Hay que ponerle a la hermosura un nombre.
La libertad lo tiene y en él vive
y se sacia.Al cielo llaman cielo
y a lo común de los mortales pena.
Pero tener un nombre, un solo nombre
para un único ser, un nombre propio,
es ser más que los ángeles rebeldes.
No serás como Dios, serás tú mismo.
Hay que ponerle el nombre a la hermosura.
La hermosura, si no, como hasta ahora
seguirá estando allá, o aquí,o en vuelo,
errante en ala azul de ave preciosa,
depositada en lámina de mica,
derramada y perdida por las olas.
Nunca será la exenta y no cliente.
¿La llamaremos Lozanía,Gracia, Belleza?
Nada. Enigma por enigma.
Máscaras son no más de la muy esquiva.
Hay que inventarle, hallarle el nombre propio,
el de un sitio, un momento, una figura,
sorpresa burladora por la espalda
sin darle tiempo a que se nos disfrace.
Y si un día en la siesta se descubre,
tan descuidada,fiel, desnuda toda,
una tarde de mayo -quietos, ¿duerme,finge,
acaso sueña? -vamos de puntillas
disfrazados de brisa y en el nácar
de su auditiva playa susurramos
-oh beso,oh despertar-:"¿Cómo te llamas?"
No lo pudo evitar. Como un suspiro,
de sus labios de sal voló su nombre
en nunca oído trueno de hermosura.
Y sonríe y moviendo el brazo izquierdo,
tan perezoso, en arco felicísimo,
nos invita al supremo goce de fondo,
al de la posesión por la palabra.
Y repetimos, sí, todos a una
-metal coral de acentos arcoíricos-
ese nombre secreto, abierto sésamo,
colmo del existir en el regazo
del ser, su nombre oro, impronunciable,
tal el de Dios al prosternado hebreo.
Y miramos en torno y demoramos
larga y densa mirada colectiva.
Aquí entre el taronger y la olivera,
entre el pino y la adelfa,blanca cala
y ese pozo de cielo atardecido,
tan hondo y tan morado que la luna
se nos ahoga en él, caída de espaldas.
He aquí la fija, el fiel de la hermosura.
Aquí el son amarillo, el olor verde,
el sabor rojo,el tacto azul, rebosan
de plenitud, amor de mar a isla.
Apura ya el coloquio sus anillos.
La sonata de adioses abre alas.
Los que atienden las voces misteriosas
en su plática afinan ondas,timbres
con mutuo apoyo de color y choque,
y el serpear fugaz tuerce y destuerce,
feliz de alta indolencia, los azares
que han desembocar donde dios quiere,
en un golfo mecido de mareas:
la unánime poesía, hija del hombre,
prenda de paz, nordeste de Mallorca.
La sonata de adioses abre alas,
las confluencias van a separarse
y un rayo de sol, súbito, patético,
atraviesa la sala y las palabras
y suspende en el ámbito dorado
transparencias de un más allá, llamadas
de un doble fondo, tenue,casi afónico:
"Hermanito menor." Brilla una lágrima,
temblando en el cristal de la esperanza.
No se vaya a quebrar. Todos callamos.
Y casi comprendemos. Aún no todo.
Josep María,Carles: hoy,mañana.
Tu voluntad,Señor. Plena la esfera
-"sorpresa burladora por la espalda"-.
Aún no estaba redonda la hermosura.
Gozad,gozad, poetas, sus hechizos,
sus profundos hechizos. Lanzad, nautas,
al mar de amor la incalculable sonda.
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