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lunes, 24 de septiembre de 2012

{147} Glosa a Villamediana -Libra-

Y en el mar -cuerpo y sangre- el sol se hunde.
Pudo rodar, pero cayó al abismo.
Mírale tú con tus ojos de jaspe
que al furor cenital desafiaron.

Se está ahogando ya, y el mar piadoso
se lo traga en silencio, lo comulga
en especie de pan, sangre de estela.

Mis pupilas cobardes ya se atreven
a la cresta de fuego,el arco,al punto,
a la chispa tristísima, morada.
Y una llaga de ciego amarillea,
verdea en la cortina de mis párpados.

¿Así se hunde el amor, se hunde en el mar
de la memoria oscura ensangrentada,
dejándonos tan sólo un mapa ardiendo
si cerramos los ojos, una lívida
calcomanía cárdena, violeta?

Tú miras allá lejos, allá lejos,
patricia, remotísima, cesárea
-ultramar,ultrasol, ultrahorizonte-
y en la mica tan glauca de tu espejo,
tan soberbia en su luz,escondes trémula
cristales piadosísimos de lágrimas.

De pronto, a oriente vuelves la cabeza
en escorzado ímpetu -tan tuyo-
y -oh sorpresa, oh prodigio- la montaña
alumbra,hija redonda de la tierra,
una luna traslúcida, aerostática.


La balanza en el fiel. (Yo nací en Libra.)
Las dos esferas para que yo juegue
sopesando la nieve con el fuego,
el oro con la plata, la memoria
con la virgen, novísima esperanza.

No. No muere el amor, de oeste a este
por el mar, por la tierra,por el cielo
muda de antorcha,salta, se revela,
se transfigura, estrena en astro y brillo
-ya está la luna en plata llena amando-
para que tú, que luna y sol perennes
me escondes y me ofreces simultánea,
te hundas en mí, en mi mar, y nazcas nueva
y plena ya,de mi montaña grávida.






























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