Mis manos son -qué flores tan extrañas-
mis manos que acarician -tú las viste-
el capullo,el marfil -tú las quisiste-,
mis levísimas, líricas arañas,
Míralas cómo pulsan las entrañas,
reman las barcarolas del mar triste,
peinan la espuma negra que tú oíste,
que salpicó tus sienes, tus pestañas.
Qué flores tan extrañas estas manos.
Se cierran y se abren por los valles
de silencio o de música o de olvido.
Vagan por los desiertos extrahumanos,
se pierden por las cuevas de los talles.
Mis manos, la inocencia del sentido.
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