ESTE gran don Ramón que fuera,¿cuántas cosas?,
barbas de chivo, apóstol manco,
barquero de la Estigia, Bradomín de las rosas,
es ya un fantasma blanco,blanco.
Lo era ya casi en sus postreros días
de destierro en la Tierra.
Yo me acordaba alguna vez de Elías
y de Amadís Sin Tiempo que por Bretaña yerra.
(concavidad de siglos, un día de esperpento.
Vida y muerte, un compartimento.)
Porque hora es ya que Valle-Inclán se adueñe
de su pazo ultratumba de Barbanza,
y sobre el hombro mútil una ala le pergeñe
el Ángel de la bienaventuranza.
Pues ya su Compostela dhe humo se restituye,
a su Roma ecuestre regresa.
Su única mano que en la Lira influye
arpegios de sus barbas mesa.
abridle una academia de sutiles dialectos,
Repetidle, enseñadle sus lienzos predilectos,
San Miguel in Excelsis, Trastevere, Trasmiño.
Para él una carroza que en baches no repare
ni en melindres de estrellas,y de auriga la orden:
"Un giro per il Pincio prima di ritornare
all'albergo", y que en la esclavina el Zodiaco le borden.
Y así, blanco fantasma, con el salvoconducto
y sello del Señor Santiago,
vuela por todo el arco del celeste acueducto,
chancea con el Torvo o falaga al Endriago.
Su humanidad tan frágil,asombro de las mieses,
entre postrimerías se litigia y parcela.
Sus barbas y cabellos ceniza hace unos meses,
Son hoy prodigio arácnido, espumas de la estela
-patache caracol de ángeles coruñeses-
que guía -vía Láctea- a Compostela
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