La Naturaleza de la Judeofobia
Por: Gustavo
Perednik
"La
Naturaleza de la Judeofobia" explora las raíces del odio antijudío y su
desarrollo hasta la era actual, analizando la imagen del judío en diferentes
períodos, a través de mitos, ensayos y obras literarias. Las clases enfocan las
principales expresiones de la judeofobia, y el modo en que se justificó en
diversas épocas. Finalmente, se exponen hipótesis varias acerca de las causas
del fenómeno.
A diferencia de Marx y otros socialistas
sobre los que veníamos reflexionando, el arquitecto de la revolución
bolchevique, Vladimir Lenin, demostró estar exento de judeofobia. Al oponerse a
la judeofobia de los zares afirmó que "ningún grupo nacional en Rusia está
tan oprimido y perseguido como el judío". De este modo Lenin pasó un doble
examen: la admisión pública del sufrimiento israelita, y la predisposición a
combatir la judeofobia.
Una tercera prueba de la que salió
airoso es que nunca usó políticamente el odio antijudío. Por ejemplo, en sus
discusiones con el Bund (partido socialista judío) Lenin no endilgó a su
judeidad ser causa (ni siquiera parte) del problema. Tampoco se dejó arrastrar
a ello cuando una joven hebrea atentó contra su vida.
Lamentablemente la actitud personal de
Lenin fue eclipsada por el establishment comunista, que desde el comienzo negó
específicamente a los judíos el derecho de autodefinirse. Sólo a ellos se
prohibió toda aspiración nacional (no nos referimos solamente a la religión, ya
que aquí los judíos no tuvieron el monopolio de la hostilidad comunista). El
idioma hebreo fue declarado subversivo y se envió a prisión a quienes lo
ense¤aban o estudiaban. Más aún, el gobierno comunista destruyó
sistemáticamente la vibrante vida comunitaria judía en Rusia.
La judeofobia se transformó, según
August Bebel, en "el socialismo de los tontos", con la salvedad de
que por primera vez un movimiento judeofóbico se ocupaba en insistir que no
lo era: la campa¤a fue llevada a cabo según veremos, bajo el epíteto de antisionista.
Desde 1919 el sionismo fue definido como
movimiento contrarrevolucionario. Junto con él fueron prohibidas las
cientos de escuelas judías del país. Los ejecutores de la obra de destrucción
fueron principalmente las fieles Ievsektzia (secciones judías del
Partido Comunista).
Después de la muerte de Lenin en 1924,
José Stalin se transformó en dictador de Rusia por tres décadas. Durante ese
lapso la judeofobia soviética se desembozó (el odio personal de Stalin por los
judíos es evidente, entre otras fuentes, en las memorias de su hija). El
"problema judío" era el que presentaba un grupo con características
de pueblo pero para el que tal definición estaba ideológicamente
prohibida (porque no podían exhibir con claridad territorio e idioma en común).
Para "problema" se propuso la
solución de Birobidzhán, un área de 35.000 km2 en el lejano Este. Por medio del
traslado de los judíos allí, el gobierno podía detener la expansión japonesa
(el territorio linda con Machuria) y al mismo tiempo arrancar apoyo financiero
de los judíos del exterior. Asimismo, las Ievsektsia veían en
Birobidzhán una alternativa contra el sionismo.
El 28 de marzo de 1928 se tomó la
decisión y unos días después comenzó la migración. Ese a¤o se prohibió toda
publicación en hebreo y muchos escritores judíos fueron arrestados, mientras en
Birobidzhán se establecían varias escuelas, un teatro y un periódico en ídish.
Incluso mil quinientos judíos comunistas inmigraron desde el exterior. A pesar
de la propaganda, empero, salvo el a¤o récord de 1941, los israelitas nunca llegaron
a ser ni el diez por ciento de la población general de la región.
