Blanca ebriedad de jazmín
colma sin favor de viento
este íntimo aposento
cerrado a cal y confin.
¿De qué remoto jardín
y por qué invisible grieta
violó la clausura asceta
de estas mis cuatro paredes?
Dímelo tú, salsipuedes,
laberinto de poeta.
Prodigo que tal me tañe
y la luz que tanto me irisa
no son astucias de brisa
ni magia verde que engañe.
de dentro surtió el clavel.
Huele a albahaca el papel
y a dompedro sevillano
cuando remueve la mano
un libro de Rafael.
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