Entro en la plaza alegre de los toros.
Mi vida el mongolfier. Ya se hincha y crece.
Suena la tela. Brisa en el volante
faldellín. Qué hermosura. Oh forma plena,
vida mía, mi alma. Las amarras
va a sacudir: tal Gulliver despierta,
los cabellos atado a Liliput.
Ya me despido y al trapecio subo,
saludo con la gorra marinera
y ¡ole! el gran salto súbido rozando
las mudéjares tejas.
-Capitán,
buen viaje.
-Adiós, pigmeos Vuestros vítores,
colgado de los pies, ya no los oigo.
Qué plenitud de fábula mi vuelo,
comprobando mis músculos. Apoyos,
nivel del balanceo, las anillas.
Y ya me siento en trono de trapecio.
Miro hacia arriba. El cielo me reclama.
Sorbido voy a ti, Dios que te ocultas
tras de ese globo o lágrima magnánima.
Miro a mis pies. La plaza, íntimo anillo,
tan olvidado. Y la ciudad, los mares
de sur y norte, todo se me hunde,
se me dibuja, se me deshumana.
¡Viva la libertad! Libre soy, libre,
amarrado a mi alma. Mi alma es ésa,
esa inmensa avellana, ave redonda.
Y yo su cuerpo soy, yo soy su sino,
su cascabel de sangre y de congoja,
péndulo y mudo en el azul silencio.
Tener el alma fuera, ver el alma,
colgar del alma y sólo unos cabellos
para unirnos, oh gloria, oh Dios tangible.
Quiero dormir, soñarme en vuelo eterno.
No desmayes, mi alma, nunca tornes
al suelo, al anticielo original.
(Morse. "Cabo Ortegal". Caído globo
frente San Pedro Mar. Nornoroeste,
tres millas costa, Capitán salvado.
Recogido canoa Obras del Purto.)
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