Para 1930, como las Ievsektsia
habían conseguido la destrucción de la mayor parte de la vida cultural judía en
la URSS, pasaron a ser innecesarias para el régimen y se procedió a su expedita
eliminación. Sus líderes, aunque habían sido fieles stalinistas, fueron
ejecutados (incluido el jefe Simón Dimanstein) o murieron en la cárcel (como el
editor del diario Moishe Lirvakov). Como vimos en el caso alemán, ni siquiera
la respuesta del auto-odio salvó a los intelectuales judíos. Osip Mandelshtam,
uno de los más refinados poetas rusos de la historia, a pesar de haberse
declarado "alérgico a los olores judíos y a los sonidos de la jerga
judía" fue arrestado en 1934 y murió en un campo de detención del lejano
Este.
Ese a¤o se le otorgó a Birobidzhán el
status oficial de Región Autónoma Judía y el mentor del proyecto, Mijail
Kalinin, predijo que "en una década será el único baluarte de la cultura
nacional judía socialista". Dos a¤os después, empero, las purgas de Stalin
marcaron una escalada judeofóbica. Ya no se censuraron los ataques populares
antijudíos, y el gobierno se lanzó a la liquidación final de las instituciones
judías y sus líderes. Fue un golpe del que ni siquiera Birobidzhán ya se
repondría.
Hubo una circunstancia que, con todo,
congeló la animosidad soviética contra los judíos. El nazismo entronizado no
cesaba de fustigar a los comunistas como "lacayos judíos", lo que por
reacción gestó una línea oficial antijudeófoba de parte del Kremlin. Entre 1934
y 1939 la URSS expresó "sentimientos fraternales para con el pueblo judío
en reconocimiento a su participación en el socialismo" e incluso
mencionaba el origen judío de Marx (un dato que se sustrajo de la Enciclopedia
Soviética a partir de 1952).
Esa calidez se apagó con la firma en
1939 del pacto de no-agresión nazi-soviético que llevó a la Segunda Guerra
Mundial dos semanas después. Stalin reemplazó a su principal diplomático
(Litvinov, de origen judío) por Molotov (con quien los alemanes estuvieron
dispuestos a firmar el tratado) y se comprometió ante Hitler a que el resto de
los judíos encumbrados en Rusia también serían suplantados. El Kremlin
felicitaba al Tercer Reich por "su lucha contra la religión judía", y
la prensa y radio soviéticas escondieron sistemáticamente los informes acerca
de la brutalidad judeofóbica del nazismo. Aun los comunistas alemanes que
habían huido, fueron extraditados a Alemania, judíos incluidos.
Algunos argumentaron que todo era un
ardid de Stalin para ganar tiempo y así armarse para la inevitable guerra con
el Tercer Reich, pero fue obvio que los partidos comunistas por el mundo
abandonaron toda crítica a los males del fascismo o a la judeofobia nazi.
Por ello, cuando un par de a¤os después
Rusia fue invadida por Alemania, los soviéticos debieron esforzarse en
recuperar la opinión pública mundial. Dos meses después de la invasión
organizaron el Comité Anti-Fascista Judío (CAFI) conformado por figuras
públicas e intelectuales. El 24 de agosto de 1941 los medios rusos anunciaban
que "los representantes del pueblo judío se reunieron a fin de convocar a
nuestros hermanos judíos a través del mundo para ayudar el esfuerzo bélico
soviético".
A pesar de este gran giro, la condena
soviética al nazismo se limitaba a vituperar "el asesinato de gente
pacífica e inocente" pero se negó consistentemente a presentar a los
judíos como blancos predilectos de los nazis. Por lo menos 200.000 judíos
morían combatiendo en el Ejército Rojo, y muchísimos eran distinguidos por su
heroísmo, pero los jerarcas stalinistas no interrumpieron la ejecución de
militares judíos, quienes eventualmente fueron rehabilitados post-mortem
después de la muerte de Stalin.
El CAFI, encabezado por Salomón Mijoels,
publicó una revista en ídish, emitía un programa de radio, y en 1943 viajó en
campa¤a recaudatoria a los EE.UU., Inglaterra y otros países. Las comunidades
judías por doquier los recibieron con entusiasmo ya que su visita marcó el
reinicio de los lazos entre los hebreos soviéticos y el resto de la judería,
lazos que se habían cortado con la revolución bolchevique.
