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miércoles, 28 de septiembre de 2011

{53} La Penúltima

La penúltima fue. De blanco y oro.
El aire rosa y oro, azul el cielo.
Qué andar el suyo o navegar sonoro,
la estela del capote por el suelo.
La penúltima fue. No lo sabía
nadie. ¿Él acaso? Oh nave de tristeza.
Su elegancia de mástil que no arría
irradiaba coronas de nobleza.

El mar, el mar sí lo sabía, extraño,
amargo en sales,muerto de espejismo;
tan cerca, allí a los pies, tan aledaño,
se cuarteaba en sierpes de guarismo.

La tarde fue triunfal.La luz temblaba,
la bellísima luz santanderina.
La dársena redonda redundaba
de excelsitud,de abismo y de doctrina.

Y por la frente de Manuel,un pliegue,
una arruga de sien a sien se ahonda.
Guadalquivir al mar, ¡que nunca llegue
la onda medida a la infinita onda!

La penúltima fue. Sobre la última,
sobre el naufragio en la alta mar o alberca,
flota incólume,entera, la penúltima,
la vencedora en la memoria terca.

No.La vida y su símbolo el toreo
no son cadena,no, de ultimidades.
Eslabón a eslabón forja el trofeo
del "pudo ser" sus férreas voluntades.

Toda la vida es casi y es apenas.
Todo el bosque - tan claro- suelto olivo.
Y miramos atrás por las arenas
del ruedo eterno el tiempo redivivo.

"Déjalo estar",repite el Sumo Diestro
a su peón de brega y de guadaña.
La penúltima luz nimba al maestro.
Siempre es la hora penúltima en España.

Señor,Señor, aplícanos la venda.
Ciéganos de esperanza peregrina.
Que la faena se cumpla y no se entienda
de tan plena y redonda y cristalina.

La penúltima es. Siempre presente.
Un bosque de penúltimas nos tapa
el horizonte libre, el disolvente.
Verónica de olvido abre su capa.

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