Los saltamontes son unos animalitos preciosos,
grandes volatineros, admirables gimnastas de gran
precisión en el salto.
Esos saltimbanquis que se aplauden,a lo mejor,en
el circo, no merecen la cantidad de aplausos que
merece el saltamontes.Yo, de niño,los aplaudía cuando
los veía saltar por el monte de mi tío Camilo, pasmado
siempre ante su trabajo. Nunca maté uno,ni creo que
haya niño capaz de eso.Se hacen respetar con la cara seria
y el morro metido hacia dentro que ponen,y no deja uno de
admirar sus patas de atrás en flexión,difícil,más hacia
atrás que las de ningún animal, siempre con el gesto eléctrico
de irse sin avisar,sin despedirse,sin que se note el esfuerzo
que a lo mejor realizan.
Un gran saltador de circo,a quién pinchaba el amor propio
hablándole de los saltamontes, me dio una lección un día,
preguntándome:
-Pero,ya que habla usted tanto de los saltamontes,
¿sabe usted las patas que tienen? Yo,como todos,al pensarlo
así de pronto, de buenas a primeras,dije:
-Cuatro...
-Se equivoca;tiene seis,y,además, un par de alas largas
que le ayudan muchísimo...Si yo tuviese seis patas sobre las
que apoyarme en los saltos y un par de alas,en vez de un solo
par de piernas,saltaría por encima de la torre Eiffel y caería
a dos kilómetros más allá...
-No he vuelto,desde entonces, a citar el ejemplo de los
saltamontes delante de ningún gimnasta saltador; pero le sigo
profesando igual devoción...
...Yo he estudiado a los saltamontes mucho. Así como otros niños
guardan en una cajita un gusano de seda,un grillo o, hasta moscas,
yo guardaba un saltamontes.
...La vida activa de los saltamontes cuando entra en su mayor frenesí es al mediodía.
A las doce en punto de los días álgidos de sol el saltamontes,que
oye con sus antenas las campanadas de las doce, que suenan en los
relojes de torres de los pueblecitos,sale disparado en busca de
alimentación.En vez de ir a la tienda por la comida,se dirige al bosque,a lo más enmarañado,donde siempre hay algo preparado para él,
y por eso, como si saltasen en la sartén del mediodía,se les ve
destacarse en el humo del aceite que llena esa hora, como si los
oleosos jarales ardiesen.
Unos van por los entremeses;el otro va ya por el primer plato;el otro busca el postre...
...Para estudiar saltamontes yo tenía un amigo,hijo del dueño de otra casa de campo,al lado de la de mi tío Camilo.
Abdón iba todas las tardes a buscarme,y lo primero que me preguntaba
era por el saltamontes.
-¿Has descubierto algo en él?
-Nada...Que no tiene más que una idea fija:la de ir adelante,siempre
adelante...
-...Por eso se me ocurre una cosa que te gustará mucho.¿Quieres que le pintemos de rojo con tu caja de pinturas?
Yo me quedé pensativo.Aquélla era una proposición,digna de un niño que se llamaba nada menos que Abdón.
-Ya verás con qué encanto saldrá saltando cuando se sienta pintado de rojo...Se creerá el rey de los saltamontes,y aún siendo de tan pocos amigos, dará recepciones de honor en las plazoletitas pequeñas
que hay entre las zarzas.
Con cierto miedo del rayo que castiga las grandes osadías,lo pintamos de rojo derritiendo por completo de mi paleta,desastre parecido al de haber derretido toda la paleta porque ¿Qué iba yo a hacer sin el rojo? ¿Qué se puede pintar en que no entre rojo?
Salimos con nuestro saltamontes al camino,que es donde le íbamos a soltar,yendo tras él hasta ver qué hacía.
La carretera parecía estar enarenada de playa seca,de tan blanca como resultaba.
-¿Ya?- dijo Abdón,que era silencioso como un juez.
Marchaba orgulloso,con la cabeza levantada,satisfecho de ser el
saltamontes extraordinario.Aun cuando los saltamontes siempre huyen de las carreteras para disimularse entre los matorrales,éste ,como
convertirlo en peatón o peregrino humano de la carretera,iba por el centro de ella.
Nosotros íbamos detrás,sin perderle de vista,aunque a distancia de él.¡Con qué gracia viraba cuando el camino daba la vuelta!
Pero,de pronto,vimos que revoloteaba sobre él un pajarraco,ansioso
de comérsele y que él comenzó a huir,calculando unos saltos larguísimos,interminables que desorientaban al pájaro.
Nosotros presenciábamos sorprendidos aquella persecución.Ante ella
nos dimos cuenta de lo que habíamos hecho.
A los pájaros les gustan los saltamontes como a los hombres los langostinos, aunque casi nunca pescan uno, porque como son de un verde grisáceo y amarillento, se disimulan entre las matas y no se
les nota tampoco sobre la tierra, resultando por eso que sólo la
casualidad hace que pesquen alguno.
Por eso aquel pájaro estaba admirado y perseguía a un saltamontes rojo,al primer saltamontes rojo que había encontrado y que debía de ser exquisito.
-¡Le hemos perdido!-; dijo Abdón agorero y triste.
-Sí-contesté yo-; al embellecerlo le hemos sentenciado a muerte...
Los saltamontes deben tener ese color de tierra que siempre tienen.
Y cuando acababa de decir ésto,el pájaro se lo comió al saltamontes,
al primer saltamontes rojo que había aparecido en el mundo,el primer y el último.
1950. Texto de Ramón Gómez de la Serna
Enlaces.:
Biografia de Ramon Gómez de la Serna
Mas Información.:
Ramón Gómez de la Serna
No hay comentarios:
Publicar un comentario