Mientras la lumbre ardiente
dura en el incensario, el humo denso
del perfumado incienso
se levanta a la altura lentamente.
Pero si al fin el fuego se consume,
al punto mismo extínguese el perfume.
Mientras amor al corazón enciende,
la poesía,aroma de idealismo,
en purísimas nubes se desprende,
llegando al cielo mismo.
Mas cuando el fuego del amor se agota
el aroma del alma ya no brota.
Encadenado a la aflicción me veo,
me son la dicha y la ilusión extrañas:
el dolor,como el buitre a Prometeo,
me roe eternamente las entrañas.
Yo cruzo lentamente por vida,
sufriendo mi horroroso desencanto;
tengo el alma de lágrimas henchida
y no me queda ni el placer del llanto,
Yo sé hasta dónde la desdicha alcanza;
he caído del cielo en un instante;
yo sé como se pierde la esperanza;
yo vengo del infierno,como el Dante.
¡Tan bella,tan amada,
y sujeta del mundo a los rigores¡
¡Pobre azucena mía,marchitada
por el rudo huracán de los dolores¡
Te vi llena de júbilo,hechicera
con tu gracia infinita;
pronto pasó tu hermosa primavera,
llegó el invierno y te dejó marchita.
¡Si vieras cuántas lágrimas me arranca,
en mi hondo desconsuelo,
ver a mi pobre flor,mi flor tan blanca,
rodando deshojada por el suelo!
Antonio Zaragoza
1855 - 1910
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