La vi en la hierba,abandonada, rota
y me la traje a casa. Aquí en la mesa
donde trabajo en sueños, duerme o flota
su torso estilizado de princesa.
Es una rama tierna y quebradiza
de leñoso peral. La eterna danza
-mitológica fábula- me hechiza
y me incluye en su rueda de esperanza.
La gracia universal torna y retorna,
savia de luz y sangre de amor puro.
Un solo ritmo a la razón soborna
cerrándose en anillo alto y maduro.
Con qué nubilidad la rama tuerce
la linea de su escorzo, interrumpida
cuando frente a la norma del alerce
creía en la belleza de la vida.
¿Y quién sabrá dónde la muerte empieza?
Líquenes,hongos de escritura rúnica
ya recaman, ya estofan su corteza.
Reina de Saba no visitó esa túnica.
Y a trechos la piel abre su ceniza
para mostrar desnuda -quién pudiera
pintar de su rubor el ala huidiza-
la carne angelical de la madera.
Todo mi cuerpo al contemplar la rama
en su ser vegetal se corrobora
y un recuerdo magnánimo me llama
de cuando fui ilusión de árbol que llora.
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