor hebreo (1888-1970) nacido en Galizia Oriental y arribado a Israel en 1909, uno de los autores más destacados de la literatura hebrea. En 1966 recibió el Premio Nobel de Literatura. 16 Cf. Daniel Xl, 31.

17 Matutino del partido Ajdut Haavodá (sionista socialista), fundado en 1954 y fusionado con Davar en 1971. 18 Escritor y periodista (1919-1989) nacido en Kharkov y llegado a Israel en 1924. Fue miembro del Palmach y del movimiento cananeo, del que se alejó posteriormente. 19 Escritor nacido en Jerusalem en 1936, autor de cuentos y novelas traducidos a numerosos idiomas y ganador de las más importantes distinciones literarias, entre ellas el Premio Israel de Literatura 1995. 20 Alusión al poema La bandeja de plato de Natán Alterman. 21 Convento en el que funcionó la Universidad Hebrea de Jerusalem después de la partición de Jerusalem y hasta la construcción del campus de Guivat Ram. 22 Pensador y ensayista sionista nacido en Kiev (1856-1927) y llegado a Israel en 1922, después de haber residido en Odesa y Londres. Exponente de la concepción "cultural" del sionismo. 23 Escritor nacido en Bielorrusia (18335-1917), autor de novelas en idish y hebreo que describen con una visión critica los problemas de la comunidad judía de su época.

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Literatura Hebrea


Literatura Hebrea
La literatura hebrea se puede dividir cronológicamente en doce periodos. La literatura hebrea antigua está compuesta principalmente por el Antiguo Testamento y los tres primeros periodos de la literatura estuvieron dedicados a la redacción de varias partes del Antiguo Testamento. En el primer periodo, que se extiende desde los primeros tiempos hasta el año 950 a.C., se escribió casi toda la parte poética del Antiguo Testamento. Entre los siglos X y VI a.C. se pusieron por escrito los libros que integran el Pentateuco o Torá, quedando así fijados unos textos que -al igual que en el resto del Antiguo Testamento- se habían venido trasmitiendo oralmente de generación en generación. Conviene recordar, no obstante, que los manuscritos más antiguos conservados son de época muy posterior. Al segundo periodo (c. 950-586 a.C.) pertenecen la mayor parte de narraciones históricas relativas a los reinos de Israel y Judá, algunos de los Salmos, y los oráculos de algunos profetas. Durante el tercer periodo (586-165 a.C.) se escribieron los libros conocidos en la Biblia hebrea como ketubim (hagiógrafos), específicamente Eclesiastés, Job, Proverbios, y gran parte de los Salmos. Muchos escritos apócrifos (deuterocanónicos según la denominación en las biblias católicas) también pertenecen a esta época y gran parte del Antiguo Testamento fue traducido del hebreo al griego por eruditos judíos residentes en Egipto. En el cuarto periodo (165 a.C.-135 d.C.), el Midras, que se había empezado a escribir durante la cautividad de Babilonia, se dividió en dos partes, la Halaká y la Haggadá, por medio de las cuales se trataron temas teológicos y éticos, utilizando historias y anécdotas. Entre otras obras de esta época hay que citar los Escritos apocalípticos del Antiguo Testamento, incluidos los atribuidos a Moisés, al profeta Daniel, al patriarca Enoch, y al predicador y reformista Esdras; los Manuscritos del mar muerto, atribuidos a la comunidad monástica de los esenios; y los escritos del historiador Flavio Josefo. A este periodo pertenecen los targumim o versiones del Antiguo Testamento al arameo, idioma de uso común entre los judíos de esa época. Véase también Targum. El Talmud El mayor logro durante el quinto periodo (135-475) fue el Talmud. Se terminó la versión conocida como el Talmud de Palestina y comenzó a elaborarse la versión más importante del llamado Talmud babilónico. En el sexto periodo (470-740) se terminó el Talmud babilónico, se reunieron las primeras narraciones denominadas Haggadot (plural de Haggadá) y se creó la Masora, es decir, las anotaciones realizadas por ciertos rabinos al texto hebreo de las Escrituras. En el séptimo periodo (740-1040), se recopilaron los primeros libros hebreos de oraciones (c. 880), y se escribió el primer diccionario del Talmud (c. 900). En esta época apareció el Séfer ha-Mitzwot (El libro de los Preceptos), que pregonaba la vuelta a las Escrituras, escrito aproximadamente en el 770 por Anán ben David, fundador de la secta judía de los caraítas. Otro escritor importante del noveno periodo fue Saadia ben Josef ha-Gaón, autor de importantes obras