Buscador del Blog

2

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La Desjudaizacion de La Juventud Israeli


Sobre este artículo: Fecha de publicación: 1-Ene-2000


Por: Dan Laor
En este artículo, el autor nos pone al tanto de la relación entre la juventud judía israelí y la literatura israelí, la utilización de símbolos extrídos de la tradición, etc. La pregunta de la continuidad judía cobra un nuevo sentido en este artículo.


Hasta hoy en día, la dramática pregunta de Akiva Ernst Simon1 "¿Seguimos siendo judíos?" continúa resonando en nuestros oídos como expresión del hondo temor que manifiesta cierto sector modelador de la cultura israelí oriundo de Europa, ante el alejamiento de los nacidos en Israel de las fuentes judaicas, la tradición y la identificación natural con "el destino" judío. A posteriori, dichas expresiones de recelo nos parecen características del discurso público de los años cincuenta: no es casual, por ejemplo, que el articulo en el que Simon expone esa acuciante pregunta se haya publicado en el Almanaque de "Haaretz"2 de 5711 (1950), tan sólo un año antes de que Kurzweil3 diera a conocer su famoso ensayo sobre los cananeos,4 editado en el Suplemento de "Haaretz" de 5710 (1949). El mismo temor vertebrado por Simon a raíz de cierta actitud ante la sociedad y la cultura en general es el que Kurzweil puso de manifiesto con respecto a la literatura. En buena medida, gran parte de su crítica nació bajo la impronta de esa vivencia: si bien la desjudaización de la literatura hebrea de su tiempo no era un fenómeno nuevo, se agudizó en la realidad eretz— israelí totalmente secular, en el suelo de la vieja patria renovada. Más allá de otras consideraciones, la hostilidad de Kurzweil ante la joven literatura nativa de su tiempo, se nutría de la aguda sensación de que los escritores jóvenes se hallaban casi por

completo desconectados de la cultura judía, no guardaban relación alguna con el legado judío y todo lo que él implica, y que la alternativa sobra que proponían era, a su gusto, un fenómeno efímera, yermo y superficial, destinado a perecer tarde o temprano. En ese contexto, el ensayo de Kurzweil sobre ‘los jóvenes hebreos" constituye la punta de lanza de su crítica a la literatura y la cultura israelíes, pues los consideraba una vanguardia intelectual capaz y peligrosa, que ante todo ponía de manifiesto la renuncia consciente y absoluta a los contenidos judíos de nuestra vida en Israel. Para mencionar la expresión clave de dicho análisis, lo que ellos afirmaban abiertamente es lo que pensaban en secreto todos o casi todos, los jóvenes judíos. A pesar de las drásticas aseveraciones de Kurzweil y otros, todos parecerían haber interpretado correctamente la situación. La literatura israelí nativa que cristalizara a fines de los años ‘40 y durante la década siguiente se focalizaba de manera casi excluyente en la experiencia israelí sabra; su paisaje es el de este lugar, los acontecimientos narrados guardan estrecha relación con el presente israelí y su epopeya se nutre de las vivencias del combate por el resurgimiento nacional. Como todos recuerdan, Elik surgió del mar; Uri Kahana anduvo por los campos del valle y por el campo de batalla, razón por la cual se convirtió en el arquetipo del sabra en la literatura y el teatro; los poemas de Haim Guri7 traían "la bendición para los muchachos" que marchaban a la guerra; en la revista Alef se nucleaba un grupo de intelectuales que hablaba con ardor en nombre de la ideología hebrea que exigía olvidarlo todo y no recordar nada.9 En 5718 (1958), cuando se publicó la novela más representativa de esa generación, Los días de Ziklag,’0 Kurzweil la definió como un documento netamente cananeo y señaló que a lo largo de las dos mil páginas que devanan el fluir de la conciencia de los personajes de Yzhary y los sabras combatientes aferrados a cada pliegue de las colinas del Neguev septentrional, no irrumpe la más mínima referencia a alguna clave que pueda vincularse con el adjetivo "judío".

