Desde el cántabro mar que mi niñez limita
en elásticos círculos norteños,
subí,no a la asta Soria,heroica y eremita,
sino a la de los líricos,errantes,libres sueños
de Bécquer, el celeste paria
burlado de una clara fantasma estrafalaria.
Pobre Gustavo Adolfo, héroe de tus leyendas,
enamorado de un rayo de luna verde
-¿mujer,esencia,sueño?-,que te esquiva y se pierde
entre los troncos crédulos,por las cándidas sendas.
Tu soria pura, Bécquer, contigo en el camino
musical del caballo que te lleva a Veruela.
Si la cabeza vuelves, ves la amarilla muela
del castillo -tan lejos- vespertino.
Tu fantasma hecho forma -mujer de piedra-vela
"en la imponente nave del templo bizantino".
Ya el monte de las Ánimas te sepulta su loma
Ya ni el castillo emerge del lindero.
¿Por qué cierras los ojos? ¿Ves mejor así al duero?
Calla.¿Le oyes? Por huertas de Templarios asoma.
la presa airosa salta, tuerce su cauce huidero:
con voluntad sonora
limita,impulsa,espeja y ríe y llora.
Poetas andaluces
que soñasteis en Soria un sueño dilatado:
tú, Bécquer,y tú, Antonio,y buen Antonio Machado.
que aquí al amor naciste y estrenaste las cruces
del dolor ,de la muerte....
Desde el cántabro mar,
también, como vosotros subí a Soria a soñar.
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