teológicas y de una versión de gran parte de la biblia hebrea al árabe, así como de diversas obras poéticas. Los grandes centros de la cultura judía estuvieron, a principios de este periodo, en el Norte de África y posteriormente se desplazaron hacia occidente, alcanzándose en la España medieval la edad de oro de la literatura poética, científica y religiosa de los judíos. Escritores judíos en la España medieval Entre el séptimo periodo y el octavo (1040-1204) destacaron tanto en los reinos cristianos como en al-Andalus. En este ambiente cultural, el más elevado del mundo occidental de esos siglos, se sientan las bases de la poesía hebrea moderna. Menahem ben Sarug (910-970), nacido en Tortosa, y Dunas ibn Labrit, poeta andalusí, fueron los máximos representantes de sendas escuelas gramaticales. Discípulo del segundo fue Samuel ibn Nagrella (993-1055), notable poeta que llegó a ser visir de Granada. Filósofo y poeta notabilísimo fue Selomó ibn Gabirol (1020-1058), que desarrolló su actividad en Zaragoza. Allí vivió también el filósofo y poeta Bahya ibn Paguda (1040-1110). Coetáneos suyos fueron los dos grandes poetas Moshé ibn Ezra (10551135) y Yehuda ha-Leví. Grandes polígrafos fueron Abraham ibn Ezra (1092-1167) y Maimónides, quienes dejaron muestras de su erudición en el campo del derecho, la filosofía, las matemáticas o la medicina. A Maimónides se debe una obra capital en el campo de la filosofía y la religión judías, la Guía de los perplejos, escrita inicialmente en árabe y más tarde traducida al hebreo. Otros escritores europeos El noveno periodo (1204-1492) también incluye destacados estudiosos en España, aunque el centro cultural se desplaza hacia Portugal, Provenza, Italia y Alemania. Los tratados filosóficos y éticos fueron sustituidos por escritos místicos, entre los cuales destacó la gran obra cabalística del siglo XIII, el Zohar (el nombre completo es Sefer ha-zohar, "Libro del esplendor"), obra capital de la Cábala, formada por una amplia serie de estudios esotéricos sobre la Biblia. Se atribuye al doctor español Mois de León (1250-1306). Los primeros libros que se imprimieron en hebreo, fueron publicados en Italia; Joshua Soncino, miembro de una gran familia de editores judíos nacidos en Italia, imprimió la primera Biblia hebrea completa en (1488). Unos veinte años después, el editor holandés cristiano Daniel Bomberg fundó una editorial hebrea en Venecia y publicó las primeras ediciones completas tanto del Talmud palestino como del babilónico. A partir de la expulsión de los judíos de España (1492), la brillante cultura sefardí verá el ocaso de su esplendor, siendo sustituido ésta por el florecimiento askenazí centroeuropeo, especialmente en el campo jurídicoreligioso. En el décimo periodo (1492-1755) teólogos, filósofos, como Baruch Spinoza, historiadores, matemáticos, poetas, comentaristas de la Biblia y lexicógrafos judíos escribieron muchas obras en hebreo y en lenguas europeas. El undécimo periodo (1755-1880) destaca por la obra de Mosé Mendelssohn, que con sus esfuerzos por dar a conocer la cultura occidental a los judíos de Europa Central, inició un movimiento conocido por la haskalá (ilustración). Retractor del uso del yiddish, Mendelssohn y sus seguidores fomentaron el uso del hebreo, así como el de las lenguas europeas de los países donde residían sus correligionarios. Una de las primeras revistas literarias modernas en hebreo, Meassef (El Coleccionista) fue publicada por el círculo de Mendelssohn. Entre otros eruditos hebreos de esta época cabe destacar al filósofo nacido en Ucrania Nachman Krochmal, cuya obra principal fue, Moré Nevujé ha-Zman (1851, Guía para los perplejos de nuestro tiempo). Escritores modernos El periodo duodécimo (1880 hasta el presente), se ve marcado, al principio, por la continuidad de la haskalá y la vuelta al uso de temas profanos, y por último por la literatura hebrea de Israel. El sionismo, que surgió a finales del siglo XIX, fomentó un interés renovado por el hebreo hablado y escrito, en especial entre los judíos de Europa Oriental. El primer periódico hebreo, ha-Yom (El Día), apareció en 1886; entre varias publicaciones periódicas estuvo ha-Sahar (La Aurora), una revista literaria fundada en Viena en 1868 y editada por el escritor de origen ruso Peretz Smolenskin. En esta revista apareció, por primera vez, en entregas, la gran novela semi-autobiográfica de Smolenskin ha-To'eh Be-Darjei ha-Hayyim (3 volúmenes, 1868-1870, "El