La Naturaleza de la Judeofobia
Por: Gustavo
Perednik
"La
Naturaleza de la Judeofobia" explora las raíces del odio antijudío y su
desarrollo hasta la era actual, analizando la imagen del judío en diferentes
períodos, a través de mitos, ensayos y obras literarias. Las clases enfocan las
principales expresiones de la judeofobia, y el modo en que se justificó en
diversas épocas. Finalmente, se exponen hipótesis varias acerca de las causas
del fenómeno.
El sacerdote Edward Flannery, en el
prólogo a su obra Veintitrés Siglos de Antisemitismo, revela que su interés por
este tema nació cuando descubrió que la ignorancia al respecto es un abismo que
separa a judíos de cristianos. "¿Cómo es posible que el judío - se
pregunta Flannery- abrumado por la conciencia de la secular opresión que ha
sufrido en el mundo cristiano, hable en igualdad de condiciones con el
cristiano, que está sinceramente convencido de que su interlocutor otorga
excesiva importancia a las persecuciones?"
Y bien, en ese sentido un curso como el
nuestro podrá tender un puente sobre el abismo, permitiendo a más gente conocer
páginas muy oscuras de la experiencia humana, y llamativamente poco
investigadas.
Hasta 1879, el odio hacia los judíos no
tenía siquiera un nombre especial. Ese año Wilhelm Marr acuñó el término
"antisemitismo" a fin de distanciar el fenómeno de toda connotación
religiosa. El panfleto de Marr, "La victoria del judaísmo sobre el
germanismo considerada desde un punto de vista no-religioso" exhortaba a
que se hostilizara a los judíos independientemente de sus inclinaciones
religiosas. Pero el vocablo que Marr eligió tiene varios defectos.
En principio, "semitas" no
hay. Puede hablarse de lenguas semíticas, o de grupos semitas de la remota
antigüedad, pero suponer que, por ejemplo, un judío de Holanda, uno de Etiopía
pertenecen a la misma "raza semita" junto con un árabe de Marruecos,
es a todas luces absurdo.
En segundo lugar, y más importante aún,
personas contra los semitas, no sólo que no hay, sino que nunca hubo. Jamás se
crearon partidos, publicaciones, o ideas que combatieran a los
"semitas". Es más, la voz se presta a juegos de palabras. En marzo de
este año, el canciller egipcio Amer Musa respondió a una acusación preguntando:
"¿Como vamos a ser antisemitas, si nosotros somos semitas?"
Lo lamentable es que el término acuñado
por un judeófobo como Marr se difundió por doquier, aun cuando tres años
después, un prestigioso pensador judío, León Pinsker, sugirió la más apropiada
palabra, "judeofobia", para caracterizar el encono hacia los judíos.
"Judeofobia" es más precisa
porque en el prefijo señala el verdadero destinatario de esta aversión, el
judío, y en el sufijo alude a su carácter irracional. Es cierto que en
psicología "fobia" también responde a su origen griego,
"miedo". Y se habla de ailurofobia (miedo a los gatos), nictofobia (a
la noche) o claustrofobia (a los lugares cerrados). Pero en ciencias sociales
tiene un significado más cercano al odio (no al temor) como en "xenofobia"
(odio a los extranjeros).
La judeofobia no es una forma de
la xenofobia, puesto que los judíos no son extranjeros de los países en los que
viven. Y si, como dijimos, tampoco son una raza, la judeofobia no es una
especie del racismo. Es un fenómeno muy singular, y como tal vamos a
estudiarlo.
Hemos ofrecido cinco justificaciones del
término "judeofobia" en lugar del usual "antisemitismo".
Estas incluyen motivos históricos, semánticos y lógicos. Pero si aún no están
convencidos de que el uso de "judeofobia" sea el deseable, permítanme
agregar un argumento más.
El prefijo "anti" combinado
con el sufijo "ismo" sugiere una opinión que viene a oponerse
a otra opinión, como en antimercantilismo, antidarwinismo o
antiliberalismo. Pero la judeofobia no es una idea. Jean-Paul Sartre, en
su famoso libro sobre el tema, sugiere que no le permitamos al judeófobo
disfrazar su odio de "opinión". En la medida en que usemos
"antisemitismo", los judeófobos podrán adornar a sus rencores con una
aureola de criterio razonado, lo que además nos impide entender el fenómeno de
la judeofobia con claridad.
La Singularidad de la Judeofobia
Odios contra grupos siempre existieron.
