La Naturaleza de la Judeofobia
Por: Gustavo
Perednik
"La
Naturaleza de la Judeofobia" explora las raíces del odio antijudío y su
desarrollo hasta la era actual, analizando la imagen del judío en diferentes
períodos, a través de mitos, ensayos y obras literarias. Las clases enfocan las
principales expresiones de la judeofobia, y el modo en que se justificó en
diversas épocas. Finalmente, se exponen hipótesis varias acerca de las causas
del fenómeno.
Junto al antisionismo, la otra
manifestación de la judeofobia contemporánea es la Negación del Holocausto (NH). Ambos
son un intento por reescribir la historia reciente, y por ello se presentan
juntos. Porque, si no se justifica el Estado judío (como arguye el
antisionismo) debe de ser porque el sufrimiento judío es una maliciosa fantasía
(como plantea la NH).
En Mi patria, Palestina; el sionismo,
enemigo del pueblo (publicado en Alemania en 1975) Ahmed Hussein sostiene
que el promotor de la judeofobia es el sionismo, interesado en que los judíos
huyan hacia Israel. Así se reitera el ardid de poner a la víctima como
victimario. "La mejor propaganda para el Estado de Israel es el judío
muerto", explica sin rodeos Hussein y agrega: "después de estudiar
profundamente el tema, y basado en eruditos, he llegado a la conclusión de que
durante la Segunda Guerra Mundial ni un solo judío fue muerto por ser judío...
Sólo la mentira de los seis millones posibilitó la presión sionista para
establecer el Estado de Israel y su financiamiento con capital alemán".
Una variante aun más cruel del mismo
argumento, es que los sionistas se asociaron con los nazis para exterminar
judíos. La expuso Lenni Brenner, muy difundido en la URSS, y llegó al escándalo
en Londres en 1987 cuando el Royal Court Theatre decidió no presentar la
obra Perdition de Jim Allen, que sostenía esa calumnia. Era en palabras
del autor "el ataque más letal contra el sionismo escrito jamás".
Un rastreo de los comienzos de la NH nos
lleva al Holocausto mismo, durante el cual por lo menos dos cabecillas nazis,
Martin Bormann y Heinrich Himmler, prohibieron toda mención pública de la
"Solución Final". Pero por entonces el objetivo de la NH se limitaba
a preservar la inconsciencia judía acerca de la dimensión del ataque, a fin de
asesinarlos sin resistencia.
Después de la guerra, fueron trotskistas
y anarquistas franceses quienes curiosamente iniciaron la NH al descalificar la
evidencia del genocidio como "propaganda stalinista". Su primer libro
fue Desenmascarando el mito del Holocausto de Paul Rassinier (1964).
En 1979 la NH se organizó en un
prolífico Instituto para la Revisin Histórica (IHR) en Torrance,
California, que mantiene convenciones anuales y publica el trimestral Journal
of Historic Review, enviado sin cargo a doce mil historiadores
norteamericanos. Su mentor, Willis Carto, de vieja militancia nazi, fundó el Liberty
Lobby (la propaganda judeofóbica más grande de los EE.UU.). El IHR es
pseudoacadémico; aunque convoca a profesores, todos ellos carecen de títulos en
historia (Rassinier estudió geografía, Butz ingeniería electrónica, Faurisson
literatura, etc.).
Desde 1991 uno de ellos, Bradley Smith,
coloca avisos en los diarios de las universidades americanas en nombre del
CODOH (Comité para el Debate Abierto sobre el Holocausto). Lograron
reclutar a un tal David Cole de padres judíos, y a un comentador militar
británico, el neonazi David Irving, cuyo best-seller La Guerra de Hitler
(1977) esgrimía que Hitler nunca supo que los judíos eran asesinados en
Europa.
La NH nos plantea un serio dilema:
perdemos al refutar sus argumentos (ya que de este modo los legitimamos como
"opinión para abrir el debate acerca del Holocausto"), pero también
perdemos si no les contestamos ("los judíos carecen de
argumentos"). Los métodos para confrontar el fenómeno merecerían una clase
especial que, nuevamente, escapa al marco de nuestro curso. Pero debo mencionar
los cuatro niveles de la NH, en orden de la sofisticación de sus argumentos: 1)
el Holocausto nunca ocurrió; 2) las cifras fueron abultadas; 3) no hubo ningún
plan sistemático de exterminio; 4) en cada guerra hay Holocaustos, y los judíos
cacarean sólo el suyo como si fueran los monopolizadores del dolor.