Una vez concluida la guerra, y a pesar
de que las atrocidades nazis fueron reveladas al mundo, la ocultación del
martirio judío continuó impávida. Toda referencia a que la ocupación alemana de
la URSS había perjudicado especialmente a los judíos, era censurada por los
voceros oficiales soviéticos por "crear tensiones étnicas". Los
libros y películas acerca de la Segunda Guerra ignoraron constantemente la
existencia del Holocausto, virtualmente hasta el punto de la negación. En una
película rusa de casi una hora que se exhibía a quienes visitaban Auschwitz
(allí habían sido asesinados un millón y medio de judíos) la palabra judíos
no era pronunciada ni una sola vez.
El escritor ídish Vasili Grossman
preparó un Libro Negro de los crímenes nazis contra los judíos en tierra
soviética, pero el libro fue prohibido después de que hubo ingresado en la
imprenta. Al régimen no le bastó negar el Holocausto (por omisión) sino que
llevó esa política hasta el ultraje cuando usaba las atrocidades nazis
precisamente para incrementar la judeofobia, por medio de vincular el nazismo
con el sionismo.
Las publicaciones del CAFI fueron
finalmente prohibidas, y en enero de 1948 su presidente Mijoels fue asesinado
por la policía secreta soviética. Ese a¤o se perpetraron nuevas purgas para
poner punto final a toda actividad judía. En Birobidzhán mismo se clausuraron
el teatro y las escuelas ídish. La población judía de la Región Autónoma
Judía había llegado entonces a 30.000 personas, y comenzó su rápida e
irreversible disminución. El gran plan de emigración judía pasaba a la
historia.
El CAFI fue liquidado con todas las
instituciones que habían sobrevivido, recrudeció el embate contra el sionismo,
y se lanzó una caza de brujas contra los nuevos enemigos, los Cosmopolitas.
En efecto, para fines de 1948 los escritores judíos y las figuras públicas más
prominentes ya habían sido arrestados. Durante un juicio secreto en 1952,
fueron acusados de conspirar para separar la península de Crimea de la URSS y
crear allí "una república judía burguesa que serviría de base militar para
nuestros enemigos". Veintiséis escritores judíos (muchos de ellos leales
stalinistas) fueron ejecutados el 12 de agosto de 1952 (desde entonces y hasta
hace algunos a¤os, en esa fecha se expresaba el Día de Solidaridad con los
Judíos de la URSS).
El término Cosmopolitas se aplicó
peyorativamente en la URSS a los intelectuales judíos, a partir de noviembre de
1948, que fue el a¤o pico del chauvinismo ruso en su lucha contra la influencia
occidental. El uso del término comenzó en diario Pravda, en denuncias
contra los "que no tienen patria" (¡en el país del
internacionalismo!). "Patriotas" rusos acudían a
"desenmascarar" israelitas en las artes y las letras. Primero
revelaban los nombres verdaderos de los judíos que usaban seudónimos, luego
abultaban su influencia real, y finalmente "mostraban" cómo los
judíos escondían su identidad detrás de nombres rusos para difundir desprecio
por Rusia (ejemplo de este "desprecio" era que sugerían que
escritores rusos habían sido influidos por poetas Cosmopolitas como
Heine o Bialik).
Esta campa¤a fue el primer ataque
oficial contra los judíos soviéticos como grupo. Aunque atemperó en mayo de
1949, se la considera el comienzo de los llamados A¤os Negros que se
extendieron hasta la muerte de Stalin, y durante los que fueron arrestados
también los principales rabinos (Epstein, Lev, Lubanov, etc.), muchos de los
que murieron en campos de trabajo.