Pero en nuestro estudio partimos de la base de que el despecho contra los
judíos es único. Los judíos fueron odiados en sociedades paganas, religiosas y
seculares. En bloque, fueron acusados por los nacionalistas de ser comunistas,
por los comunistas de ser capitalistas. Si viven en países no judíos, son
acusados de dobles lealtades; si viven en el país judío, de ser racistas. Los
judíos ricos fueron agredidos y los pobres maltratados. Cuando gastan su dinero
son resentidos por ostentosos; cuando no lo gastan, son despreciados por
avaros. Fueron llamados cosmopolitas sin raíces o chauvinistas étnicos. Si se
asimilan al medio, son temidos por quintacolumnas; si no, son odiados por
cerrarse en sí mismos. Cientos de millones de personas han creído por siglos,
que los judíos beben la sangre de los no-judíos, que causan plagas y envenenan
pozos de agua, que planean la conquista del mundo, o que asesinaron al
mismísimo Dios.
En aras de ordenar la clase, digamos
que no hay odio más antiguo, más generalizado, más permanente, profundo,
obsesivo, peligroso y quimérico que la judeofobia. Veamos cada característica
separadamente.
1.
Antiguo. Robert Wistrich tituló a su último libro sobre el
tema "El odio más antiguo". Veremos enseguida las distintas
posibilidades acerca de cuándo nació la judeofobia, pero adelantemos ya que se
trata de un inquina que continuó más o menos durante dos milenios y medio. O
como explica Shmuel Etinger, la judeofobia "es un fenómeno que se prolongó
ininterrumpidamente, en lo fundamental, desde la época helénica hasta nuestros
días, aunque asume características distintas en el curso de la historia. Precisamente,
su continuidad histórica es un factor decisivo en su intensidad y en su
capacidad de adaptarse a las cambiantes condiciones contemporáneas".
2.
Generalizado. De todos los países europeos en los que residieron,
los judíos fueron expulsados alguna vez. Los ejemplos más recordados son
Inglaterra en 1290, Francia en 1306 y en 1394, Hungría en 1349, Austria en
1421, numerosas localidades de Alemania entre los siglos XIV y XVI, Lituania en
1445 y en 1495, España en 1492, Portugal en 1497, y Bohemia y Moravia en 1744.
En las más diversas situaciones históricas, los judíos fueron hostilizados en
casi todos los países del mundo, aun aquellos en donde no estaban. El Japón de
hoy es un ejemplo de cómo la judeofobia puede existir aun cuando la comunidad
judía sea minúscula. Y China es frecuentemente citada como la excepción a esta
regla de la universalidad de la judeofobia.
3.
Permanente. En la mayoría de los lugares, la judeofobia
continúa años, décadas, e incluso siglos después de que los judíos han partido.
El rey Eduardo I expulsó a los judíos de Inglaterra en 1290, y su readmisión no
se produjo hasta 1650. Es notable que Shakespeare pudo crear su estereotípico
Shylock, el judío de "El Mercader de Venecia", después de tres siglos
en los que en su país no había judíos. La audiencia podía despreciar al judío y
burlarse de él, sin que ninguno de ellos, ni sus padres, ni sus abuelos, los
hubieran conocido en persona.
En el siglo XVII Francisco de Quevedo atacaba a su competidor literario, Luis de Góngora, aludiendo a su "nariz judía" y amenazando con que untaría sus poemas con tocino a fin de que los judíos no se los plagiaran... aunque éstos habían sido expulsados de su país hacía más de un siglo.
En Latinoamérica, Julián Martel escribe su novela "La Bolsa" en la que se acusa a los judíos de haber hecho quebrar la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en 1890, una época en la que virtualmente no había judíos allí.
Un último ejemplo: en 1968 el gobierno polaco lanzó una campaña por radio y televisión tendiente a "desenmascarar a los sionistas de Polonia". Casi treinta años después de que tres millones de judíos polacos fueran exterminados por los alemanes, en Polonia podía aún despertarse odio por una diminuta minoría que no alcanzaba al 1% de la población.
En el siglo XVII Francisco de Quevedo atacaba a su competidor literario, Luis de Góngora, aludiendo a su "nariz judía" y amenazando con que untaría sus poemas con tocino a fin de que los judíos no se los plagiaran... aunque éstos habían sido expulsados de su país hacía más de un siglo.
En Latinoamérica, Julián Martel escribe su novela "La Bolsa" en la que se acusa a los judíos de haber hecho quebrar la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en 1890, una época en la que virtualmente no había judíos allí.
