Jaim Najman Bialik (también escrito como Chaim N. Bialik, en hebreo: חיים נחמן ביאליק) (Radi, Volinia, Ucrania, 9 de enero de 1873 — Viena, 4 de julio de 1934) fue un poetajudío, considerado uno de los más influyentes de la lengua hebrea y poeta nacional de Israel.
Una de las poesías más famosas de Bialik fue escrita después del pogromo de Kishinev (con traducción):
קוּם לֵךְ לְךָ אֶל עִיר הַהֲרֵגָה וּבָאתָ אֶל-הַחֲצֵרוֹת
וּבְעֵינֶיךָ תִרְאֶה וּבְיָדְךָ תְמַשֵּׁשׁ עַל-הַגְּדֵרוֹת
וְעַל הָעֵצִים וְעַל הָאֲבָנִים וְעַל-גַּבֵּי טִיחַ הַכְּתָלִים
אֶת-הַדָּם הַקָּרוּשׁ וְאֶת-הַמֹּחַ הַנִּקְשֶׁה שֶׁל-הַחֲלָלִים
| En la ciudad masacrada
Levántate y ve a la ciudad masacraday con tus propios ojos verás, y con tus manos sentirásen las cercas y sobre los árboles y en los murosla sangre seca y los cerebros duros de los muertos...
La Vida de J.N. Bialik
Por Belkis Rogovsky
Jaim Najman Bialik, poeta por excelencia del renacimiento hebreo, nació el 30 de diciembre de 1873 en Rady, pequeña aldea de Wolhynia en Rusia.
A los seis años su familia se estableció en Zitomir y su padre abrió una taberna junto al camino de la localidad. Carente de experiencia comercial le fue imposible mantener a su esposa y a sus siete hijos, y para mayor desgracia murió joven dejando a su familia en la miseria. En la poesía "Avi", (Mi padre) el poeta relata que dentro de la taberna al resguardarse de los borrachos, entre las rodillas de su padre, lo veía atender a los clientes y a la vez susurrar las plegarias cotidianas. Siendo un niño sensible Bialik percibía el sufrimiento y la afrenta que debía sentir su padre en tan degradante trabajo. Muy conmovedora es la frase en donde Bialik expresa: "la imagen de mi padre guardé en mi corazón, la convoco y aparece frente a mí". Asimismo, el célebre poeta, contempla a su padre caminar lentamente como un buey extenuado que acarrea un pesado yugo. En el poema "Shirati" (Mi canción) Bialik evoca el cuadro familiar que envolvió su triste infancia. Él mismo cantó en forma patética el triste ambiente de indigencia que respiró en su niñez. En la poesía citada anteriormente Bialik retrata a su madre como una mujer valiente y enérgica, una auténtica "Madre de Israel", aunque ella se confiese desamparada y desolada. Nuestro poeta describe cómo su madre al levantarse ordenaba su hogar y luego amasaba incesantemente hogazas de pan que llevaba al mercado para la venta. El final de la poesía capta la huella que las lágrimas, por ella derramadas, dejaron en la masa del pan. Las mismas penetraron, embebiendo las entrañas del poeta y aquel pesar, aquel dolor, aquella angustia se aglutinaron y dieron forma a sus versos emotivos, profundos y trascendentes. Con la muerte de su padre, el joven Bialik fue llevado a la casa de su abuelo paterno en los afueras de Zitomir. Su abuelo, que vivía una vida del todo consagrada a las prácticas piadosas, proporcionó a su nieto una densa formación espiritual. Bialik halló en casa de su abuelo numerosos libros sobre temas cabalísticos, jasídicos, y también sobre filosofía judaica de acreditados autores como: Maimónides, Yehudá Haleví, Yosef Albo y otros que leía a escondidas. Toda esta lectura nutrió y contrarrestó la influencia jasídica que circundó su temprana juventud. Junto a sus parientes y en contacto con la naturaleza, la cual aquietaba su joven organismo y, a la vez, lo reanimaba del cansancio provocado por sus estudios, aprendió a montar a caballo, y a practicar algunos deportes como la pesca y la natación. La lectura de literatura no judía, y de libros de Haskalá, provocó en él luchas internas que revelaron sus ansias de abandonar Zitomir e ir en busca de nuevos espacios. Por aquellos tiempos Bialik descubrió a Ajad Haam, gran escritor hebreo contemporáneo, por quien siempre sintió verdadera admiración y devoción. En 1891 se publica en el periódico Ha-pardés de la ciudad de Odesa su primer poema "El Hatzipor" (A un pájaro). Fue dentro de este círculo literario, en Odesa, donde el poeta afirmó su vocación literaria. Bialik regresó a la casa de su abuelo y encontró la casa de estudios, el Beit Ha-midrash vacío: los tiempos habían cambiado, los