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lunes, 21 de diciembre de 2015

Napoleon en el Mar Rojo y Soneto de Manuel Carpio

El sol estaba oculto detrás de las montañas
que forman la cadena de Libia la arenosa,
debajo de su tienda el árabe reposa,
reposa el dromedario y el rápido corcel.
Se pierden en las sombras de pavorosa noche
de Tebas y de Menfis las ruinas estupendas;
profundo es el silencio que reina allí en las
sendas que van para las palmas y fuentes de Moisés.

En tanto Bonaparte camina silencioso,
en un caballo blanco por tristes soledades
vecinas al Mar Rojo; pensando en las edades
antiguas que pasaron y nunca volverán;
repasa en la memoria batallas y conquistas
de altivos Faraones,de griegos Tolomeos,
de bárbaros Califas, y piensa en los trofeos
que bravos los cruzados lograron alcanzar.

Absorto en pensamientos gloriosos y sublimes
camina por la playa del mar adormecido,
del mar que en otro tiempo con hórrido bramido,
caballo y caballero,y carros se tragó.
La noche se adelanta cubriendo de tinieblas
el bárbaro desierto y el piélago callado;
apenas se distingue soldado de soldado,
apenas se distingue camello de bridón.

Del mar en la ribera tan sólo se escuchaban
de pájaros marinos los gritos lamentables,
pisadas de caballos y estrépito de sables
de tropas que seguían al ínclito adalid.
En esta negra noche, en medio a tal escena
que pasa en el desierto, ¿quién, ¡ay!.pensado
habría que Europa la orgullosa vencida en algún
día delante de aquel joven rindiera la cerviz?

En tanto sopla el viento y crece la marea,
levántanse las olas y braman y rebraman,
y en playas solitarias se estrellan y derraman,
y alcanzan al caballo del bravo general.
La noche es espantosa y pálpanse las sombras,
incógnita es la tierra,perdido está el camino,
y crece la tormenta,y crece el torbellino,
jinetas y corceles no saben dónde están.


El férvido caballo del grande Bonaparte
en medio del peligro salir del agua emprende,
e indómito su pecho las anchas olas hiende,
y abiertas las narices relucha con el mar.
En tanto el jefe altivo descansa en su fortuna,
Egipto está en su mente, Albión y toda Europa,
el trono de Capeto y la aguerrida tropa
que lunas y turbantes impávido hollará.

Si alguna de las olas lo hubiera arrebatado
al fondo peñasco del piélago profundo,
¡qué llantos y suspiros ahorráranse también!
Mas Dios que allá a sus solas miraba los imperios
y mil y mil designios altísimos tenía,
sacó de entre las aguas al hombre que debía
a sus pueblos y monarcas poner bajo su pie.


Sacóle de las ondas a fin de que su espada
de Europa castigase los crímenes sin cuento,
los crímenes de un siglo soberbio y turbulento
que a todas las naciones de escándalo llenó.
A Francia le condujo y a Italia floreciente,
a Iberia belicosa, a la ilustrada Prusia,
al Austria formidable y a la potente Rusia;
y luego a Santa Elena, y ¡adiós de Emperador!




Al rio Cosamaloapam 

(soneto)

Arrebatado y caudaloso río
que riegas de mi pueblo las praderas
¡quién pudiera llorar en tus riberas
de la redonda luna al rayo frío!

De noche en mi agitado desvarío
me parece estar viendo tus palmeras,
tus naranjos en flor y enredaderas
y tus lirios cubiertos de rocío.

¡Quién le diera tan sólo una mirada
a la dulce y modesta casa mía,
donde nací,como ave en la enramada!

Pero tus olas ruedan en el día
sobre las ruinas, ¡ay!,de esa morada,
donde feliz en mi niñez vivía.



   Manuel  Carpio

    1791 - 1860

https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Carpio


http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080019257/1080019257.PDF








































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