La NH es un fraude peligroso,
porque al blanquear los crímenes del nazismo hace posible su reedición, y
disemina el odio bajo la excusa de "libertad de expresión" mientras
transgrede doblemente la ley: por apología del delito y por incitación a la
violencia.
La NH ha expandido la mitología
judeofóbica. A leprosos, adoradores de asnos, deicidas, pueblo testigo,
asesinos de nios, bárbaros, virus racial, explotadores, confabuladores
internacionales y racistas, se agrega ahora el de "inventores de
Holocaustos".
La Judeofobia en América
Desde la misma creación de los Estados
americanos, los judíos fueron activos en ellos. Por ello no hizo falta su
Emancipación legal como en Europa, en donde, según vimos, la judeofobia moderna
fue una reacción (inmediata o tardía) contra la Emancipación. Por ello en las
Américas la judeofobia puede entenderse parcialmente como un vicio importado.
Aunque en 1654 hubo en New York (por
entonces New Amsterdam) un intento de expulsar a los judíos por parte del
gobernador holandés Peter Stuyvesant, en general, antes de la independencia de
las colonias de Norteamérica, los judíos no sufrieron agresiones físicas, y
otras minorías fueron más atacadas.
Durante la Guerra de Secesión
norteamericana desde ambos bandos se acusó a "los judíos" de ayudar
al enemigo, y el 17/12/1862, Ulysses Grant (el victorioso general de la Unión y
18vo. presidente americano) ordenó la expulsión de todos los judíos de
Tennessee. Esta Orden General Número 11 fue revertida por el presidente
Lincoln, después de que ya se había aplicado en varias ciudades.
En la última década del siglo pasado
apareció una judeofobia más nítida, no como respuesta a Emancipación sino a una
brecha cultural frente a los inmigrantes. Según vimos, en 1881 comenzó en Rusia
la era de los pogroms y el éxodo más grande de la historia. En 1890 habían ingresado
a los EE.UU. más de un millón y medio de judíos, y para 1920 ya eran tres
millones.
Parte de la población veterana receló
de los recién llegados. Henry Adams (bisnieto del segundo presidente americano)
escribía: "La atmósfera judía me hace sentirme aislado. Los judíos van a
controlar completamente las finanzas y el gobierno de este país, o estarán
muertos". En su novela Las columnas del César (1890), Ignatius
Donnelly cuenta que los judíos toman el poder para vengar sus padecimientos en
los cristianos. El corolario de esta animosidad fue el
"restrictionismo" o movimiento antiinmigratorio. Uno de sus mentores,
Madison Grant, en El paso de la gran raza (1916) endilgó a los judíos el
mestizaje de la nación. El movimiento logró en 1924 la limitativa Acta de
Inmigracin.
Pero la norma fue otra. Los presidentes
y líderes norteamericanos expresaron con frecuencia su gran estima por el
pueblo judío. Los padres fundadores de los EE.UU. compartían las raíces de los
puritanos ingleses quienes, a partir de su amor por la Biblia, revaloraron de
ella su idioma, su tierra y su nación. Cuando la Rusia zarista se negó a emitir
visas de visita a judíos americanos y dio maltrato a los pocos que las
obtuvieron, el gobierno norteamericano canceló en 1911 un viejo Tratado Ruso-Americano.
Si hubo similitudes entre la judeofobia
americana y la europea, la escala siempre fue mucho más pequea. Por ejemplo,
"el Affaire Dreyfus" americano tuvo lugar en 1913 en Atlanta, cuando
el ingeniero Leo Frank fue acusado de asesinato por la sola evidencia del
testimonio del principal sospechoso. La Jeffersonian Magazine exigía la
ejecución del "abominable, perverso judío de Nueva York" y su editor
creaba la Orden de los Caballeros de Mary Phagan (tal era el nombre de
la asesinada) para boicotear todos los negocios judíos de Georgia. Dos aos
después de comenzado el juicio, Frank fue arrancado de su celda y linchado. Se
trató del primer caso de asesinato judeofóbico en los EE.UU., y el último hasta
los recientes episodios de Crown Heights. En estos, norteamericanos de color
arremetieron contra judíos al azar (mataron a uno) en "venganza"
porque dos nios negros murieron atropellados cuando un conductor jasídico
perdió el control de su auto.
