Esta naturaleza
siempre ofreciéndome motivos
como si ella también pensase en ti.
No quiere ella que la cante.Ella
se mueve y se transforma
para ofrendar a Dios sus donaciones.
Naturaleza,hija,toda ella
metamorfoseando
su identidad, su carne, sus avatares indecibles
a la gloria del Padre.
Y yo obediente a mi destino
éste de a ti cantarte,
a ti, escala en el cielo hasta el más cielo.
Pues mira,hoy este cielo
este cielo visible y navegable
por donde el hombre pasea
su volubilidad de meteoro,
este cielo, ya ves, azul muy pálido,
tan despejado ¿ves? está llorando,
está lloviendo.
De invisible esponja
exprime gotas cálidas, urgentes,
goterones de lágrimas.
La tierra abre sus labios de terrones
y bebe,bebe
como rico Epulón beneficiando indulto.
Qué maravilla de maná del cielo
que yo recibo en mis palmas abiertas
y en mis labios cerrados para el más casto beso
Y miro al aire. Ni una nube.
Tan sólo apenas palidez tenuísima,
como si una sola lágrima tuya
se hubiera hecho tan inmensa,
-óptica cúpula del cielo-
y difundiendo su cristal borroso
se le hubiera adherido,
vacilante, flotante y tan piadoso,
y de puro extenderse y resistirse
se quebrase en mil gotas y cayese
tu lluvia o bendición inverosímil
sobre este suelo por ti ya es santo.
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