DALE MI NOMBRE
Dale mi nombre a tu pequeña.
Dedícame un recuerdo.
¡Es tan triste pasar a la eternidad!
Mi canto está desamparado -
La placentera melodía enmudecida -
Ella, llegado el día, lo continuará.
El hilo mío que se ha cortado,
será tejido por tu hija, nieta
hasta la lejanía.
SI ES COSA DEL DESTINO
Si es cosa del destino
morar lejos de tus riberas -
déjame, Kineret,
descansar en tu camposanto.
No rompe la tranquilidad
la tristeza de su silencio
y un canto al trabajo
prorrumpe desde el camino.
Y el recuerdo de los yacentes
se encuentra aún en la urdimbre
y un árbol - laude
los cubre como bendiciéndolos.
Si es cosa del destino
morar lejos de tus riberas -
vendré, Kineret,
¡En tu camposanto a descansar!
ESTÉRIL
¡Si yo tuviera un hijo! Niño pequeño,
de rizos negros e inteligente,
lo tomaría de la mano para caminar despacito
por los senderos del jardín.
Niño
pequeño.
Lo llamaría Lucero, lucero mío:
suave y claro este breve nombre,
partícula de luz.
A mi niño moreno
¡Lucero!
¡Llamaría!
Aún me afligiré como la Madre Raquel.
Aún he de rogar como Janá en Shiló.
Aún estoy
aguardándolo.
EN EL EXTRANJERO
Así me sentaré. . . así: encorvada y temblorosa.
Frío es el sol aquí en tierra extraña.
Una voz secreta se hace oír - nostálgica:
¡Levántate y anda! ¿Qué haces en el extranjero?
Así me levantaré… Así: por milésima vez.
Así me iré sin fuerza ni vigor .
Por los caminos erraré, bajo el sol y la lluvia.
Así amaré… así: inacabablemente.
PLEGARIA
Es mi ruego: ser buena a tus ojos,
pura y sencilla como el ayer,
antes que mi cuerpo se encorve
desesperado bajo el peso de una estéril piedad.
Entonces, sólo entonces mi alma doliente,
alma perdida por rutas extraviadas
vestirá nuevamente su traje de pureza...
Ser buena a tus ojos - ¡Sólo eso!
REBELIÓN
Como los estertores del ave
en manos del matarife,
yacías en mi mano,
orgullo infame.
Te tapé la boca,
ceñí bien los pliegues de tu cuerpo
y me gocé de tu infortunio:
¡Te herí!
Me estoy vengando de ti
por todas esas vidas
que arrancaste en plena juventud,
por esos obstáculos
que pusiste en mi camino,
por ese mundo
al que empañaste su arco iris.
Descansa en la oscuridad de tu rincón
hasta mi regreso,
¡hasta mi vuelta de él!
MIS MUERTOS
Sólo ellos me han quedado,
sólo en ellos no ha clavado
la muerte su afilado puñal.
A la vera del camino,
en pleno día,
me rodeó el silencio,
me acompañó la soledad.
Era un pacto sincero lo nuestro,
la relación no se truncó.
Sólo aquello que se me ha perdido
me reservo para la eternidad.
LA ESPOSA
Ella lo llama por su nombre
y su voz suena fuerte ,
y yo, en la mía no confío,
no lo vaya a comprometer.
Pasa con él por la calle,
a la luz del día y frente a todos,
y yo, a hurtadillas
al atardecer.
Ella, con su anillo de oro en el dedo,
reluciente, tranquila;
y yo, con mis esposas de hierro -
amarras sin desprender.
A MI PATRIA
No te he cantado patria mía,
ni he glorificado tu nombre
con historias de heroísmo
de un sinnúmero de batallas ;
sólo un árbol – plantaron mis manos
en las riberas de un Jordán silencioso,
sólo un sendero – hollaron mis pies
a través de los campos.
Muy pobre es por cierto -
lo sé, madre mía,
muy pobre es por cierto
la ofrenda de tu hija;
sólo una voz de alegría
en un día de aflicción,
sólo una furtiva lágrima
que sube a los ojos.
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El Peral
Mano de primavera en esta conspiración
Un hombre despierta del sueño
y contra la ventana
ve un peral en flor,
y al instante un monte que oprimía el corazón
se deshace y no es.
Así entiende que un hombre
no debe,
por una flor que el otoño le marchita,
ser terco en el dolor,
cuando la primavera
le pone en la ventana
el ramo milagroso
de su sonrisa en flor.
La Adivinadora
En torno, sobre el cojín y la almohada,
filas de viejos naipes,
y yo sobre su espalda inclinada
como la nigromante.
Al profeta no iré
con el mañana a que lo aclare,
porque Dios está apartado de mí,
mi corazón lo sabe.
El conoce a un ídolo en Guilboa,
ese ídolo lo atrae...
Toda la noche miraré sin moverme
las filas antes de que se callen.
De Noche a Ordeñar
En el patio, sobresaltos de luna,
relámpagos helados, ni un rumor:
¡Uf!, de prisa, hacia el refugio, al establo,
a la vaca, que respira calor.
Mis manos acarician mudamente
la gran testuz cornuda,
y mi vida a la suya con millares
de hilos misteriosos se anuda.
Su Mujer
Ella se gira, y su voz es como siempre
al llamarlo por su nombre,
pero yo de mi voz no estoy segura
no me traicione.
Ella va por la calle, a su lado,
entre la gente y la luz, de paseo;
yo por los crepúsculos de sombra,
en el misterio.
Ella luce tranquila
un anillo de esposa,
y yo siete candados
de hierro en la boca.
Al Llegar
¿Y esto es todo, esto solo?
¿Y a esto levantar los ojos con ansia?
¿Y a esto alargar los labios con sed?
¿Y con esto calentar el corazón
en noches frías?
¿Y por esto blasfemar de Dios
y sacudir su yugo?
¿Esto,es solo? ¿No hay más?
Mikol
Mikol, hermana lejana, no se ha roto el hilo de las generaciones.
No mandan en tu viña las tristezas,las ortigas del tiempo.
No se han desteñido las rayas de púrpura de tu túnica de sea.
El son de tus brazaletes y ajorcas aún cautiva el oído.
Erguida en la celosía te vi más de una vez,
en tus bellos ojos se mezclaba el orgullo y la ternura:
como tú,mi dote es desdeñar lo que amo.
Mujer
De abajo para arriba,
así:
rendida y triste la mirada
de esclava, de perro prudente.
El instante rebosando pureza.
Silencio
y un anhelo ciego de besar
la mano del amo.
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