Ah arón Ap pelf eld: El der echo a ser d ist into
Abordemos a Aharón Appelfeld,11 un tizón salvado del fuego y arribado a la Tierra de Canaán a los catorce años, poco tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. que ya en 1952 —a los veinte años – daba sus primeros pasos literarios. Con seis años de residencia en Israel, habiendo cumplido su servicio militar y siendo estudiante de la Universidad Hebrea de Jerusalem, Appelfeld portaba un bagaje personal totalmente distinto del de los escritores que pertenecían a "la generación del país"12 y cuya impronta se dejaba sentir por doquier: en la literatura, la poesía, el

teatro, las publicaciones periódicas, la prensa y el discurso público en general. Appelfeld no había nacido en el país, los paisajes locales le resultaban ajenos, sus recuerdos de infancia eran otros, la historia de su vida era muy diferente de la de sus coetáneos; de ahí que la retórica de la joven literatura hebrea no se adecuaba a sus necesidades espirituales y anímicas. Si bien había arribado a una edad muy temprana y a pesar de que sus años de formación en el país coincidieron con los de la lucha por el resurgimiento nacional y había sido testigo de la Guerra de liberación, de ninguna manera se sentía perteneciente a esa "unidad generacional" que dejaba su impronta sobre la literatura hebrea. Las historias que quería relatar eran otras, sus personajes no se asemejaban a Elik, Uri, Hedva o Shlomik, sus paisajes no eran los de los campos del valle ni las estepas del Neguev, las formas de vida que realmente conocía no eran las del kibutz o la colonia agrícola; su epopeya no se compadecía exactamente con la consigna de "siempre somos los primeros".13 Ante estas circunstancias, cabe suponer que Appelfeld se preguntaba ¿de dónde vendrá mi socorro?14

Sh muel Yosef A gnón: La irrupción de gi ga nte

un

En el panorama de la literatura hebrea contemporánea, la figura de Shmuel Yosef Agnón15 se erige como una presencia colosal, atípica y completamente diferente de todo lo conocido hasta ese momento. En 1951, Agnón publicó la versión corregida de Huésped por una noche, una novela de travesía en busca del tiempo perdido de la aldea judía arrasada de Europa del Este, que lo hizo acreedor al Premio Bialik. En 1952 dio a conocer el cuento Hasta acá, que describe de manera kafkiana la retaguardia alemana en tiempos de la Primera Guerra Mundial. En 1953 vio la luz la edición de sus obras completas en siete tornos, en la que se despliega todo Agnón: el de Europa del Este; el autor de La dote nupcial y El alejado; el del periodo alemán, autor de Después del divorcio, Farenheim y Hasta acá; y, por supuesto, también el Agnón eretzisraelí, que plasmara (como en Ayer, anteayer) el destino del inmigrante judío desgarrado entre la cultura del pasado que portaba del hogar paterno y el presente secular y abierto que se le revelaba en la Jaffa de tiempos de la Segunda Aliáh. A mediados de los años ‘50 comenzaron a publicarse en el suplemento literario de Haaretz algunos capítulos de la novela La ciudad y cuanto hay en ella, en los que intentaba reconstruir el mundo de su aldea natal Buczacz antes de ser arrasada por "la desoladora abominación".16 Para nuestro asombro, este mismo Agnón fue el más admirado de los escritores. Dentro de esa realidad cultural "cananea" descrita

por Kurzweil, en el meollo de esa sociedad ante la cual Simón se había preguntado "¿seguimos siendo judíos?", Agnón gozó de una posición única y peculiar, no sólo por su carácter de escritor considerado clásico hace tiempo, sino por su condición de creador vivo y activo, cuya presencia no dejó de atizar la vida literaria de Israel. En aquel entonces no hubo prácticamente nadie que sostuviera que su tiempo había pasado o su vigor se hubiera perdido; sus libros antiguos-nuevos y los cuentos que publicara en Haaretz y otras revistas despertaban un interés permanente; tanto la guardia veterana de la crítica literaria (Kurzweil, Sadán) como igualmente la nueva generación (Hillel Barzel, Gershon Shaked, Gabriel Moked, Eli Schweid) lo elogiaban. Muchos de los ese entonces —entre ellos, el autor de El anduvo por los campos y director de Alef— peregrinaban a su casa y la abandonaban extasiados. Frente el modelo literario nativo (sabra) dominante a la sazón, Agnón ofrecía un modelo alternativo: judío, europeo, jerosolimitano y moderno. Quien era "distinto", quien no podía adaptarse a los códigos literarios y culturales convertidos en norma, veía abrirse ante sí una puerta alternativa.