La judeofobia fue un importante
instrumento de la política stalinista durante la Guerra Fría, extendida más
allá de las fronteras de la URSS. En Checoslovaquia, por ejemplo, en 1952
fueron detenidos catorce jerarcas del Partido Comunista bajo acusación de conspirar
contra el Estado. Once de ellos eran judíos, incluido el Secretario General del
partido, Rudolf Slansky. El Proceso Slansky fue supervisado por agentes
moscovitas especialmente enviados a Praga. Por primera vez en la historia, un
foro comunista con autoridad proclamó abiertamente la existencia de una
conspiración judía internacional.
Se reiteraba una y otra vez el origen
judío de los acusados, y se atribuían sus supuestos crímenes a esa causa
primera. La fiscalía los estigmatizaba como sionistas, aun cuando todos
los acusados siempre se habían opuesto al sionismo. Durante el juicio, se
atribuyó la crisis económica checa a "los judíos". (Me permito la
digresión de recordar a mis estudiantes que hace un mes el Premier de Malasia
Mahatie Mohamad, culpó a "los judíos" de la caída de la moneda
malaya. Aunque en Malasia no hay ni un solo judío, las críticas que se
oyeron contra la declaración fueron apagadas por una multitudinaria
manifestación de apoyo popular a Mohamad).
En Praga de 1952, la embajada de Israel
pasó a ser baldonada como un centro mundial de espionaje y de subversión
anticheca. Ocho de los acusados fueron ejecutados y los tres restantes
condenados a prisión perpetua. Cientos de judíos checos fueron arrojados a la
cárcel, en muchos casos sin que siquiera mediara incriminación; otros eran
enviados a campos de trabajo. (A fines de la década del cincuenta las víctimas
del Proceso Slansky fueron rehabilitadas, pero las acusaciones contra el
sionismo y el Estado de Israel no fueron rectificadas).
Con todo, también en el stalinismo, como
había sido la judeofobia previa, lo peor aún estaba por venir. El 13 de enero
de 1953, doce médicos (nueve de ellos judíos) fueron arrestados en Moscú y
acusados de complotar para envenenar a los máximos líderes comunistas. El
juicio resultante fue un eco de las acusaciones medievales contra los judíos,
pero se interrumpió bruscamente cuando Stalin murió el 2 de marzo. Más tarde se
informó que el dictador había previsto utilizar el Complot de los Médicos
para expulsar a Siberia a unos dos millones de judíos.
La Era Post-Stalin
El heredero de Stalin, Nikita Kruschev,
aunque fue también judeófobo, atenuó la locura de su predecesor. En 1958 llegó
a admitir incluso que el proyecto de Birobidzhán había fracasado (no se privó,
empero, de atribuir el fracaso a la "aversión judía hacia el trabajo
colectivo y la disciplina grupal").
La nueva política (llamada destalinización)
denunció las purgas y la brutalidad del dictador, pero no consideró que la
judeofobia fuera uno de los vicios que debía corregirse. En 1961, siete de los
ocho discursos grabados de Lenin fueron comercializados; el único excluido fue
el que condenaba la judeofobia. Lo mismo ocurrió con la publicación de las
obras completas de Gorki, Leskov y otros, de las que se excluyó cuidadosamente
toda reprobación de la judeofobia.
Las diatribas contra el sionismo se
exacerbaron, y exhibieron un tono antijudío más procaz. En 1963 la Academia
Ucraniana de Ciencias publicó el virulento libro Judaísmo sin adornos
de Trofim Kychko. Además, ese a¤o y el siguiente muchos judíos fueron víctimas
de juicios públicos por "crímenes económicos" (especialmente el
"crimen de la especulación"). De los ciento diez condenadas a muerte,
setenta fueron judíos. En uno de esos juicios en Ucrania, doce personas fueron
declaradas culpables. La mitad de ellos (los no-judíos) fueron enviados a
prisión; los seis judíos fueron fusilados.
