Carmen,cántico,coro,
cantar conmigo,uníos a mi júbilo
pues por vosotras y vosotros vivo
y solemne humilde estoy pasando
bajo el arco triunfal
que vuestros brazos ágiles erigen.
Arco sin puerta.Del azul venía
y al azul sigo.Toda es transparencia
mi vida en este enlace
de un pasado que queda
a un presente constante que adviendrá.
Humana obra de misericordia,
enseñar al que quiere saber el que no sabe.
Y sin interrupción cuarenta y seis años
y medio.
Qué aprendizaje hermoso de inocencia,
de ciencia y de paciencia,
y cuánto respirar,beber poesía,
poesía alumna, mi única maestra,
mi juventud perenne.Oh,gracias,gracias.
Cuando los años son cursos
a caballo de años,
no se arruga la seda del verso,
tan terso ahora
como en la ilusa evasíon por el portillo de la jaula.
Jaula y aula.
Y vacación.
Libres las alas hacia la aventura.
Vosotros los del Duero en la ribera
cantaréis -¿me permites, Garcilaso?-
mi poesía al raso y de frontera,
y no mi muerte,no, mi vida al paso
cantareís cada día.
Y en vosotros,mis cántabros y astures,
discípulos del alma, no contemplo
como el niño que un día fuí,
que soy ahora y hoy.
(Hay foto de jardín y escalinata
y en el bolsillo cápsula y bovedilla de eucalipto.)
No os olvido a vosotros,chicos,chicas
madrileños,velazqueños
de toda España,al aire de la sierra
despiertísimos,hoy también varones,
madres, como ya abuelos los de Soria.
Y a vuestra rapacina prole, gijoneses -ése
es un sexto discípulo-nieto del que a Jove
supo heredar el nombre augusto y sacro-.
Ni menos a vosotros, amigos de mi brindis,
a mi bahía verde de abril nuevo
-1920,Dios sea loado-.
A vosotros,los vivos y los muertos,
muertos pero vivientes en mi abrazo,
uno por uno nominados.
No, ni a vosotros ni a vuestros hijos,
hijos predilectos
de vuestra sangre y de mi verso.
Ni a vosotros podría bajo mi arco de júbilo
-de invisible laurel sienes ceñidas-
no deciros: Estáis aquí conmigo,
josués de un sol que me calienta y dora.
Mas si apretada piña de muchachos
rodeando al maestro le remoza,
¿qué decir de vosotras,
lindas beatrizgalindas
que mi vida madura tan intensamente
aromasteis?
Bien lo sabéis.Nunca sentí fatiga
de hablar,de persuadir,de desnudar bellezas y emociones
para vosotras,
porque me rodeabais siempre y siempre
en capullo o en flor recién abierta.
Los intangibles años de la alumna
fijos están aunque la luz se mude
de verde a negro, de castaño a azul
en la fragante pregunta y misterio
de los ojos distintos.
Los siempre trece o diecisiete
hacen florecer siempre cada curso
el árbol del maestro todo dudas,
de un poeta que apenas si ahora aprende
y para aprender más cierra los ojos
y se esconde en su casa
para seguir soñando con vosotras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario