Tu nombre fue humildad. No lo escogiste.
Te lo encontraste por el suelo.
Calzaba tu medida, en él te hallaste,
polvo en el polvo del sendero.
Desde el Bautismo al Orden, y a la alada
Extrema Unción, seis Sacramentos
se sucedieron, únicos o múltiples,
a alimentar tu sed de cielo.
Si las sandalias sucias, los pies limpios.
Te levantaste de tu lecho,
ceñidos los riñones por la muerte,
para lavar tus pies postreros,
que a recibir a Dios pulcros umbrales
ha de aromar el cuerpo o templo.
Y pediste el lebrillo y la toalla
y al corazón último esfuerzo.
Tus ojos fatigados de alefatos,
puntos y escolios masoréticos,
vislumbraban por nieblas y resquicios
zarza y columna de oro y fuego.
Vivías ya en tus Santas Escrituras,
reyes,profetas y evangélicos,
los gozos del Cantar de los Cantares,
las impaciencias del Salterio.
Y se te atropellan las palabras
en la lección sabia del Texto.
Diáconos bebían de tus labios
linfas de vida y de misterio.
Tu voz se iluminaba y se aniñaba
en ricas mieles de comento
cuando en sublimidades de Isaías
ya la doncella encarna al verbo.
Y salta en cuatro puntas tu bonete
-va a Zacarías el recuerdo-
siempre que pasas frente a la columna
donde Ella pisa y alza el vuelo.
Conmigo ahora sales a la ronda:
Cantabria entera en cuatro vientos.
Y me muestras las cumbres soberanas
y el rumoroso mar inmenso.
Mis ojos gozan nieves y collados.
Tiemblan tus labios un Te Deum.
Te miro ahora en nimbo de hermosura,
última vez que te contemplo.
Hermano y casi padre mío, indigno
soy de tu amparo y magisterio,
de tu cariño y padrenuestro y Misa,
como en la tierra así en el cielo.
Pídele tú a la Madre, a la Santísima,
la Mediadora, Diego a Diego,
Nuestra Señora de la Buena Muerte,
mis limpios pies para el Buen Sueño
No hay comentarios:
Publicar un comentario