La judeofobia comunista siempre se
autodefinió como antisionista, y difundió en efecto una grotesca
caricatura, según la cual el propósito del sionismo no era realmente asegurar
un hogar nacional para los judíos en Israel, sino conspirar para dominar el
mundo entero, al viejo estilo de los Protocolos. A partir de la Guerra
de los Seis Días (1967) los medios de prensa soviéticos constantemente se
refirieron al Estado judío como un Estado nazi. Uno de los promotores del
veneno, Iury Ivanov, escribió en 1969 ¡Cuidado, sionismo!, libro que fue
bienvenido por la prensa soviética como "el primer trabajo científico y
fundamental sobre este tema". A fin de persistir en esta propaganda, en
1983 se fundó en Moscú el Comité Antisionista, que en apenas un lustro
sacó a la luz 48.000 publicaciones antisionistas.
En cuanto a la Rusia post-comunista, la
peculiaridad de su judeofobia es que no es privativa del populacho.
Intelectuales de renombre, científicos y ex-disidentes, la difunden en diarios
importantes. Un grupo de estos escritores, los prosistas de la aldea
(Valentin Rasputin, Vasily Belov y Victor Astafiev) sostienen que "los
judíos instalan un clima corrupto, que poluciona la pureza del alma rusa
honesta y buena". El matemático Igor Shafarevich atribuye la intrínseca
maldad de la moderna sociedad tecnológica (la llama rusofobia) a la
mentalidad judía. Para él, el judío encarna la civilización urbana, antítesis
de la Rusia virtuosa y tradicional.
Los argumentos de la judeofobia rusa de
hoy, son que "los judíos" mataron al zar e instigaron la revolución
de 1917 y el terror subsecuente. Su ya conocido método es resaltar hasta el
absurdo la presencia de por ejemplo Kaganovich en el Politburó comunista. (La
desproporcionada presencia de un 15% de judíos en el liderazgo bolchevique -que
en países como Hungría fue aun muy superior- tiene claras explicaciones que
exceden el marco de este curso. Mas cabe aclarar que la mayoría de los judíos,
o bien aceptaron resignadamente al hostil régimen zarista, o bien fueron
mencheviques, socialdemócratas).
Otros mitos judeofóbicos de la Rusia
actual son que "los judíos" (y no por ejemplo el biólogo Lysenko)
destruyeron la biología en Rusia. Fueron "los judíos" (la referencia
es al arquitecto Ginsburg) quienes demolieron los monumentos históricos de
Moscú en la década de 1930.
En cuanto a otros tipos de izquierda
allende la frontera rusa, cabe referirse a la Nueva Izquierda, que
atrajo a miles de estudiantes y jóvenes europeos y norteamericanos desde la
rebelión en Berkeley de 1964 hasta después del mayo francés de 1968 que llevó a
la caída de de Gaulle. La Nueva Izquierda nunca tuvo una doctrina
coherente (iban desde el maoísmo hasta el anarquismo, hippieismo, etc.) pero su
aspecto judío es paradojalmente doble: notable desproporción en el liderazgo
(que a veces llegaba hasta más de la mitad; recuérdese a Daniel Cohn-Bendit en
Francia) y, a pesar de ello, un antisionismo virulento y obsesivo.
La Nueva Izquierda presentó a
los árabes como el Tercer Mundo oprimido por Israel, y a éste como
"representante de la tecnología occidental y un lacayo del
imperialismo". Sus mentores no asumieron esa postura (se destacaban
Marcuse y Sartre, y este último protestó contra el prejuicio de que
"Israel es imperialista con sus kibutzim, y los árabes son socialistas con
sus Estados feudales") pero fue la norma entre los jóvenes.
En Alemania el antisionismo se extremó.
La SDS estudiantil en 1969 interrumpía todos los actos públicos en los que
debía aparecer el Embajador de Israel. A fin de ese año terroristas de la Nueva
Izquierda intentaron hacer estallar volar el salón de la comunidad judía de
Berlín durante un homenaje a las víctimas del nazismo. En panfletos titulados Shalom
y Napalm pregonaban la destrucción del Estado de Israel, y exigían a la
izquierda alemana terminar con sus sentimientos de culpa con respecto del
pueblo judío, que constituían un "antifascismo neurótico y
retrovisor". Los líderes Ulrike Meinhof y Dieter Kunzelmann terminaron por
unirse los fedayín árabes, y de esa asociación resultó, entre otros
atentados, el famoso secuestro hacia Uganda del avión de Air France (1976).
