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miércoles, 7 de noviembre de 2012

{176} Sandalio

Tu nombre fue humildad. No lo escogiste.
Te lo encontraste por el suelo.
Calzaba tu medida, en él te hallaste,
polvo en el polvo del sendero.

Desde el Bautismo al Orden, y a la alada
Extrema Unción, seis Sacramentos
se sucedieron, únicos o múltiples,
a alimentar tu sed de cielo.

Si las sandalias sucias, los pies limpios.
Te levantaste de tu lecho,
ceñidos los riñones por la muerte,
para lavar tus pies postreros,

que a recibir a Dios pulcros umbrales
ha de aromar el cuerpo o templo.
Y pediste el lebrillo y la toalla
y al corazón último esfuerzo.

Tus ojos fatigados de alefatos,
puntos y escolios masoréticos,
vislumbraban por nieblas y resquicios
zarza y columna de oro y fuego.


Vivías ya en tus Santas Escrituras,
reyes,profetas y evangélicos,
los gozos del Cantar de los Cantares,
las impaciencias del Salterio.

Y se te atropellan las palabras
en la lección sabia del Texto.
Diáconos bebían de tus labios
linfas de vida y de misterio.

Tu voz se iluminaba y se aniñaba
en ricas mieles de comento
cuando en sublimidades de Isaías
ya la doncella encarna al verbo.

Y salta en cuatro puntas tu bonete
-va a Zacarías el recuerdo-
siempre que pasas frente a la columna
donde Ella pisa y alza el vuelo.


Conmigo ahora sales a la ronda:
Cantabria entera en cuatro vientos.
Y me muestras las cumbres soberanas
y el rumoroso mar inmenso.

Mis ojos gozan nieves y collados.
Tiemblan tus labios un Te Deum.
Te miro ahora en nimbo de hermosura,
última vez que te contemplo.

Hermano y casi padre mío, indigno
soy de tu amparo y magisterio,
de tu cariño y padrenuestro y Misa,
como en la tierra así en el cielo.

Pídele tú a la Madre, a la Santísima,
la Mediadora, Diego a Diego,
Nuestra Señora de la Buena Muerte,
mis limpios pies para el Buen Sueño




































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