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martes, 29 de marzo de 2016
Adios
Adiós, Carolina: el cielo ha querido,
sufriendo en el mundo, dejarme sin ti.
Tú al seno, dichosa, de Dios has partido;
los tristes recuerdos de un bien ya perdido
me quedan a mí.
En vano procuro de noche a deshora
llamar,Carolina, tu sombra doquier:
sorprende en mis ojos el llanto la aurora,
¡oh Dios!, y no escucho tu voz seductora,
la voz de mi bien.
En vano procuro buscar, afanoso,
en Dios el consuelo de tanto sufrir;
pasó ya aquel tiempo feliz y dichoso...
perdí,Carolina, perdí mi reposo
perdiéndote a ti.
¡Ay!, era tan dulse tu armónico acento,
¡ay!, eran tan puros tus lazos de amor,
que aún siento en las auras tu púdico aliento
y, amante, en mi pecho sin paz ni contento
aún vibra tu voz.
¡Suspiro postrero del arpa ya rota!
Postrero murmullo del viento al cruzar,
del canto que acaba la última nota,
del ave de paso plumaje que flota
perdido en el mar.
Detente en mi pecho,recuerdo adorado,
reliquia postrera del bien que perdí:
detente en mi pecho, que sufre agitado,
sostén en la vida mi paso cansado,
anímame a mí.
Adiós,Carolina: si arcángel del cielo
contemplas,orando, mi triste aflicción,
desciende a mi lado,ligera en tu vuelo,
derrama en mi pecho la paz y el consuelo,
derrama tu amor.
Desciende a mi lado.Yo sigo tus huellas;
sosténme tus alas graciosas y bellas
y cubre a tus hijos queridos con ellas,
y cúbreme a mí.
La senda escabrosa del mundo cruzamos:
la emprenden ¡ay! ellos en pobre orfandad;
en vano a la madre y esposa llamamos,
en vano su sombra querida buscamos
con triste ansiedad.
Desciende sobre ellos: su tierna existencia
envuelve en las alas del ángel de Dios;
resguarda en el mundo su casta inocencia,
que aspiren sus labios,gozosos, tu esencia,
que aspiren tu amor.
Yo solo he quedado: del mundo los cuido;
mas ¡ay1 ¿qué les vale mi afán y mi amor?
¿Qué son los polluelos,si dulce y querido,
de madre amorosa les falta en mi nido
el grato calor?
Tal vez en la noche,fugaz,silenciosa,
cuando ellos descansan tranquilos aquí,
al lecho en que duermes desciendes piadosa,
acaso en el rayo que arroja,dudosa,
la luna al morir.
¡Ah! sí, tierra madre,yo miro tu sombra
girar en su trono radiante de amor;
tu mano en las plantas les tiende una alfombra,
tu labio en las noches calladas los nombra,
yo escucho tu voz.
Desciende sobre ellos: su tierra existencia
envuelve en las alas del ángel de Dios;
resguarda en la vida su casta inocencia,
que aspiren tu amor.
Adiós,Carolina: el cielo ha querido,
sufriendo en el mundo,dejarme sin ti
Tú al seno,dichosa, de Dios has partido;
los tristes recuerdos de un bien ya perdido
me quedan mí.
Jose Maria Esteva
1818 - 1904
http://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=wu.89102045234;view=1up;seq=12
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