Sólo los pasajeros judíos fueron retenidos en Entebe, hasta que los rescató la
fuerza aérea israelí.
El antisionismo es la forma más
persistente de la judeofobia contemporánea. Mucho se ha escrito acerca de en
qué medida se trata propiamente de odio antijudío. ¿Se puede ser antisionista
sin judeofobia? El antisionismo descalifica los sentimientos y aspiraciones
nacionales de los judíos (y sólo de los judíos) y considera a Israel (y sólo a
Israel) un Estado ilegítimo. No estamos hablando aquí de la crítica a las
políticas de Israel. Estas críticas no implican antisionismo ni su
componente judeofóbico. Los desacuerdos políticos con algún gobierno de Israel,
aun si son profundos, no son nuestro tema.
Nuestra materia es el vilipendio
intransigente contra el Estado judío, formulado desde la convicción de que éste
no tiene derecho a la existencia. Lo notable es que en rigor, Israel es uno de
los pocos Estados cuya creación era indispensable para salvar miles de vidas.
Así sintetizó Lord Byron la situación de los judíos en un poema de 1815:
"El nido a la paloma contiene/ y al zorro su cueva oscura/ cada nación
país tiene/ e Israel... -¡la sepultura!").
Aun cuando desde un punto de vista
estrictamente teórico se podría ser antisionista y no judeofóbico, el
antisionismo propone acciones que llevarían a la muerte de millones de judíos.
Por ello en el mundo las dos expresiones de odio están íntimamente
interlazadas, como muchas veces revelan sus propios voceros. Yakov Malik,
embajador soviético en la ONU se quejó en 1973 de que "los sionistas se
han presentado con la absurda ideología del Pueblo Elegido" (como es bien
sabido, el concepto bíblico de Pueblo Elegido es parte del judaísmo; el
sionismo no tiene nada que ver con él).
En una película de propaganda, la
actriz Vanessa Redgrave actúa en danza erótica con el fusil de un guerrillero
palestino. Cada vez que la película ataca a los judíos, aunque se usa
claramente el término árabe por judío (Yahud) el subtítulo en inglés
reza "sionistas".
La autodefinición de antisionistas
es socialmente más aceptable para los judeófobos de hoy, después de que la
judeofobia quedara tan descubierta en la Segunda Guerra. Martin Luther King
resumió bien la distorsión cuando declaró: "Critican a los sionistas pero
se refieren a los judíos. Se trata de antisemitismo."
El antisionismo comparte las
características de la judeofobia que mencionamos en la primera lección. Ha
transformado a Israel en "el judío" de los países. Uno de los muchos
ejemplos de su obsesividad fue el congreso sobre "Derechos humanos en el Tercer
Mundo" que tuvo lugar en Harvard en 1979. En momentos en que había
masacres en Africa, dictaduras en Latinoamérica, o la Uganda de Idi Amin, el
temario del congreso se redujo exclusivamente al "terrorismo y genocidio
de la así llamada Nación de Israel". Lo notable es que de las docenas de
pueblos sin Estado que hay en el mundo (cachemiros, tamiles, vascos, curdos,
neocaldeonios, etc.) curiosamente, sólo los palestinos despiertan solidaridad
internacional, y sin que se tengan en cuenta siquiera los métodos que utilizan.
Las expresiones del antisionismo son
muy variadas. Desde el boycot árabe que hasta el día de hoy excluye a Israel de
los mapas, hasta las caricaturas que presentan al israelí como el estereotipo
judío repelente que aspira a dominar el mundo. Uno de sus más lamentables foros
fueron las Naciones Unidas.