Un último ejemplo: en 1968 el gobierno polaco lanzó una campaña por radio y televisión tendiente a "desenmascarar a los sionistas de Polonia". Casi treinta años después de que tres millones de judíos polacos fueran exterminados por los alemanes, en Polonia podía aún despertarse odio por una diminuta minoría que no alcanzaba al 1% de la población.
4.
Profundo. Como resultado de los atributos mencionados, los
estereotipos mentales en contra de los judíos están hondamente arraigados. Si
tenemos en cuenta que por siglos, cientos de millones de personas creyeron que
los judíos transmiten la lepra, que matan niños cristianos para sus rituales,
que dominan el mundo entero, que son una raza promiscua o criaturas diabólicas,
que Dios desea que sufran, u otras variantes, entonces se ve por qué la
judeofobia es tan fácil, por qué el judeófobo no debe invertir muchos esfuerzos
en despertar antipatías contra el judío, ya que no tiene más que echar mano a
la asociación mental apropiada a un momento determinado.
Se dice de Goebbels, el ministro de propaganda alemán durante el régimen nazi, que había distribuido un cartel que mostraba a un hombre montado en un bicicleta con la leyenda "La desgracia de Alemania son los judíos y los ciclistas". El lector se preguntaba ingenuamente "¿Y por qué los ciclistas?" y así la propaganda había cumplido con su objetivo. La profundidad de la judeofobia había hecho una buena parte del trabajo.
Se dice de Goebbels, el ministro de propaganda alemán durante el régimen nazi, que había distribuido un cartel que mostraba a un hombre montado en un bicicleta con la leyenda "La desgracia de Alemania son los judíos y los ciclistas". El lector se preguntaba ingenuamente "¿Y por qué los ciclistas?" y así la propaganda había cumplido con su objetivo. La profundidad de la judeofobia había hecho una buena parte del trabajo.
5.
Obsesivo. Para el judeófobo los judíos no son un enemigo; son
el enemigo. No ve satisfecho su impulso hasta que el judío no es
quebrado del modo más total. Durante los siglos XIX y XX en el imperio ruso las
palizas y asesinatos de judíos se difundieron a tal punto, que se acuñó el
término "pogrom" para definirlos. Y eran vistos por sus perpetradores
como el medio de salvar a la nación. "Byay Zhidov Spassai Rossiyu, Golpea
al judío y salva a Rusia" era su lema.
Ernest Cassirer reflexionó en "Modernos mitos políticos" acerca del discurso de despedida de Adolf Hitler a la nación alemana, antes de su suicidio el 30 de abril de 1945. ¿Cuál fue su mensaje? No recordó las glorias de Alemania, ni expresó dolor por la destrucción de su país; no se arrepintió del baño de sangre en el que acababa de sumir al mundo; ya no promete la conquista. Su atención sigue fija en un punto que lo obsesiona: los judíos, "el enemigo eterno". "Si soy vencido, la judeidad podrá celebrar"... Y si bien Hitler encarnó la judeofobia en su extremo máximo, la obsesividad es una característica reiterada.
Ernest Cassirer reflexionó en "Modernos mitos políticos" acerca del discurso de despedida de Adolf Hitler a la nación alemana, antes de su suicidio el 30 de abril de 1945. ¿Cuál fue su mensaje? No recordó las glorias de Alemania, ni expresó dolor por la destrucción de su país; no se arrepintió del baño de sangre en el que acababa de sumir al mundo; ya no promete la conquista. Su atención sigue fija en un punto que lo obsesiona: los judíos, "el enemigo eterno". "Si soy vencido, la judeidad podrá celebrar"... Y si bien Hitler encarnó la judeofobia en su extremo máximo, la obsesividad es una característica reiterada.
6.
Peligroso. Debido a su profundidad, con mucha frecuencia la
hostilidad contra los judíos desborda la discriminación y estalla en violencia
física. En casi todos los países en donde los judíos viven o vivieron, fueron
en algún momento sometidos a golpizas, tortura y muerte, por el único motivo de
ser judíos. Por ello toda expresión judeofóbica es potencialmente más peligrosa
que expresiones de aversión contra otros grupos. Por ejemplo, en todos los
países hay chistes xenofóbicos en contra de minorías. En los EE.UU. son los
chistes de polacos, en Inglaterra de irlandeses, en Brasil de portugueses, en
la Argentina de gallegos, en Suecia de noruegos, etc. Los chistes de judíos
pueden ser tan inofensivos como cualquiera de los otros. Sin embargo, si no
hubieran existido habido chistes de judíos en Europa durante uno o dos siglos
antes del Holocausto, la virulencia de la judeofobia podría haber sido menor, y
los nazis habrian encontrado menor apoyo para su genocidio. Para las otras
minorías mencionadas, no hubo hogueras, cámaras de gas y hornos crematorios. Y
la judeofobia se transmite en gestos, en chistes y en generalizaciones, mucho
más que en conferencias. Ulteriormente, cuando un prejuicio es tan peligroso,
los chistes pueden ser letales.
