Dejar las hebras de oro ensortijado
que el ánima me tienen enlazada,
y volved a la nieve no pisada
lo blanco de esas rosas matizado.
Dejad las perlas y el coral preciado
de que esa boca está tan adornada
que al cielo, de quien sois tan envidiada,
volved los soles que le habéis robado.
La gracia y la discreción, que muestra ha sido
del gran saber del celestial,
volvédselo a la angélica natura,
y todo aquesto así restituido,
veréis que lo que os queda es propio vuestro:
ser áspera, cruel, ingrata y dura.
Francisco de Terrazas
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