SAÚL CHERNIJOVSKY
SAÚL CHERNIJOVSKY (1875-1943). Estudió en Odesa y se recibió de médico en 1907. Vivió en Rusia hasta 1921 y en Alemania hasta 1931, cuando emigró a Palestina. Es considerado como un gran lingüista y uno de los más destacados traductores de la literatura clásica al idioma hebreo. Escribió también una obra de teatro: Bar Kojva. Su poesía es un canto a la vida, y como judío se consideró ciudadano del mundo.
TRES VERDADES
Tres verdades hay en el mundo,
cada una con su aureola:
La verdad del heroísmo,
la verdad de la fuerza
y la verdadera -la de la belleza.
Cada generación elige entre ellas
mientras late su corazón y es fuerte su espíritu.
Las generaciones pasan y cada una espera a la siguiente.
Tres verdades hay en el mundo
y cada una con su brillo:
La verdad particular,
la verdad general
y la verdad del hombre -verdad absoluta.
Cada nación elige su verdad,
la adapta y reestructura hasta su disolución.
¿Y cuál es la nación que se regocija?
Tres verdades hay en el mundo
y cada una con su esplendor:
La verdad particular -verdad de la fuerza,
la verdad de la ley -verdad general
y la verdad de la belleza -que es absoluta.
La verdad particular -verdad de la maldad,
la verdad general -maldición, por la que eres juzgado
y la verdad de la belleza que asciende a lo alto.
autor: Saúl Chernijovsky
TRES VERDADES
Tres verdades hay en el mundo,
cada una con su aureola:
La verdad del heroísmo,
la verdad de la fuerza
y la verdadera -la de la belleza.
Cada generación elige entre ellas
mientras late su corazón y es fuerte su espíritu.
Las generaciones pasan y cada una espera a la siguiente.
Tres verdades hay en el mundo
y cada una con su brillo:
La verdad particular,
la verdad general
y la verdad del hombre -verdad absoluta.
Cada nación elige su verdad,
la adapta y reestructura hasta su disolución.
¿Y cuál es la nación que se regocija?
Tres verdades hay en el mundo
y cada una con su esplendor:
La verdad particular -verdad de la fuerza,
la verdad de la ley -verdad general
y la verdad de la belleza -que es absoluta.
La verdad particular -verdad de la maldad,
la verdad general -maldición, por la que eres juzgado
y la verdad de la belleza que asciende a lo alto.
autor: Saúl Chernijovsky
FRENTE A LA ESTATUA DE APOLO
He venido hasta ti, Dios olvidado por el tiempo.
Dios de siglos y otras épocas,
gobernante de masas de jóvenes mortales
¡Que despliegan su vigor con el ímpetu de la juventud!
Dios de una generación de gigantes y colosos sobre la tierra.
Conquistador con su brazo de los ámbitos superiores
para residencia de sus hijos, héroes coronados
con diademas de laurel en su altiva frente,
subyugador de los dioses y parecido a ellos.
Dador de nuevas bases en las deliberaciones de los gobernantes del mundo,
generación de Dios sobre la tierra, embriagado por la profusión de la vida.
Extraño a un pueblo enfermo y de las casas de sus dolientes. Dios juvenil, excelso, lozano, radiante en su belleza,
avasallador del sol y de los misterios de la vida
en la bruma de los poemas y en la intimidad de sus matices,
en el mar de las melodías y sus miles de tonos.
Dios de la alegría de vivir, en toda su magnificencia y majestad,
de su vigor y secretas imágenes en todos sus aspectos.
Me presento ante ti: ¿Me reconoces acaso?
¡Soy el judío y tenemos un litigio de siglos!...
Desde los océanos hasta los continentes
nos separa un abismo que se abre
y cubre con el estruendo de las muchedumbres.
La distancia entre el cielo y la tierra no es bastante
para cerrar la brecha que separa de ti
la ley de mis antepasados, de la religión de tus admiradores.
¡Tú que me observas! Mira hasta donde he llegado
alejándome más que todos aquellos que vivieron antes de mí
hasta ahora, de la senda que pisa el mortal.
Yo soy el primero de aquellos que vuelve a ti,
en un momento de lucidez, después de una agonía de generaciones,
rompiendo las cadenas del alma,
de mi alma viva extasiada en la tierra.
¡Viejo el pueblo – su Dios envejeció con él!
Sentimientos adormecidos en el interior de los desdichados,
reviven después de un encierro de cien generaciones.
¡La luz del Señor! Clama en cada uno de mis miembros.
¡Vigor, sí, vigor! ¡A cada hueso, a cada músculo!