estudiantes habían abandonado el nido. En el poema Al saf beit ha-midrash, (En el umbral del Beit Ha-midrash) Bialik nos cuenta que a su regreso permaneció frente al mismo y su malestar fue inmenso al ver el arón ha-kodesh (el arca), desprovisto del sefer torá y los rollos sagrados enmohecidos dentro de un tonel. El poeta lloró por la destrucción de la casa de estudios percibiendo su propia destrucción. Contrajo matrimonio en 1893 y ayudado por su suegro se dedicó al comercio de madera. Finalmente su vocación pudo más y en 1897 consiguió trabajo como maestro de hebreo y publicó varios poemas, entre ellos, Im iesh et nafshejá ladaat, (Si tu alma quisiera saber) y Ha-matmid, poema en el cual no puede comprender el despilfarro feroz de tantas energías. Su enfoque había variado, ya no aceptaba pasivamente la educación tradicional de la escuela sinagogal e incluso trató de persuadir al Matmid y a todos los que lo rodeaban de la inutilidad de sus esfuerzos. El poeta ha sido Matmid, pero ha abandonado su nido. Fue seducido por los vientos libres, por la luz, por la nueva canción (Levadi) pero de ningún modo renegó de su antiguo Beit Ha-midrash. Deseaba encontrar un camino de integración entre el antes y el ahora. Regresó a Odesa, la ciudad de las luces, en 1900. Movido por un agradable recuerdo, fundó la editorial "Moriah" y permaneció allí hasta 1921. En 1901 apareció su primer libro de poemas y fue aclamado como el poeta de la resurrección nacional. Los pogroms sucedidos en Kishinev inspiraron sus dos poemas, Al Hashjitá (Sobre la matanza) y Beir Ha- hareiga (En la ciudad de la matanza). Ayudado por su amigo Máximo Gorki, logró obtener pasaportes en Moscú y abandonar la Unión Soviética. Se dirigió a Berlín y fundó la editorial Dvir. Finalmente se trasladó a Israel en 1924 y se estableció en Tel Aviv. Después de una ardua tarea como editor, escritor y poeta falleció en Viena el 21 de Tamuz de 1934 . Fue sepultado en Tel Aviv, junto a los restos de Ajad Haam y de Max Nordau. Bialik tradujo, entre otras cosas, El Quijote, de Miguel de Cervantes Saavedra, Guillermo Tell, de Schiller y El Dibbuk, de Ansky. Además escribió poemas para niños, compiló y editó junto a Ravnitzky un libro de midrashim y agadot, denominado "Sefer Ha-agada", fue miembro de la comisión de la lengua hebrea, participó de la asociación de escritores y escribió en idish poemas sobre la naturaleza y poemas nacionales que fueron publicados en un libro específico.
Jaim N. Bialik innovador de la Lengua Hebrea
Jaim Najman Bialik es considerado también un innovador de la lengua hebrea.
El poeta insufló al idioma vitalidad y naturalidad al utilizarlo en forma simple y clara pero a la vez llena de expresiones y términos pertenecientes al Tanaj, (Antiguo Testamento) a la Mishná, al Midrash y a la plegaria. La creación de nuevas palabras y expresiones idiomáticas diversas permitió el enriquecimiento de la llamada lengua sagrada y facilitó la recuperación de vocablos considerados antiguos. Desde el momento en que se estableció en Eretz Israel, en 1924, trabajó intensamente en la renovación del idioma. Fue elegido presidente del Vaad Halashón (comité de la lengua), cargo que desempeño hasta su muerte. Asimismo publicó la primera edición del diccionario de terminología técnica. A pesar de no ser lingüista, tuvo la capacidad, la sensatez y el acierto para encuadrar a los nuevos vocablos dentro de la musicalidad y estructura del idioma, además de proporcionarles animación a fin de ser aceptadas por los hebreo parlantes. En su articulo “descubrimiento y cobertura del idioma” señaló su objetivo: iluminar palabras a fin de devolverles su decoro. En otro de sus artículos mencionó que la renovación del idioma hebreo sólo acontecería con el renacimiento completo del habla hebrea. |
A la hora del crepúsculo
A la hora del crepúsculo ven hacia la ventana
y reclínate sobre mí,
rodea amorosamente mi cuello, pon tu cabeza sobre la mía,
y así, a mi vera, permanece.
Dulcemente abrazados, en silencio, hacia la maravillosa luz,
levantaremos nuestros ojos;
y soltaremos libremente a la faz de los cielos luminosos
todas las ansias de nuestro corazón.