7.
Quimérico. Este bien puede ser el rasgo esencial. El odio de
grupo deriva usualmente de una incorrecta interpretación de la realidad. Si
como hoy, un francés odia a los argelinos porque corrompen su cultura, o un
alemán odia a los turcos porque le quitan sus puestos de trabajo, en ambos
casos la realidad ha sido mal interpretada. Ciertamente hay desempleo en
Alemania, pero no son los turcos los culpables de ello.
El caso de la judefobia difiere de la xenofobia mencionada. No hay que confrontarse con una interpretación incorrecta, sino con mitos. Los judíos son odiados por comer no-judíos en el pasado, o por dominar el mundo en el presente, por haber matado a Dios, o por haber inventado el Holocausto, o por promover las guerras, la esclavitud, el mal.
El caso de la judefobia difiere de la xenofobia mencionada. No hay que confrontarse con una interpretación incorrecta, sino con mitos. Los judíos son odiados por comer no-judíos en el pasado, o por dominar el mundo en el presente, por haber matado a Dios, o por haber inventado el Holocausto, o por promover las guerras, la esclavitud, el mal.
No es fácil contender con argumentos de
esta índole.
Incluso si hubiera odios que comparten
una o dos de estas características, no se encontrará uno que, como la
judeofobia, combine todas ellas. Que la encaremos de modo singular no
significa, por supuesto, minimizar el sufrimiento de otros grupos, o condonar
la persecución contra otras minorías cualesquiera. Todo aborrecimiento de
grupo, todo racismo y persecución deben ser repudiadas. Pero la judeofobia
sigue siendo el odio más antiguo, profundo, peligroso y quimérico, y si la
diluimos en un mar de discriminaciones y prejuicios, la entenderemos menos.
Empecemos por analizar cuándo se originó el fenómeno.
Seis Teorías sobre el Origen de la Judeofobia
Puede esgrimirse que la judeofobia
comenzó:
1.
con los primeros
hebreos, hace cuatro milenios;
2.
con la
esclavitud egipcia hace algo más de tres milenios;
3.
con el Retorno a
Sión, hace dos milenios y medio;
4.
con el helenismo
alejandrino, hace veintitrés siglos;
5.
con el
cristianismo, hace dos milenios;
6.
con el
totalitarismo moderno, hace algo más de un siglo.
En esta lección intentaremos descartar
las teorías 1,2,3 y 6. En la próxima nos concentraremos en la teoría 4, y en la
lección subsiguiente en la 5.
Sobre la teoría 1, digamos que rastrear
la judeofobia hasta la época patriarcal es incorrecto, tanto histórica como
teóricamente. Desde el punto de vista histórico, no es cierto que los judíos
hayan sufrido persecuciones por tanto tiempo. Aunque hay algunos versículos
bíblicos que evidencian un tono judeofóbico, extraeremos de la Biblia solamente
arquetipos que faciliten la comprensión, y no precisión histórica.
El primer ejemplo podría ser Abimelej,
el rey de Guerar en el Neguev, quien espetó al patriarca Isaac: "Alejate
de entre nosotros, puesto que te has hecho más poderoso que nosotros"
(Génesis 26:16). Este es un arquetipo de los argumentos que emplea la
judeofobia, especialmente porque el original hebreo puede leerse "Alejate
de entre nosotros, porque has prosperado a costa nuestra".
Desde la teoría, sostener como Hermann
Gunkel que con los primeros hebreos aparece la judeofobia, es dar por sentado
que las meras diferencias son la fuente del odio, y no la intolerancia
frente a la diferencias. Abraham no tenía por qué generar enemigos por el hecho
de proponer la distinción monoteísta; la judeofobia comienza con los
judeófobos, no con los judíos.
En cuanto a la teoría 2, quien sostenga
con Charles Journet que la motivación del Faraón era judeofóbica, debe tomar la
Biblia demasiado literalmente. Es cierto que el monarca egipcio expresa un
tercer argumento habitualmente empleado por judeófobos: que los judíos son una
quinta columna. Así lo enuncia el Faraón: "He aquí los hijos de Israel,
son más que nosotros y más fuertes. Actuemos contra ellos con astucia para que
no se multipliquen y, para que cuando nos acaezca una guerra, no se unan a
nuestros enemigos para combatirnos" (Exodo 1:9-10). Pero sería más
razonable atribuirle a los egipcios un intento xenofóbico de esclavizar a otros
pueblos, una práctica usual de la antigüedad, y no un odio específico contra
los judíos como tales.
