EN el templo entra María
más que nunca pura y blanca.
Luces del mármol arranca.
Reflejos al oro envía.
Va el Cordero entre la nieve,
la Virgen nevando al Niño,
nevando a puro cariño
este blanco vellón leve.
Las dos tórtolas que ofrece
ya vuelan y ya se posan.
Ana y Simeón rebosan
gozo del tiempo que crece,
que estalla,que está. No hubo
quien viendo al blanco alhelí
dijera -por ti,por mí-
que al cielo esta noche estuvo.
La Pureza- oh maravilla-
quiere tornarse aún más pura.
Y Jesús, de su blancura
le baña frente y mejilla.
Tanto porfió que anduvo
cándido el aire de plumas.
Tanto amor tuvo de espumas,
tanta sed de nieve tuvo.
Ya ha cesado la nevada.
Y el Niño tan blanco,blanco,
oye que va a ser el blanco
de contradicción,la espada.
ay, para su Madre, y mueve
hacia ella sus ojuelos,
regalando desconsuelos
como si Él no fuera nieve.
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