Agnón y Ap pelf eld
La relación de Appelfedl con Agnón puede examinarse en tres planos diferentes. Su primera manifestación tuvo lugar poco más de treinta años atrás, en 1963, en el marco de una encuesta de escritores realizada por el Massa (el suplemento literario del diario Lamerjav)17 cuando Agnón cumpliera 75 años. En la misma tomaron parte cinco escritores que habían dado sus primeros pasos literarios una generación después de que Agnón comenzara a escribir; todos —menos uno— habían nacido en el país. "El encuentro con Agnón constituyó una de las experiencias literarias más hondas para los integrantes de esta generación, y fue fuente de inspiración e influencia", sostuvo el promotor de la encuesta, ltzhak Bezalel, quien solicitó a los escritores participantes que expresaran su relación con Agnón, "cada uno a su manera y de acuerdo con su visión, tanto en su condición de lectores como en su carácter de autores". La respuesta de Appelfeld fue larga y compleja, por lo que la citaré en esencia. ‘Yo, que he pasado la mayor parte de mi vida en el exterior a pesar de vivir hace ya muchos años en Israel, he hallado en Agnón el respaldo y estímulo para regresar al solar de mi infancia. En Agnón, el regreso a la niñez no consiste en recuerdos sino en una vivencia cotidiana, como si las vivencias de la infancia y adolescencia volvieran a reflejarse en uno cotidianamente. En este sentido, Agnón ha sido un ejemplo para mí". A continuación, Appelfeld alude a otro aspecto: "El segundo ingrediente que he recibido de él es el

reencuentro con el mito judío... El mito judío no consiste solamente en la religión, sino en todo lo que implica la vivencia judía... El conocimiento de la vivencia judía pasa por las vivencias de infancia, a través del intento de ampliar los confines del solar de la niñez". El tercer punto es que ‘De Agnón he aprendido la perspectiva temporal adecuada. La literatura israelí contempla demasiado su propio círculo. Es un reduccionismo a un área geográfica y vivencial estrecha, sin ningún intento de salir de ella; mientras que Agnón vive el tiempo a partir de su vinculación con el pasado y su perspectiva de él". En esa misma encuesta, Appelfeld invoca también las enseñanzas recibidas de Agnón en el plano formal, pero en esta ocasión habremos de focalizarnos en cuestiones de esencia y contenido. En realidad, los tres argumentos formulados por Appelfeld no conforman sino uno solo: Agnón puso a su disposición un modelo de escritura que le permitía el vinculo con su pasado personal, que es el pasado judío general, y a la vez el pasado europeo. En cierto sentido, la obra de Agnón constituye la antítesis de la literatura israelí que se revelara ante Appelfeld en los años cincuenta: en lugar de concentrarse en el aquí y ahora eretzisraelí, nativo y secular que constituye la sustancia de dicha literatura, sus cuentos mantienen una relación viva, continua y no necesariamente nostálgica con el mundo de la infancia en Europa del Este, su tópico central es el de "la condición judía" y en ellos no asoma la distinción entre el "aquí" y el "allá". Las expresiones de Appelfeld se tornan aún más agudas al compararlas con las de Biniamín Tammuz18 o A. E. Yehoshúa, dos escritores "nativos". Tammuz, un ex-cananeo, acude a Agnón fundamentalmente como quien ha sido para muchos escritores (él mismo incluido) "fuente de influencias de la literatura moderna". ¿Y qué apunta A. B. Yehoshúa? "En mis primeros años de conocimiento de su obra, lo que me atrajo no fue la vivencia del judaísmo sino la faceta ‘técnica’: el estilo, la forma de presentar los personajes y todos los ingredientes positivos que emergen en Agnón". También Appelfeld se sintió impresionado por el modernismo de Agnón y su faceta técnica, pero a diferencia de Tammuz o Yehoshúa, para él, el encuentro con "el mito judío" fue la clave que determiné la esencia de su actitud ante Agnón. En esta premisa radica una norma ética y literaria valiosa en la configuración de su conciencia espiritual y literaria. La valoración de la trascendencia y efectividad de Agnón en tanto quien puso en contacto a la generación israelí secular con el mundo judío se deja oír también en las palabras de A.B. Yehoshóa y Biniamín Tammuz, a quienes dejó atónitos como lectores, pero no como escritores.

