Así es como yo te quiero,
siempre,sí,banderillero.
Como lo eras,Ignacio,
como lo que eras y eres.
gloria y pelea de hombres,
cuchillo de las mujeres.
Porque siempre y todavía
nuestra carne nos desgarras
yéndole al toro despacio,
-sin nadie,de frente,Ignacio-
e hincando en las alpujarras
dos centellas verticales,
mientras la burlada sierra
su ciego derrote yerra
y muge al azul venganza
por los rayos paralelos
que llovieron de los cielos.
Yo aquí te tengo y te guardo
desafiando -¡toro, je!-
(¡Qué huracán viril,qué imán
cuando decías "muhé"!).
Altos los brazos le citas
-tú en el sol,él en la sombra-
y el toro que se te arranca
y tú que a él te precipitas,
trompa contra catarata,
y otro par que desbarata
el choque por la tangente.
Fragosa,apretada,urgente,
la ovación se vuelve loca,
y ruge y rabia la roca
revolviendo el terremoto
de sus vulcánicos huesos,
alzando al cielo el exvoto
de los dos palos ilesos.
Y ahora, Ignacio,se dibuja
en tu frente el desvarío.
Si no cabe ni una aguja
entre las tablas y el asta,
¿cómo va a pasar un río,
un vértigo,un hombre? Basta...
¡Basta! Y no me haces caso
y rompes a abrirte paso
al hilo de la rendija.
Ay, mariposa siniestra,
clavada en la suerte,fija.
Aparta de mí,sí, aparta
tanto presagio y el llanto
de aquel novio de la Muerte.
Que no,que yo quiero verte
libre del cuerno que ensarta,
glorioso,incólume,y canto
tu hombría de púgil diestro,
tus prodigios de maestro,
y con las hembras sorbidas
que te amaron,pavoridas,
a latigazos de arterias
y corazones en vilo,
quiero cantar el radiante
apogeo de tu estilo.
Porque así es como te quiero,
como un torero,un infante
de compás firme,audacísmo,
clavando uno,dos,tres pares,
y en un cuarto airoso,limpísimo,
al ras de los costillares.
Porque así es como te quiero,
como lo que eres,Ignacio,
siempre tú, banderillero.
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