¡Luz del Señor y vida!
Y heme aquí,
hasta ti he venido, frente a tu estatua me inclino,
tu estatua es símbolo de la luminosidad de la vida.
Me inclino, me arrodillo ante lo mejor y lo más sublime,
ante lo que ha dado vuelta al mundo entero,
ante lo más excelso de la creación,
ante lo más elevado de los secretos del universo.
Me inclino ante todas las formas del placer, que saqueó
una carroña humana y simiente podrida del hombre,
que atentó en contra de la vida en la fortaleza del Todopoderoso,
el Dios prodigioso del desierto,
el Dios tempestuoso, conquistador de Canaán –
al que aprisionaron más tarde con las correas de las filacterias.
Dios de siglos y otras épocas,
gobernante de masas de jóvenes mortales
¡Que despliegan su vigor con el ímpetu de la juventud!
Dios de una generación de gigantes y colosos sobre la tierra.
Conquistador con su brazo de los ámbitos superiores
para residencia de sus hijos, héroes coronados
con diademas de laurel en su altiva frente,
subyugador de los dioses y parecido a ellos.
Dador de nuevas bases en las deliberaciones de los gobernantes del mundo,
generación de Dios sobre la tierra, embriagado por la profusión de la vida.
Extraño a un pueblo enfermo y de las casas de sus dolientes. Dios juvenil, excelso, lozano, radiante en su belleza,
avasallador del sol y de los misterios de la vida
en la bruma de los poemas y en la intimidad de sus matices,
en el mar de las melodías y sus miles de tonos.
Dios de la alegría de vivir, en toda su magnificencia y majestad,
de su vigor y secretas imágenes en todos sus aspectos.
Me presento ante ti: ¿Me reconoces acaso?
¡Soy el judío y tenemos un litigio de siglos!...
Desde los océanos hasta los continentes
nos separa un abismo que se abre
y cubre con el estruendo de las muchedumbres.
La distancia entre el cielo y la tierra no es bastante
para cerrar la brecha que separa de ti
la ley de mis antepasados, de la religión de tus admiradores.
¡Tú que me observas! Mira hasta donde he llegado
alejándome más que todos aquellos que vivieron antes de mí
hasta ahora, de la senda que pisa el mortal.
Yo soy el primero de aquellos que vuelve a ti,
en un momento de lucidez, después de una agonía de generaciones,
rompiendo las cadenas del alma,
de mi alma viva extasiada en la tierra.
¡Viejo el pueblo – su Dios envejeció con él!
Sentimientos adormecidos en el interior de los desdichados,
reviven después de un encierro de cien generaciones.
¡La luz del Señor! Clama en cada uno de mis miembros.
¡Vigor, sí, vigor! ¡A cada hueso, a cada músculo!
¡Luz del Señor y vida!
Y heme aquí,
hasta ti he venido, frente a tu estatua me inclino,
tu estatua es símbolo de la luminosidad de la vida.
Me inclino, me arrodillo ante lo mejor y lo más sublime,
ante lo que ha dado vuelta al mundo entero,
ante lo más excelso de la creación,
ante lo más elevado de los secretos del universo.
Me inclino ante todas las formas del placer, que saqueó
una carroña humana y simiente podrida del hombre,
que atentó en contra de la vida en la fortaleza del Todopoderoso,
el Dios prodigioso del desierto,
el Dios tempestuoso, conquistador de Canaán –
al que aprisionaron más tarde con las correas de las filacterias.
CREDORíete, ríete de los sueños,
soy el soñador que habla.
Ríete porque crea en el hombre,
ya que aún creo en ti.
Mi espíritu aspira a la redención,
al becerro de oro, no me entregué
ya que aún creo en el hombre
y en su orado espíritu.
Las vanidades arrojará lejos de sí
y nos elevará por encima de las cosas.
No de hambre ha de morir el trabajador.
Libertad al espíritu, al necesitado pan.
Ríete porque crea también en la amistad,
creo que aún he de encontrar un corazón,
fruto de mis esperanzas y también de las tuyas
y que ha de comprender y sentir el dolor.
Creo también en el futuro,
aunque está lejos aún el día,
éste ha de llegar y con él, la paz
y la bendición para todos los pueblos.
Entonces florecerá mi pueblo.
Surgirá en mi país una generación
que lanzará lejos las cadenas
y casa a casa verá la luz.
Vive, ama, actúa y hace
una generación en mi país
y no en el futuro, y no en las nubes
ya que la vida espiritual no le es bastante.
Un nuevo canto canta el poeta,
a la belleza está su corazón presto.
Recogen de mi tumba para el joven
un ramo de flores.
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