El tópico "Agnón y yo" vuelve a surgir a la orden del día de Appelfeld en un articulo rotulado "El núcleo" e incluido en el volumen Ensayos en primera persona, editado por la Biblioteca Sionista en 1979. La citada nota no sólo encara a Agnón, sino apunta a definir su relación con un grupo de autores hebreos que en cierto sentido le sirvieran de modelo de escritura: Agnón, Brenner, Gnesin y Vogel, cuatro creadores que "descendieron a los abismos del alma y analizaron sutilmente la maraña de atracción y rechazo, amor y odio que bulle en cualquier contacto de la inteligencia con su legado. Cuanto más profundo es el análisis, del abismo que separa al individuo sensible y ávido de vida de un legado en agonía". A continuación señala: "Me atrae la literatura hebrea que alude al dolor de las células destruidas, de la enfermedad maligna que se expande por los cuerpos sensibles, de los sentidos embotados, de la carga de las generaciones que de pronto se torna intolerable, de la añoranza por las honduras". En otras palabras: Appelfeld no adopta a esos escritores como padres literarios por razones técnicas —si bien varios de ellos influyeron también en aspectos técnicos— sino porque su tema central, tal como lo interpreta en las frases citadas, se adecua al tópico que escogiera como foco de su propia obra. Cabe destacar el hecho de que se trata de cuatro autores nacidos en diferentes épocas y lugares de Europa de Este (sólo dos de ellos vivieron en Israel) que, en opinión de Appelfeld, se centraron en el análisis (narrativo, por supuesto) de la crisis social y moral que determinó en gran medida el carácter y la imagen de la comunidad judía de Europa del Centro y el Este desde fines del siglo pasado hasta vísperas de la Segunda Guerra Mundial. En lo que atañe a Agnón, la importancia del antedicho artículo no se limita a una mención general, sino que Appelfeld escoge referirse a él en una de sus principales obras, por la que acusa un vinculo especial: la novela Huésped por una noche, que en su opinión "me revela varios de mis secretos más íntimos". Esta es la primera ocasión en la que Appelfeld funda su relación con Agnón en el trasfondo histórico y regional común a ambos: la proximidad entre Galizia y Bukovina y la pertenencia histórica de dichas regiones al Imperio de los Habsburgo. Más de cuarenta años separan a Agnónde Appelfeld, pero Huésped por una noche, publicado a las puertas de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, fue escrita a raíz del reencuentro de su autor con su ciudad natal en particular y con Galizía Oriental en general a principio de los años ‘30, que fueron los años de infancia de Appelfeld. Así, de manera sorprendente, se produce el cruce entre el mundo de ficción que Agnón plasmara en dicha novela y el mundo concreto vivido por Appelfeld entre 1932 y 1939, que hasta hoy en día le sirve de inagotable venero para elaborar sus relatos. Pero Huésped por una noche es más que esta coordenada para

Appelfeld: en el curso del citado articulo, casi como al pasar, define a la novela de Agnón como "el libro del Holocasto antes del Holocausto", recurriendo a la misma expresión empleada por la crítica para referirse a sus propias obras. Dicha frase pone de manifiesto su deuda con la novela de Agnón e incluye el reconocimiento de que la narración de Huésped por una noche es en realidad la de sus propios cuentos y novelas; pues también él, al igual que Agnón anteriormente, eligió regresar mediante la escritura a las regiones perdidas de Galizia-Bukovina a fin de describir el proceso de aniquilación de la comunidad judía de Europa del Centro y del Este en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, eludiendo deliberadamente la descripción de los acontecimientos que tuvieron lugar después de esa fecha.

