Acodada en la losa
de mármol del café,
como la dama rosa
del lienzo de Manet,
estabas pensierosa
y sin saber por qué.
¿Pensabas allá lejos
en el color del mar?
¿Perseguías reflejos
de nubes en Dakar?
¿Deslumbradas espejos
ciegos de tanto amar?
Acodada en la losa
lívida del café,
como una frágil rosa,
triste rosa de té,
soñabas en la fosa
que se te abría al pie.
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