El parecido con el escenario europeo es
más claro en algunos países de Latinoamérica, en donde la judeofobia es más p.
Los fundadores de los Estados latinoamericanos no se educaron en el amor
puritano por la Biblia y su pueblo; el ambiente de muchos de ellos fue la
Iglesia inquisitorial espaola. El caso argentino fue especialmente oscuro, y a
él nos referiremos en particular, teniendo en cuenta que se trata de la
comunidad más grande y la que más judeofobia sufrió. En el resto de los países
el odio antijudío fue casi siempre marginal, y la historia de cada uno escapa a
los marcos de nuestro curso.
En los EE.UU. la estela del caso de Leo
Frank se disipó en la unidad nacional que acompaó la Primera Guerra Mundial. La
posguerra volvió a destapar la judeofobia, debido al temor de que los valores y
estilo de vida tradicionales fueran amenazados por la inmigración masiva, por
la creciente población urbana y por el liberalismo religioso. El Ku Klux
Klan (grupo racista, reaccionario y judeofóbico) llegó en 1924 a cuatro
millones de miembros. Como hemos visto, los Protocolos eran difundidos
por Henry Ford. Su campaa se detuvo en 1927 con un pedido público de disculpas.
En 1922 la discriminación en la
educación se transformó en un tema de debate nacional cuando la Universidad de
Harvard anunció que estaba considerando un sistema de cuotas para estudiantes
judíos. Aunque el plan fue eventualmente abandonado, las cuotas se aplicaron
por medios velados en muchas instituciones terciarias, a fin de limitar el muy
alto número de judíos que asistían a ellas (aun para 1945 Dartmouth Colege
admitía abiertamente un sistema de cuotas para estudiantes judíos).
El acceso de judíos también estaba
limitado para puestos en bancos, compaías de seguro, empresas públicas,
hospitales, grandes estudios jurídicos y planteles académicos universitarios.
Esta restricción dio en llamarse la judeofobia "cortés" en los
EE.UU., que tuvo en los aos treinta un impulso ideológico, con la noción de que
"los judíos dominaban el gobierno de Franklin Roosevelt, causaban
la gran depresión económica, y querían arrastrar a los EE.UU. a la Segunda
Guerra contra una admirable Alemania que surgía".
El principal vocero fue el sacerdote
Charles Coughlin, cuyo programa semanal de radio atraía a millones de personas.
Cuando en 1942 se supo del Holocausto, la Iglesia ordenó a Coughlin cesar toda
actividad no-religiosa. (Es notable cómo ecos de esa voces se escucharon en los
EE.UU. a principios de esta década, como la del líder republicano Pat Buchanan
cuando acusaba a "los judíos" de arrastrar al país a una guerra contra
Irak). En la década del cuarenta la vanguardia aislacionista fue el Comité
por América Primero, que incluyó al héroe de aviación Charles Lindbergh.
Aun en 1944 una encuesta pública mostró que un cuarto de los norteamericanos
veían en los judíos "una amenaza". Pero a partir de la Segunda
Guerra, la judeofobia americana descendió notablemente, excepto entre los
negros.
En efecto, a pesar de la activa
participación de israelitas en el movimiento civil por los derechos de los
negros en los aos cincuenta, el movimiento de Poder Negro generó
fricciones en las relaciones con los judíos. Nació una forma americanizada del
Islam que atrajo a millares de negros en busca de identidad, precisamente en el
período de guerra entre el mundo islámico y el Estado judío.
Uno de sus líderes más extremos, Kwame
Ture (ex-Stokely Carmichael) declaró en el setenta "nunca haber admirado a
un hombre blanco, pero Hitler fue el más grande de entre todos ellos".
Expresiones similares de odio se escuchan hoy por parte de Louis Farrakhan y
otros jefes del grupo Nación del Islam. Allí se concentran hoy los
peligros de la judeofobia en los EE.UU.
En cuanto a Sudamérica, la evidencia de
judíos participando en la lucha independentista es más tenue que en el Norte, y
se dio en casos como el de Alejandro Aguado en la Argentina. A este país, los
judíos fueron explícitamente invitados por el gobierno. En decreto presidencial
del 6/8/1881, se enviaba a un agente que atrajera a la Argentina a quienes
huían de los pogroms. Hubo alguna reacción hostil contra esa invitación,
incluida la de uno de los máximos próceres argentinos, Domingo F. Sarmiento, en
El Diario de 1888.