Un testimonio

p ersona l

La última palabra de Appelfeld al respecto se halla en el ensayo que culmina un nuevo libro de investigaciones sobre Agnón, titulado Tradición y trauma y editado hace sólo algunos meses por el Centro de Estudios Hebreos de la Universidad de Oxford. La participación de Appelfeld en dicho tomo fue definida como "un testimonio personal". Se trata del trabajo más extenso y completo que escribiera hasta ahora en referencia a "Agnón y yo", y el hecho de que fuera redactado poco tiempo atrás, a partir de una mirada retrospectiva hacia su propia biografía literaria, le confiere particular importancia. En ese trabajo, las ideas nuevas conviven con formulaciones de nuevas realidades elaboradas o insinuadas en el pasado, y de ellas se desprende que el conocimiento entre Agnón y Appelfeld es de larga data: Appelfeld se topé varias veces con Agnón poco tiempo después de haber llegado al país, pues Agnón solía visitar la granja educativa de Rajel Yanait Ben Zvi en la que Appelfeld estudiaba sita en Talpiot, muy cerca de su propia casa. Ya entonces le había parecido diferente de su contorno, como si hubiera sido "uno de nuestros tíos perdidos". Cuando creció y volvió a encontrarlo haciéndolo participe de sus vacilaciones de escritor incipiente, Agnón le ofreció un consejo práctico -escribir sobre sus propias experiencias-, reiterando una vez y otra el compromiso que lo unía con su ciudad natal. En el aire resonaban los nombres de Dublin y Buczacz, dos ciudades de la periferia transformadas en centrales; probablemente, ése habría de ser el destino de Czemowitz. "Agnón me ayudé a encontrar el camino a casa", escribe Appelfeld. La unión con "el mito judío" a la que hiciera referencia en la entrevista de 1963 es, por consiguiente, el motivo central de su encuentro con Agnón, no sólo a nivel literario sino también personal. Al aludir al aspecto literario de su encuentro con Agnón, Appelfeld evoca por primera vez juntos los nombres de Agnón y Kafka, atribuyendo a ambos una influencia de vasto alcance sobre su

escritura. "Si Kafka dio sentido a mi experiencia en tiempos del Holocausto, Agnón me abrió las puertas y me hizo reencontrar con mi hogar judío y con la literatura judía". Esta clave implica que el vinculo entre Agnón y Kafka —ambos productos del Imperio de los Habsburgo, los dos escritores que no vivieron la experiencia del Holocausto pero la presintieron— enfatiza precisamente la peculiaridad del encuentro con cada uno de ellos, y recalca explícitamente que Agnón fue quien le brindó los medios para afrontar tanto su historia personal como la tradición cultural a la que sentía pertenecer: "Me mostró que el judaísmo no es anacrónico: se puede escribir sobre los judíos de las aldeas y ser universal. El judaísmo no es un impedimento artístico, sino un tesoro que hay que saber explotar".

Do v Sadá n: El encuen

tr o con el

maestr o

A esta serie de testimonios se agrega un texto más que, si bien no se refiere a Agnón, incluye un mensaje importante con respecto a su encuentro con "el mito judío". Appelfeld vuelve a reconstruir el trauma posterior al trauma: la luz quemante de Eretz Israel, el rocío de la juventud hebrea20 de la generación de la Guerra de Liberación, la confianza y optimismo del estado recién creado, en contraposición con la conciencia de ajenidad, alienación y verg?enza de los sobrevivientes del Holocausto. Sobre el telón de fondo de esta atmósfera tuvo lugar a comienzos de los años ‘50 el encuentro personal —no literario— del joven Appelfeld con Doy Sadán (que en esa época había comenzado a impartir idish en la Universidad Hebrea de Jerusalem), descrito en el ensayo El maestro, dedicado a Doy Sadán con motivo de su 75o cumpleaños:

"Y entonces surgió de la oscuridad un hombre con una pequeña linterna, que sólo parecía querer entablar una conversación casual, a la que insufló el sentimiento de la casa expoliada y olvidada, y queme arrastró como por encanto hacia mis escondites más recónditos. La verg?enza no se borré, y tal vez nunca lo haga; pero por sobre ella brotó un atisbo de autoestima, y por sobre ella la talla judía". Los aspectos enfatizados por Sadán le causaron impresión: el compromiso con el idish y las lenguas judías, la orientación judía de su crítica, su vinculación con el folklore popular, el cuestionamiento del concepto de "secularismo judío". El maestro Sadán fue, por consiguiente, quien brindó al alumno Appelfeld la posibilidad de volver a conectarse con su pasado personal negado y reprimido, y de llegar por su intermedio a las profundidades de la conciencia colectiva judía, que a la sazón había quedado