Un tercio del total de las condenas de
la Asamblea de la ONU fueron contra Israel, una desproporción a todas luces
sospechosa. El sionismo fue el único movimiento nacional permanentemente difamado
en la ONU. El 10/11/75 fue declarado "racista" y el 14/12/79
"hegemonista". El 5/2/82 y el 24/4/82 se votó que Israel "no es
Estado de paz", y esto era un paso previo a su expulsión. La judeofobia
previa quería expulsar al judío de la humanidad; la contemporánea quiso hacer
lo propio expulsando al Estado judío de la familia de las naciones.
A veces las declaraciones de la ONU no
están exentas de la aureola de mito medieval, como cuando el 23/8/1983 se acusó
a Israel de envenenar a escolares secundarias árabes. Agreguemos que la ONU
condenó el rescate de los civiles secuestrados en Entebe (1976) y, como
organismo creado en 1945 para promover la paz, rechazó los Acuerdos
de Camp David (1979), que eran el primer tratado de paz entre Israel y un
país árabe después de cinco guerras.
Hasta el momento de la invasión iraquí
de Kuwait (1990) no hubo jamás en la ONU censura contra Estados árabes, a pesar
de que éstos habían llevado a cabo decenas de guerras, usos de armas químicas,
expulsiones, ejecuciones públicas, y vítores a secuestros de aviones, matanzas
de deportistas o escolares, etc. El delegado del Irán de los ayatollas llegó a
ocupar la vicepresidencia del Comité de la ONU para los Derechos Humanos en
Ginebra.
Las agencias internacionales de noticias
fueron otro marco proverbial para reescribir la historia del sionismo,
presentándolo como un movimiento imperialista nacido para explotar y despojar a
una nación pacífica y milenaria. Pocas veces se menciona en la prensa que jamás
hubo un Estado árabe palestino, que Jerusalem nunca fue capital de pueblo
alguno salvo de los judíos, y que hasta avanzado el siglo los meros términos de
Palestina y palestinos eran aceptados sólo por los judíos, ya que
los árabes de la zona contendían que eran parte de la Siria del Sur. Lo aclaró
muy bien Zoher Mossein, jefe de la Oficina de Operaciones Militares de la Organización
para la Liberación de Palestina en 1977: "No hay diferencia entre
jordanos, palestinos y libaneses; somos miembros de una sola nación. Solamente
por razones políticas nos cuidamos de enfatizar nuestra identidad como
palestinos, ya que un separado Estado Palestina será un arma adicional para
luchar contra el sionismo".
La tendencia de la prensa es, en
términos generales, consistentemente antisionista. Los ejemplos abundan, y
resaltaron especialmente durante la Guerra del Líbano (1982), cuando se
mostraba a Israel como un país nazi. Ejemplos posteriores podrían ser El
Israel imperial de John Chancellor, la película Sesenta minutos
sobre los desórdenes en el templo en 1990, o Cuatro horas en Shatila de
Jean Genêt en 1992, pero son virtualmente innumerables. Los medios de
comunicación han distorsionado el objetivo del sionismo. En lugar de la
recuperación de la Tierra de Israel para el perseguido pueblo judío, lo
presentan como una despiadada aventura colonial.
Las principales agencias de noticias y
redes de información, como Reuters y la BBC, han contribuido con esta fantasía,
cada una por sus motivaciones. Aun prestigiosas publicaciones como la National
Geographic, dedicó su edición de 1992 a Los Palestinos rastreando su
historia a cinco mil a¤os, a una "Palestina" pre-israelita
(recordemos que la palabra Palestina la acu¤aron los romanos en el siglo
II). Amplia documentación de este fenómeno de "robar la historia
judía" puede hallarse en el libro de David Bar-Illan Eye on the Media
(1993).
Esto no quiere decir que la mayoría de
las agencias noticiosas sean judeofóbicas, sino que, lamentablemente, la
judeofobia todavía vende bien.
Dijimos
que el antisionismo es una de las dos últimas manifestaciones de la judeofobia.
De la otra, y también de la judeofobia en América, hablaremos en nuestra
próxima clase.
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