Se remontarán hacia lo alto, con presto volar, como palomas;
en la lejanía, como perdiéndose, se celarán,
y hacia las colinas de púrpura, las islas por la luz doradas,
con vuelo remansado bajarán.
Ellas son las islas remotas remotas, los mundos superiores,
que en nuestros sueños contemplamos,
las cuales nos convirtieron en peregrinos bajo todos los cielos
e hicieron de nuestra vida un infierno.
Ellas son las islas de oro, por las cuales ansiamos
como por la tierra patria,
por la que todas las estrellas de la noche envían sus guiños
con su rayo de luz parpadeante.
Por ellas hemos quedado como tallos en tierra árida,
sin amigos ni compañía;
como dos errantes, en perenne errabundez,
sobre la faz de una tierra extraña.
Poema extraído de Poesía Hebraica Postbíblica
Millás Villacrosa (traductor y compilador)
José Janés Editor
Barcelona, 1953
Millás Villacrosa (traductor y compilador)
José Janés Editor
Barcelona, 1953
| A un pájaro |
Poema extraído de Poesía Hebraica Postbíblica
Millás Villacrosa (traductor y compilador) José Janés Editor Barcelona, 1953 |
| Canción del trabajo y la labor | |
Traducción de Belkis Rogovsky
http://www.bialikencastellano.com/
Poemas de Jaim Najman Bialik
A la hora del crepúsculo
A la hora del crepúsculo ven hacia la ventana
y reclínate sobre mí.
Rodea amorosamente mi cuello, pon tu cabeza sobre la mía,
y así, a mi vera, permanece.
Dulcemente abrazados, en silencio, hacia la maravillosa luz,
levantaremos nuestros ojos
y soltaremos libremente a la faz de los cielos luminosos
todas las ansias de nuestro corazón.
Se remontarán hacia lo alto, con presto volar, como palomas;
en la lejanía, como perdiéndose, se celarán;
y hacia las colinas de púrpura, las islas por la luz doradas,
con vuelo remansado bajarán.
Ellas son las islas remotas, los mundos superiores
que en nuestros sueños contemplamos,
los cuales nos convirtieron en peregrinos bajo todos los cielos
e hicieron de nuestra vida un infierno.
Ellas son las islas de oro por las cuales ansiamos
como por la tierra patria,
por la que todas las estrellas de la noche envían sus guiños,
con su rayo de luz parpadeante.
Por ellas hemos quedado como tallos en tierra árida,
sin amigos ni compañía;
como dos errantes, en perenne errabundez,
sobre la faz de una tierra extraña.
A un pájaro
¡Bendito sea tu regreso, pájaro amable,
desde las tierras templadas hacia mi ventana!
¡Cuánto ansió mi alma por tus melodiosos trinos
cuando en el invierno abandonaste mi morada!
Canta, pájaro hermoso, cuéntame
maravillas de los países lejanos.
¿Acaso allí, en la tierra templada y hermosa,
abundan también las penas, las calamidades?
¿Acaso me traes buenas noticias de mis hermanos de Sión,
de mis hermanos tan alejados y a la vez tan próximos?
¡Ay, hermanos felices! ¿Acaso pueden sospechar
que yo, infeliz de mí, he de soportar tales quebrantos?
¿Acaso pueden barruntar el cúmulo de enemigos que aquí me rodean,
el número de adversarios que contra mí se levantan?
¡Cuéntame, pájaro mío, las maravillas de aquella tierra
en la cual la primavera mora perennemente!
¿Acaso me traes buenas noticias de lo mejor de aquella tierra,
de sus valles, de sus llanos y hoyadas, de sus cumbres?
¿Acaso el Señor ha perdonado, ha compadecido a Sión,
si es que aun ella yace abandonada entre sepulcros?
El valle de Sarón, los alcores del incienso,
¿aún siguen produciendo su mirra, aún florece allí su nardo?
¿Acaso despertó de su antiguo sueño entre los bosques
el viejo Líbano, soñoliento y amodorrado?
¿Aún desciende, como aljófar, el rocío sobre el monte Hermón;
aún desciende y cae pródigamente como lágrimas abundantes?
¿Cuál es la suerte actual del río Jordán y de sus luminosas aguas?
¿Qué noticias traes de sus montes y colinas ondulantes?
¿Acaso se apartó de sobre ellos la pesada nube
que extendía calígines y sombras de muerte?
¡Háblame, pájaro mío, acerca de la tierra que meció
la vida y la muerte de nuestros padres!
¿Acaso se mustiaron los vegetales que yo allí planté,
de análogo modo como yo mismo me he mustiado?
