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miércoles, 14 de noviembre de 2012

{185} Romance del Nansa

Yo bien quisiera cantarte,
río amigo, río Nansa,
como cantara a otros ríos
que por las venas me cantan.

Los nacidos, no al rumor
que alterna el mar en la playa,
sino a su beso tan niño
en la machina y la rampa.

dormimos luego y soñamos
o velamos en la grava,
oyendo o viendo la fiesta
del agua dulce, del agua.

Sus transparentes espumas,
burbujas, guijas y charlas
nos maravillan de cuentos,
nos inventan otra infancia.

Como esa música tersa,
sin latidos, resbalada,
que hace el sueño con la vida
y la piedra con el agua,


no hay otra, no hay un consuelo
para el hombre y su nostalgia
como la queja hecha risa
del río, todo de alma.

Así eras tú,río claro,
río mozo, río Nansa,
así eras tú sin temores
bajo la peña giganta.

Si un argayo, el fabuloso
ojáncano te arrojaba,
saltabas al cielo estrecho
en mil júbilos de lanzas,

y te reunías contigo
en tu lecho de cascadas
rodeando al torpe intruso
y royéndole las calzas.



Y cuando el cuello ofrecías
a yugo y puente de tablas,
yo te escuchaba tu égloga
desde el balcón de Tudanca.

Yo bien quisiera cantarte
y entretejer con mi flauta
en tu solo de rabel
una rústica sonata.

Pero una hórrida ortopedia
ha lisiado tu garganta
y vacío de ti mismo
enmudeces por La Lastra,


hacía Cosío agonizas,
te arrastras a Puentenansa
esperando a los arroyos
inocentes que te salvan.

Y cuando en la Tina vuelcas
tu viril son de venganza,
tu querella el mar asume,
río mártil, río Nansa






































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