Siniestra nube envuelve en su placenta
de Piedra y rayo a la malventurada
lóbrega luz y ya al nacer violada
que al cielo ultraja y a la tierra afrenta.
Torpe sopor mis venas acrecienta,
enloquecen los potros la llanada
y en el cráneo retumba, abovedada,
la predestinación. es la tormenta.
El ángel leñador blande y arroja
el hacha, ciega y lívida, a destajo.
Tiembla el tronco infeliz, tiembla la hoja,
y la humana entereza se despuebla,
porque la noche se ha agrietado al tajo
de un fulgor de novísimo en tiniebla
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