Era una noche de primavera,silenciosa y fragante.
El aire agitaba las ramas de los árboles con blando
movimiento, y la luna iluminaba, por un instante,la
sombra y el misterio de los follajes.
Sentíase pasar por el jardín un largo estremecimiento
y luego todo quedaba en esa amorosa paz de las noches
serenas.En el azul profundo temblaban las estrellas y
la quietud del cielo. A lo lejos el mar misterioso y
ondulante exhalaba su eterna queja.
Las dormidas olas fosforecían al pasar tumbado los
delfines,y una vela latina cruzaba el horizonte bajo
la luna pálida.
Yo recorría un sendero orillado por floridos rosales:
Las luciérnagas brillaban al pie de los arbustos ,el aire
era fragante,y el más leve soplo bastaba para deshojar
en los tallos las rosas marchitas.
1941. Texto de Ramón del Valle-Inclán
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