presuntamente a extramuros. Appelfeld ratificó la gran influencia ejercida por Sadán en una disertación pronunciada en la Universidad de Tel Aviv con motivo del 85o aniversario del maestro: rememoró la intensidad del contacto personal con Sadán en el edificio de Terra Santa21 a comienzos de los años ‘50, y la vez expresó su profunda identificación con las ideas y creencias que expusiera. En esa ocasión, Appelfeld señaló que "los fundamentos de la teoría de Sadán constituyen un despliegue abarcativo, si se quiere un vasto balance —a veces una confesión— de cien años de vida judía con todos sus avatares". Para Appelfeld, Sadán era un representante no menos auténtico que Agnón de la judería de Europa del Este, y en su condición de oriundo de Galizia Oriental le insufló la misma "intimidad judía" que irradiaba Agrión, oralmente y por escrito. Pero en el caso de Sadán, el impacto personal, el lenguaje corporal y el tono de voz desempeñaban un rol no menos trascendente que el discurso en sí (y quizás aún más que él). A pesar de la magia del contacto personal, Agnón influyó sobre Appelfeld en primer término como escritor (pues su ideología se hallaba implícita como una praxis literaria de gran intensidad), y por su intermedio Appelfeld pudo plasmar una poética adecuada a su mundo vivencial y conceptual. Si bien fue más lejos en ese análisis al afirmar que el encuentro con Sadán marcó el curso de su vida, el encuentro realmente decisivo parecería ser el que mantuvo con Agnón; Sadán cumplió una función complementaria, pero nada desdeñable, al señalarle una alternativa cultural que le permitió liberarse gradualmente del terror paralizante de los escritores de "la generación del país" y cristalizar lentamente su propio estilo.

Concl usión
A última frase puede sonar como una paráfrasis de la conocida tesis del mismo Sadán, y en realidad ésa es la intención que lo anima. En su famosa serie de artículos sobre Haim Nachman Bialik, Sadán formuló su teoría genética con respecto a la existencia de los tres "encuentros fatales que produjeron un cambio en la vida de Bialik como creador: de no haber sido por ellos, Bialik habría evolucionado de una manera totalmente diferente de la que conocemos actualmente. Sadán señaló que un encuentro con un lugar (Wolozhin) y dos encuentros personales y literarios —con Abad Haam22 y Mendele23— fueron decisivos para Bialik. Esta teoría resulta aplicable también en nuestro caso: Aharón Appelfeld tuvo dos "encuentros fatales", uno con Agnón y otro con Sadán, y ambos fueron de enorme trascendencia —si bien en distinta medida—para su evolución. El encuentro con estos creadores determinó su reencuentro con sí mismo, con su cultura de origen, con esa vivencia diaspórica de vísperas de la destrucción que para vastos círculos que imponían su tono a la

cultura israelí eran a la sazón tabú. Gracias a ellos pudo adoptar "el mito judío" y alejarse a la vez del "mito hebreo" que le resultaba ajeno. En su ponencia en un congreso de escritores celebrado en abril de 1981 en la que resumiera su credo literario y espiritual, Appelfeld explicó al auditorio que "nunca me he contado entre los adeptos al mito hebreo". Desde los cuentos de Humo, pasando por Badenheim, Tiempos prodigiosos, A un solo y mismo tiempo, Precipicio y otros relatos, la prosa de Appelfeld —tal como la de Agnón y la de Sadán— se centra en la anatomía de la condición judía, razón por la cual hizo tambalear las altas murallas que separaban a la Diáspora de Eretz Israel. Plenamente consciente de la deuda pendiente con ambos, manifestó su agradecimiento para con ellos de manera diferente en cada caso. El ensayo dedicado a Doy Sadán concluye con la siguiente frase: "Le debo eterno agradecimiento por la profusión que me brindara". El agradecimiento a Agnón fue indirecto, sofisticado, casi Agnoniano, justamente desde Laish, las páginas de su última novela. Hacia el final de la trama, los peregrinos descubren con alegría que uno de sus compañeros llamado Shmuel Yosef,24 al que habían creído desaparecido, retornó junto a ellos. Todos sabían que Shmuel Yosef era violinista, y en el léxico de Appelfeld —cf. Tiempos prodigiosos— el violín, el violinista y la música son los representantes del arte. Y éstas son las palabras que pronuncia Srul, uno de los peregrinos, ciertamente en nombre del autor:

"¿Que dices, Samuel Yosef? Te amamos tal como eres, exactamente tal como eres. Has sido, eres y seguirás siendo nuestro violinista. Amamos tu música y no la cambiaremos por ninguna otra".

