Llega a la falda hermosa,
y juguetón retoza
con mirtos y alhelíes,
recamando de perlas sus rubíes;
y el prado, que se bebe
en líquidos cristales tanta nieve,
con más flores se enriza,
más vario se matiza,
tributándole en flores
cuantos al río le bebió licores.
Esta riqueza viste
el Prado,cuando triste
-de miedos abrumado,
el corazón en ansias anegado-
a un mirador salía
un Religioso que ya no podía
a sí mismo sufrirse,
según siente de penas combatirse:
los ojos arrasados, los pulsos ahogados,
pausados los alientos
y en tumulto civil los pensamientos.
Al monte y la campiña
la vista extiende, a ver cómo se aliña,
por ver si así sosiega
de sus discursos la interior refriega.
Suspensos los sentidos,
del todo embebecidos,
de lo que mira el Religioso vive;
porque allí no percibe
otra cosa que el monte y la campaña
que dulcemente su dolor engaña
-cesando los tropeles
y aflorando a la pena los cordeles,
cuando el viento se calma
que levantó la tempestad del alma-
hasta que le despierta
de aquella vida muerta
un músico Jilguero,
de su quietud agüero.
Sentóse en un pimpollo
de un sauce, verde escollo,
y en alto contrapunto,
tomando por asunto
sus amores y celos,
suspendió con su música a los cielos.
Calle la melodía
con que el Tracio las fieras suspendía;
allánese el acento
con que a las piedras daba movimiento
el de Anfíon suave;
cese el concento grave
con que Arión cantaba
y a los ariscos peces enlazaba:
que el Jilguero pudiera
detener a Faetón en su carrera
si del flamante azote los traquidos
le permitieran concederle oídos.
Las flores, que le vieron
común aplauso hicieron,
y a su voz callaron
y algunas para verle se empinaron;
el arroyo ruidoso
se detuvo impetuoso,
dejo atrás su corriente
-si animado cristal,hielo viviente-,
y a sus pasos veloces
fue rémora el oír tan dulces voces.
Interpolaba el canto
el músico Jilguero,y entretanto,
libre, gozoso y rico,
las alas se peinaba con el pico:
eriza como espuma
la matizada pluma,
en cuyos tornasoles
envidia tuvo el Sol a muchos soles.
Segunda vez entona
la voz de que blasona,
dejando sus canciones
al hemisferio todo en suspensiones,
y más que suspendido
al lloroso afligido,
cuya infelice suerte
esquiva,le convierte
toda aquella dulzura
en veneno cáliz de amargura.
Y así, con un despecho
el corazón deshecho
en lágrimas fervientes
que manan de sus ojos las dos fuentes,
al Jilguero mirando
-su libertad dichosa contemplando-
de esta suerte le dice:
* Continuara........
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