Otros arquetipos de judeofobia que trae
la Biblia son los pueblos que atacaron a los hebreos gratuitamente, durante la
marcha hacia la Tierra Prometida. Los dos más destacados son Amalek y Midián,
precisamente por la gratuidad del ataque. En esos dos casos, a diferencia de
Moab, el trayecto de los hebreos no representaba amenaza alguna para ellos. Por
ello el ataque fue generado por la saña y a mansalva. Pero la historicidad de
esos combates es demasiado nebulosa como para que puedan considerarse comienzos
de la judeofobia.
Descartadas las hipótesis 1 y 2,
pasemos a explicar la 3, que señala el origen de la judeofobia en la época del
Retorno judío a Sión durante el siglo V a.e.c. Probablemente, de esta época
data el máximo arquetipo bíblico de la judeofobia, Hamán. En efecto, algunos
historiadores relacionan a este personaje con el rey persa Jerjes I, quien
habría sido el Ajashverosh (Asuero) del libro de Ester. De acuerdo con este
texto, Hamán fue el visir del rey que planeó el genocido de todos los judíos
del extenso reino. Y, otra vez, aun cuando la historicidad de los hechos no fue
demostrada, las palabras de Hamán tuvieron eco en las de los judeófobos de
todas las épocas: "Hay un pueblo disperso en todas las provincias... cuyas
leyes son distintas de las del pueblo, y no observan las órdenes del rey...
Escríbase que sean destruidos" (Ester 3:8).
Más allá de la Biblia, hay dos eventos
de ese siglo V a.e.c. que sí podrían marcar la génesis de la judeofobia. Uno en
la tierra de Israel (el ataque contra los que regresaban de Babilonia para
reconstruir Jerusalem) y otro en la Diáspora (la destrucción del templo judío de
Elefantina en Egipto).
Cuando Nejemías, en cumplimiento del
permiso que otorgara el rey Ciro de Persia, lideró el Retorno a Sión en el año
445 a.e.c., debió confrontarse con la activa oposición de Sanbalat I "el
enemigo" (Nejemías 6:1,16).
Tres décadas después, el templo que la
comunidad judía había erigido en la pequeña isla de Elefantina en el Nilo, fue
destruido. El templo se había levantado en el 590 a.e.c. y fue destruido en el
411 a.e.c. por los sacerdotes de Khnub con la ayuda del comandante persia
Waidrang. Pero más que un estallido judeofóbico, aquella destrucción parece
haber sido un acto fanático de egipcios que resentían el dominio persa.
Podemos concluir que los episodios de
Sanbalat y de Waidrang fueron aislados, y no dejaron huellas en la historia de
la judeofobia, que aún debía nacer. Esta conclusión nos deja con tres tesis,
las 4, 5 y 6.
Esta última fue sostenida por Hannah
Arendt, quien en "Los orígenes del totalitarismo" describe "el
antisemitismo como una ideología secular evidentemente diferente" del odio
religioso contra los judíos. Esta descripción es simplista. Por supuesto que
los partidos políticos judeofóbicos se crearon en Alemania en el los años
1880s, y por entonces ocurrió por primera vez que un régimen utilizara la judeofobia
como un medio calculado para obtener poder, pero lo importante no es cuándo la
judeofobia fue por primera vez un instrumento político, sino cuando apareció.
Es cierto que el siglo XIX trajo
consigo un nuevo tipo de judeofobia. Pero el fenómeno ya existía: es único
precisamente por su adaptabilidad a distintos contextos históricos. Esta
característica muestra tanto su permanencia como su singularidad.
Nos quedamos entonces, con las dos
teorías más aceptables. Las raíces de la judeofobia están o bien en el
helenismo, o bien en el cristianismo. En las próximas dos clases analizaremos
sendas posibilidades.
Bibliografía
La bibliografía general en la que se
basa el curso es:
·
"Historia
del antisemitismo" de León Poliakov, en cinco tomos.
·
"Antisemitismo"
de James Parkes, Ed.Paidós, Bs.As., 1965.
·
"Veintitrés
siglos de antisemitismo" de Edward Flannery, Ed. Paidós, Bs. As., 1964.
·
La bibliografía
especial, se irá ofreciendo en cada una de las clases.
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