Del camastro yo salto temprano
y contemplo el cielo lejano.
Maravilla su azul, su pureza,
pero mi alma rebosa tristeza.
Con su eterna sonrisa jovial
atalaya de lo alto el penal,
cuyos muros el llanto satura.
Todo en él es pesar y amargura.
¿A quién,cielo,tú miras así?
¿Por qué ríes, estando yo aquí?
¿Por qué,cielo, a la celda sombría
saludas cordial cada día?
Tú sonríes, y aquí sólo hay penas,
tú respiras, no llevas cadenas,
pero aquí es la mazmorra desnuda
una tumba asfixiante y muda.
Bajo un rayo de luz bendecida
yo admiro, enterrado aquí en vida,
el azul que gozoso se extiende
y la sangre en mis venas enciende.
¿Por qué estoy de grilletes cargado?
¿Por qué vivo cautivo, enrejado?
¿Por qué sufro condena tan cruel?
¿Por amar a mi pueblo y ser fiel?
Yo quería que libre se viera,
yo quería que el pueblo comiera,
y una ley para todos igual.
¡Yo no hice jamás otro mal¡
{de 1877}
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