Pero el verdadero comienzo de la
judeofobia es literario, relacionado a la novela La Bolsa (publicada en
1891 en el prestigioso diario La Nación). En una época en que
virtualmente no había judíos en la Argentina, el autor Julián Martel los culpa
de la crisis financiera y de la clausura de la Bolsa de comercio, en un libro
que constituye un mediocre remedo del francés Drumond. En rigor, la judeofobia
de La Bolsa tuvo que ver, más que con la novela en sí, con la
glorificación que le dedicaron grandes intelectuales argentinos, al punto de
que el texto fue por décadas lectura obligatoria en las escuelas.
Las tensiones con el judío real, con el
inmigrante, se dieron sobre todo cuando los sectores más conservadores tendían
a identificar bajo el común epíteto de "ruso" tanto a los judíos como
a los revolucionarios de Rusia. El detonante para esa reacción fue el asesinato
del jefe policial de Buenos Aires, Ramón Falcón, quien había reprimido en forma
sangrienta la manifestación del Primero de Mayo de 1909. Ese ao Falcón fue
muerto por Simón Radowitzky, de diecisiete aos de edad, un judío recién
inmigrado y, para el caso, doblemente "ruso".
A pesar de que la comunidad judía (de
la que Radowitzky estaba totalmente desvinculado) hizo todo lo posible por
distanciarse del hecho, un ataque físico se lanzó contra los judíos
indiscriminadamente el 15/5/1910, en plenos preparativos para celebrar el centenario
de su revolución independentista argentina.
La judeofobia creciente estalló unos
aos después, en 1919, en el marco de la llamada Semana Trágica, que
comenzó como represión a una huelga. Ese ao la Liga Patriótica fue
fundada por Manuel Carlés, abuelo de quien fuera en las dos últimas décadas
cabecilla del Partido Nacionalista Social argentino.
El periodista ídish Pedro Wald fue
detenido acusado de tramar un "gobierno maximalista judío en la
Argentina". Al salir de la cárcel torturado escribió la novela Koshmar
(pesadilla). Así relató los episodios del 9/1/1919: "...salvajes eran las
manifestaciones de los nios bien que marchaban al grito de '¡Mueran los
judíos!;¡Muerte a los extranjeros y maximalistas!' Refinados, sádicos,
torturaban y programaban orgías... Detienen a un judío y luego de los primeros
golpes comienza a brotar un chorro de sangre de su boca; acto seguido le
ordenan cantar el himno nacional. No lo sabe; lo liquidan en el acto... No se
selecciona. Pegan y matan a quien encuentran..."
El 10 de enero fueron asaltados los
locales de las organizaciones Avangard y Poalei Tzion y la
Asociación Teatral Judía (IFT). Todo fue arrojado a la calle y quemado,
mientras la guardia civil azotaba y robaba. La policía montada observaba cómo
ardían en la noche muebles, biblioteca y archivos. Entre otros testimonios
reveladores, dos son elocuentes, de un judío y un cristiano.
Escribió el primero, José Mendelson:
"Jinetes de la policía arrastraban a los viejos judíos desnudos por las
calles de Buenos Aires, les tiraban de sus encanecidas barbas, y cuando ya no
podían correr al ritmo de sus caballos, su piel se desgarraba raspando contra
los adoquines, mientras los sables y látigos de los hombres de a caballo
golpeaban sus cuerpos... En el Departamento Central de Policía pegaban
espaciosamente. Cincuenta hombres, ante el cansancio de azotar, se alternaban
para cada judío... En la comisaría 7ma. los soldados, vigilantes y jueces,
encerraron a los judíos en los baos, donde los torturadores tiraban en forma
salvaje de sus bocas, mientras la policía argentina y los soldados les orinaban
en la boca..."