Quisiera recordar los días en los cuales yo florecía a la par de ellos,
pero al presente me encuentro envejecido, abandonáronme mis fuerzas.
¿Me contarías, pájaro mío, el secreto de todo hálito de planta
y lo que sus hojas te han musitado?
¿Acaso albriciaron misericordias, si es que esperaron en días nuevos?
¿Sus frutos estremeciéronse de emoción, como el Líbano?
¿Acaso mis hermanos, los que con lágrimas sembraron,
pudieron segar, con cantos, sus gavillas?
¡Quién me diera alas y volaría hacia la tierra
en la cual florece el almendro y la palma!
Y yo, ¿podré contarte, pájaro amable?
¿Qué palabras esperas oír de mi boca?
Ciertamente de esta orla de tierra fría cánticos no escucharás,
sólo elegías, sólo lamentos, sólo sollozos.
¿Te contaría yo, en cambio, las calamidades que se oyen,
que se saben en las tierras que nos rodean?
¡Ay!, ¿quién podría contar el número de tales adversidades,
de las persecuciones que se promueven y pasan?
¡Oh, pájaro mío, escápate hacia tu monte y tu desierto!
Feliz tú si abandonas el ámbito de mi tienda;
si habitaras conmigo, también tú, oh alado cantor,
llorarías, amargamente llorarías mi suerte.
Pero ni el llanto ni las lágrimas pueden ser mi bálsamo;
en ningún modo ellos podrán curar mis heridas.
Ya mis ojos, exhaustos de llorar, se han secado, llenóse el odre de las lágrimas;
hace tiempo que mi pobre corazón ha sido pisado como la hierba.
Consumiéronse ya las lágrimas, pasaron ya los plazos
y no adivino el término para mi dolor.
¡Bienvenido sea tu regreso, pájaro hermoso,
suaviza tu voz y en cánticos prorrumpe!
* Poemas extraídos de “Poesía Hebraica Postbíblica”. Millás Villacrosa (traductor y compilador). José Janés Editor, Barcelona, 1953.
Canción del trabajo y la labor
¿Quién nos salvará del hambre?
¿Quién nos alimentará con mucho pan?
¿Y quién nos dará un vaso de leche?
¿A quién agradeceremos?, ¿a quién bendeciremos?
¡Al trabajo y la labor!
¿Quién nos brindará abrigo cuando haga frío?
¿Y quién en la oscuridad nos ofrecerá luz?
¿Quién extraerá agua del pozo?
¿A quién agradeceremos?, ¿a quién bendeciremos?
¡Al trabajo y la labor!
¿Y quién plantó árboles en el jardín,
para frutos y para sombra, toda clase y especie?
¿Y quién en los campos sembró cereales?
¿A quién agradeceremos?, ¿a quién bendeciremos?
¡Al trabajo y la labor!
¿Quién nos preparó una pequeña morada,
una cerca para el jardín, una barda para el viñedo?
¿Y quién se esforzó y quién se preocupó en honrar el Shabat y las festividades?
¿A quién agradeceremos?, ¿a quién bendeciremos?
¡Al trabajo y la labor!
Por eso trabajaremos, por eso nos cansaremos,
siempre, durante los días laborables.
¡Pesado es el yugo, agradable es el yugo!
Y en los momentos de ocio entonaremos a viva voz
canciones de agradecimiento, canciones de bendición
al trabajo y la labor.
Traducción: Belkis Rogovsky
A MI MUERTE
A mi muerte deplórenme así:
hubo un hombre – y vean: no existe más.
Antes de tiempo murió este hombre
y su canto se interrumpió en la mitad.
¡Es triste! Un canto más tenía –
y ahora se perdió esta melodía para siempre.
¡Para siempre jamás!
¡Cuán triste! Una lira tenía,
un alma viviente y departidora
y el poeta en su palabra
todos sus secretos reveló,
su mano expresó cada matiz.
Un misterio en su seno ahogó,
y entre sus dedos se le escurrió,
un acorde que quedó mudo.
¡Mudo hasta hoy!
¡Qué pena!
Toda su vida tembló ese acorde,
silencioso tembló, silencioso vibró
hacia su melodía, amor redentor
anhelante, sediento, pesaroso, deseado,
se afligía ante la espera.
Y si se demoraba – cada día aguardó
y con un oculto clamor la invocaba,
mas ella se demoraba y no llegó.
¡Y no llegó!
¡Cuánto dolor!
Hubo un hombre – y vean, no existe más
y su canto se interrumpió en la mitad.
Otro canto tenía
y ahora este canto se ha perdido para siempre.
¡Para siempre jamás
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