Ayer tarde,mi bien, cuando te hablaba,
tan triste y tan lejana te sentía
sin saber consolarte en tu amargura,
que al despedirme, bajo el aguacero
mi corazón deshecho destilaba.
Al buscar mi refugio solitario
rozando opacidades transparente,
oí decir a mi espalda: el arcoiris.
Y volví la cabeza. Era verdad.
Un arcoiris turbio aún, gigante,
convaleciente en lecho de negrores,
prometía a las almas esperanza
Tú,bajo el techo, no supiste el signo,
para algo de consuelo, algo de cielo
descendió hasta tu frente iluminándola
de pálidos matices besadores.
El arcoiris es espectro y arco
y la flecha invisible al blanco apunta,
es ella la luz blanca, la unitaria
y dardeando el corazón. Escucha:
Por la sangre se empieza, el rojo vivo,
sigue el anaranjado, aroma intenso
que en fiebre de amarillo nos enferma.
El verde, el campo,la esperanza. arriba
los ojos, el azul del cielo.
Húndete ahora en el añil del mar,
que la muerte violeta nos espera.
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