Jamás brilló tan de oro y fuego el toque
-¡bocacalles al mar!- de la corneta
pidiendo paso al tren. Corre,poeta,
enarbolando el banderín de choque.
Es la mañana y gloria de San Roque.
Canta el feliz nordeste la paleta
de hirviente espuma verde y luz violeta
y cae del cielo el rayo de un emboque
entre un tronar de bolos. Banderolas,
arden globos grotescos, vuelcan yolas.
Y qué brindis de sal y olor marisco
al doblar por la peña del camello
y en la pierna sentir,limpia de vello,
del can del santo el cándido mordisco.
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