El Prof. DAN I.AOR imparte literatura hebrea en la Universidad de Tel Aviv. Alocución pronunciada en el Congreso "De Czernowitz a Jerusalem en la obra de Aharón Appelfeld". celebrado en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Las notas y aclaraciones pertlnentes pertenecen a la Redacción. Extraído de Dialogo, Año XX, N. 26

Notas 1 Educador y pensador sionista religioso y humanista (1899-1994) nacido en Berlin y radicado en Israel en 1928. Fue profesor de Filosofía e Historia de la Educación en la Universidad Hebrea de Jerusalem. 2 Matutino Israelí en hebreo, fundado en 1919. 3 Crítico literario, escritor y docente (1907-1972) nacido en Moravia y arribado a Israel en 1939. Fue titular del Departamento de Literatura de la Universidad de BarIlán. 4 Movimiento que nucleó a poetas y escritores que enfatizaban el elemento ‘hebreo en contraposición con la faceta "judía", y que recalcaban la relación con la tierra de Israel, rechazando la tradición histórica de la diáspora. 5 Protagonista de la novela Con sus propias manos, de Moshé Shamir, un joven que cae en la Guerra de la Independencia. El volumen comienza con la frase "Elik surgió del mar". 6 Protagonista de la novela El anduvo por los campos, de Moshé Shamir, un joven que cae en la Guerra de la Independencia. 7 Poeta, novelista y periodista nacido en Tel Aviv en 1923, combatió en el Palmach. Sus primeros poemas hacen referencia al surgimiento del Estado de Israel y la Guerra de Liberación. 8 Publicación del movimiento cananeo, comenzó a editarse en 1938 y su aparición fue irregular. 9 Referencia irónica al poema Promesa, de Abraham Shlonsky, que expresa "recordarlo todo y no olvidar nada" con respecto al Holocausto. 10 Novela monumental de Z Yzhar, narra las experiencias de un grupo de soldados que aguardan la acción durante la Guerra de la Independencia. 11 Escritor nacido en Czernowitz en 1932. Pasó los años de la Segunda Guerra Mundial en Europa del Este y llegó a Israel en 1946. Ha sido galardonado con los principales premios literarios del país. 12 Nombre de una famosa antología de poesía y prosa editada en 1958, que reúne a un grupo de escritores surgidos con el fin del mandato británico y la creación del Estado de Israel. 13 Estribillo del himno del Palmach. 14 Cf. Salmos CXXI, 1. 15. Escritor hebreo (1888-1970) nacido en Galizia Oriental y arribado a Israel en 1909, uno de los autores más destacados de la literatura hebrea. En 1966 recibió el Premio Nobel de Literatura. 16 Cf. Daniel Xl, 31.

17 Matutino del partido Ajdut Haavodá (sionista socialista), fundado en 1954 y fusionado con Davar en 1971. 18 Escritor y periodista (1919-1989) nacido en Kharkov y llegado a Israel en 1924. Fue miembro del Palmach y del movimiento cananeo, del que se alejó posteriormente. 19 Escritor nacido en Jerusalem en 1936, autor de cuentos y novelas traducidos a numerosos idiomas y ganador de las más importantes distinciones literarias, entre ellas el Premio Israel de Literatura 1995. 20 Alusión al poema La bandeja de plato de Natán Alterman. 21 Convento en el que funcionó la Universidad Hebrea de Jerusalem después de la partición de Jerusalem y hasta la construcción del campus de Guivat Ram. 22 Pensador y ensayista sionista nacido en Kiev (1856-1927) y llegado a Israel en 1922, después de haber residido en Odesa y Londres. Exponente de la concepción "cultural" del sionismo. 23 Escritor nacido en Bielorrusia (18335-1917), autor de novelas en idish y hebreo que describen con una visión critica los problemas de la comunidad judía de su época.

© Departamento de Hagshamá - Organización Sionista Mundial Contáctanos


No hay comentarios:

Publicar un comentario