AL verte aquel día
vestido de luces,
me bailó por el talle una zambra
de luces y frunces.
Otra vez mi cuerpo
de mis quince años,
jugando a los toros allá en la alameda
con chiquilicuatros.
Cabeza de toro,
el mimbre y las astas.
Muleta y capote de aquel maletilla
que fué a Salamanca.
Espada de palo,
banderillas rizas,
Lección de toreo -bautismo de estética-,
viriles primicias.
Músicas juncales
de los pasodobles
y el descubrimiento del sur perezosa
que me reconoce.
Sierras,vegas,ríos,
toda Andalucía
que viene a mi encuentro volcada en un toro
de infancia y de brisa.
Déjamelo solo,
tráemelo que juegue.
Pasa, pasa y pasa; cuádrate que quiero
jugar a la muerte.
Ay, mis quince años
como quince rosas,
como quince verónicas lentas
que se me deshojan.
al verte, Gallito,
vestido en la plaza,
comprendí que el secreto del tiempo
sin vuelta ni trampa
lo lleva el torero
que rige la lidia
la llave la lleva la espada heredada
de la dinastía,
y un pase ayudado
de los que tú trenzas
dibuja en el aire siglos de fragancias
de egipcias soleras.
Vistete de luces,
ciñete en las suertes,
cúbrete de espumas,replica la gloria
de los Rafaeles.
Guiña tus malicias,
hechiza tus flechas,
y el doblar el lance, delicadamente
tuerce la cabeza:
que una sola gota
de esa mar de sangre
que nos arrebata,
nos pinta los labios de sales y soles,
nos unge las sienes de fiebre y de nácar
No hay comentarios:
Publicar un comentario