Sube tú, niño romero,
a la Bien Aparecida.
Trepa tú apartando helechos
por esa ladera pindia.
Cómo suenan las abejas
en el sol del mediodía.
El gusanico del tren
desde arriba
qué diminuto se escurre,
tuerce,cabalga el Asón
-túnel- de Marrón a Limpias.
La Virgen ya te esperaba
alzándome de puntillas.
Entra tú,niño romero,
en la ermita
y tu cabeza rapada métela en el hueco santo
de la piedra húmeda y fría.
Ya no tendrás más dolores,
pesadumbres ni malicias.
Rézale, niño, una salve
a la Bien Aparecida.
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