caminante por los senderos de la vida"). El principal poeta de la haskalá fue Judah Leib Gordon, nacido en la actual Lituania. Su obra, escrita en ocasiones en hebreo bíblico y otras en un hebreo más actual, aportó un nuevo estilo poético. Algunos escritores de ficción, influidos por la haskalá, pasaron del uso del yiddish al hebreo; uno de ellos fue Mendele Mokher Sefarim (seudónimo de Shalom Jacob Abramovich). Las novelas del 'Abuelo Mendele', que describían la vida cotidiana en el gueto, han mantenido su popularidad en el siglo XX. Entre las contribuciones más importantes del renacimiento hebreo cabe destacar la obra de tres escritores de origen ruso, de la misma generación, Hayyim Nahmán Bialik, Saul Tchernjovski, y Zalman Shneur. Bialik, poeta, ensayista e intérprete del legado judío, fue también traductor de clásicos europeos, como por ejemplo de Don Quijote. A pesar de que buena parte de la poesía de Tchernjovski habla de los dioses de la antigüedad en términos casi paganos, otras obras suyas hacen un retrato idílico de la vida popular judía. Shneur hace, en su poesía y su prosa, un llamamiento a su pueblo para que vuelva a los valores espirituales. El establecimiento de los judíos en Palestina dio un gran ímpetu y actuó como una nueva guía para la literatura hebrea. Sin embargo, la prosa de los primeros inmigrantes seguía emocionalmente ligada al pasado. Joseph Hayyim Brenner, novelista, autor de relatos cortos y crítico literario, que se asentó en Palestina en 1908, hacía hincapié en el sentido trágico de la vida y en la búsqueda de una fe capaz de ofrecer alivio frente a la desesperación. Las primeras obras de Shmuel Yosef Agnon describen la vida judía en los shtetls, o asentamientos en la Europa Oriental; pero a partir de 1948, escribió sobre la vida de los pioneros de las comunidades en Palestina. Hayyim Hazaz fue a Palestina en 1931; sus obras incluyen historias del periodo bíblico, así con la novela Ha-Yoshevet ba-Gannim (1944) que narra la vida de los judíos yemeníes en la tierra de Israel. Al contrario que en la prosa, la poesía de esta primera generación trató temas más relacionados con la vida moderna. Los versos de Rachel Bluwstein, nacida en Ucrania, cantan su amor por Palestina; la mayor parte de su obra se ha musicalizado. La poesía de Uri Zvi Greenberg trata temas cotidianos. Nathan Alterman, nacido en Varsovia, llegó a Palestina en 1925. En un principio siguió la corriente del simbolismo francés y pasó del abundante uso de imágenes y rimas disonantes a un lenguaje y estilo más sencillos en obras tales como Ir Hayoná, "La ciudad de la paloma" (1957), además de abordar temas políticos. Las obras de los primeros escritores ya nacidos en Israel, siguieron mostrando la dualidad de sus inquietudes. Inspirados en su pasado judío, escribieron también sobre las promesas y problemas de la nueva tierra y sobre la identidad judía. Entre estos escritores se cuenta Moshe Shamir, novelista y dramaturgo, entre cuyas novelas se incluyen Un rey de carne y hueso (1954) y Atravesó los campos (1969). A partir de 1950 la literatura israelí, al igual que la de Occidente, se preocupó más por el individuo y sus problemas de soledad y alienación. El famoso novelista Amos Oz describió en Mi marido Mikhael (1968) la depresión de una joven ama de casa. Como consecuencia de la guerra de los Seis Días acaecida en 1967, volvieron a cobrar importancia en la literatura israelí los temas nacionales. De esta manera, la última obra de Oz, La colina del mal consejo (1976), mezcla la realidad y la ficción en una historia sobre los ideales que llevaron a la revolución israelí. Una obra anterior, Tocar el agua, tocar el viento (1973) aborda, simbólicamente, el tema de la huida del personaje central, primero del holocausto europeo y luego de la guerra de 1967. Tranquilidad perfecta (1982), describe el conflicto generacional en una familia residente en un kibutz, a mediados de los años 60. La obra histórica Las voces de Israel (1982) aporta un estudio compasivo, pero al mismo tiempo objetivo de su país. La obra de Aharon Appelfeld, que llegó a Israel en 1947, evoca el holocausto y sus propias experiencias infantiles en Europa Central. Huir, intentar esconderse y esforzarse por borrar el pasado son los temas principales de sus relatos breves y de varias de sus novelas. Entre estas últimas se cuentan, Badenheim 1939 (1980), Tzili: Historia de una vida (1982), y La piel y la camisa (1971), obras de gran éxito.