El segundo testigo presencial fue Juan
Carulla: "Oí que estaban incendiando el barrio judío y hacia allí me
dirigí. Al llegar a la Facultad de Medicina, me tocó presenciar el primer
pogrom en la Argentina. En medio de la calle ardían piras formadas con
libros... se luchaba dentro y fuera de los edificios... se acusaba a un
comerciante judío de hacer propaganda comunista pero el cruel castigo se hacía
extensivo a otros hebrbajo los gritos de '¡Mueran los judíos!' Pasaban a mi
vera viejos barbudos y mujeres desgreadas. Nunca olvidaré el rostro pálido y la
mirada suplicante de uno de ellos al que arrastraban un par de mozalbetes, así
como la de un nio sollozante que se aferraba a la vieja levita negra, ya
despedazada, de otro de aquellos pobres diablos". El saldo en vidas de
aquella Semana Trágica fue de ochocientos muertos y cuatro mil heridos.
Con el auge del nazismo en Europa,
recrudeció la judeofobia de publicaciones y grupos "germanófilos"
nacionalistas. Uno de los más difundidos escritores argentinos, Hugo Wast
(seudónimo del director de la Biblioteca Nacional, Martínez Zuviría) publicó en
1935 un par de novelas que difunden el mito de la conspiración judía, El
Kahal y Oro. Ese ao se creó la DAIA, nacida para defender los
derechos judíos. Zuviría llegó a ser ministro de educación del país en 1943.
Las bandas y las publicaciones
nacionalistas no cejaron después de la guerra, y para la década del sesenta la
más activa banda judeofóbica argentina fue Tacuara, que tenía por
mentores a los sacerdotes Alberto Ezcurra y Julio Meinville. En connivencia con
el representante de la Liga Arabe Hussei Triki, Tacuara secuestró,
torturó y asesinó. A los padres del estudiante asesinado Raúl Alterman enviaron
una explicación: "Nadie mata porque sí nomás; a su hijo lo han matado
porque era un perro judío comunista... Si no están conformes, que se retiren
todos los perros y explotadores judíos a su Judea natal". Este caso, como
los otros crímenes de la judeofobia argentina, quedaron impunes, y esta regla
incluye a las voladuras en los últimos aos de la Embajada de Israel y del
edificio comunitario AMIA.
Con todo, hay que tener en cuenta que
la peligrosidad de grupos como Tacuara no deriva de sus acciones
violentas ni de su propaganda nazi, sino de la medida en que están cerca del
poder. En este caso, amplios sectores del partido mayoritario, el peronista,
apoyaban a la agrupación judeofóbica. En rigor, el parámetro para medir el
peligro de la judeofobia en un país determinado, no debe ser el tamao de sus
organizaciones, sino su cercanía al poder.
Una versión local de los Protocolos
aparece en la Argentina cuando en 1971 un profesor de economía de la
Universidad de Buenos Aires, Walter Beveraggi Allende, difundió la patraa del Plan
Andinia, supuesto complot para desmembrar la Patagonia de la Argentina y
crear allí otro Estado judío. Su denuncia fue llevada a la Confederación del
Trabajo y a diversos medios periodísticos. Cuatro aos después Beveraggi publicó
La inflación argentina, en cuya tapa la Argentina aparecía crucificada
con estrellas de David por el estereotipo de un judío. El periodista Jacobo
Timerman narró que cuando era interrogado por la dictadura militar de los aos
ochenta, se le exigían detalles del Plan Andinia.
Aunque la judeofobia tiende a ser más
visible durante gobiernos democráticos (sobre todo en la transición) en esos
momentos se halla más alejada de las cúpulas. Durante las dictaduras, por el
contrario, se encuentra encaramada en el poder y precisamente por ello a los
gobiernos les es más fácil dominarla. Por ejemplo, la judeofobia fue muy activa
durante la dictadura militar en la Argentina 1976-1983. De entre los miles de
"desaparecidos", los judíos eran la víctima favorita en los centros
de tortura. Pero salvo excepciones (como la del general Ramón Camps) no
abundaban las expresiones de judeofobia oficial. Entre los periodistas que
defendían el régimen, Enrique Llamas de Madariaga difundió por la televisión
estatal un programa insidioso (30/10/1980) bajo la consigna de que "Si los
persiguieron durante cuatro mil aos, por algo será".
El estudio de cada uno de los otros
países excedería las posibilidades de nuestro curso, pero con gusto contestaré
las preguntas de estudiantes interesados en la judeofobia de alguna nación
específica (recordar: ).
En la
próxima, nuestra última clase, analizaremos el fenómeno de la judeofobia de
modo global y ofreceremos para el mismo algunas explicaciones.
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