Otros por carta de menos.
Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo:
¡Tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto!
En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata, los extraños;
y la de cobre, los nuestros.
¿A quién no dará cuidado
si es español verdadero.
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?
Dijo Dios, que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara.
por quebrar su mandamiento;
y algunos inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los los efectos.
Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos:
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.
Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento:
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.
Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces,
haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua:
que no lo fueron sus dueños.
¡O bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!
Fea pintan a la envidia;
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quien vive pared en medio.
Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos:
cuando quieren escribir,
piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones ni pleitos;
ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién, ni pascuas dieron.
Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.
* poema anónimo
Fin
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