Entre la esfera verde
que deja de su rastro una ágil cinta
y el arroyo que pierde
su calidad de tinta
al atar las rodillas de Jacinta
pasa en virtud de flauta
la hora que gira en torno al cenicero
y en el papel de pauta
que entre todos prefiero
de pequeño que es canta el jilguero
Canta la luz alterna
que se obtiene en los pechos de la infancia
y aunque apenas discierna
el céfiro y la planta
canta el honor y las semillas canta
Pero yo digo Oremos
por todos los inéditos regazos
por los brazos sin remos
por los remos sin brazos
y por los troncos vírgenes de hachazos
Sigamos ángel mudo
sigamos adelante sin jornada
sobre un caballo agudo
de precaución morada
buscando alas a dios y aguas horadada
Que es preferible suerte
coser con hilo triste el panorama
y el pecho ya no vierte
su arena ni derrama
por la ladera azul del telegrama
Ven a ver cómo asciende
el globo que se mueve por sonrisa
y la rueda que extiende
su proyección precisa
y el martirio de Venus por la brisa
Venus esponja intacta
que se exprime y se hincha en su carroza
y a la madre que lacta
la rodea de loza
y de un soplo la colma y la alboroza
Escucha a los vencejos
la descripción leal de Palestina
y del monte a lo lejos
a la bella sobrina
ignorante del pecho y de la encina
y desde el horizonte
que gira al viento y duerme en línea recta
a entrelazar disponte
tu arteria predilecta
con la órbita más pura y más correcta
Cuándo un ángulo nuevo
se pudo abrir con más bizarro brio
que éste que al cielo elevo
lado izquierdo el estío
derecho la abubilla en quien confío
La abubillla obediente
que canta de perfil nuestra promesa
que muere de repente
y de repente ilesa
de la muerte y del trópico regresa
Entre paralelismos
de ráfagas y ríos imantados
el tren de cuatro abismos
conduce en sus costados
cuatro ángeles que juegan a los dados
lejos del arroyuelo
del contrato social y la balanza
más allá del pañuelo
donde casi no alcanza
la hidrografía en forma de esperanza
Paraíso sin mancos
que siembren a voleo en las afueras
Vacación de los bancos
que negocian fronteras
Ultima aduana de las primaveras
Allí podremos hija
desatar la cerviz del desconsuelo
Verás de tu sortija
dilatada de anhelo
henchirse un monje hasta emprender el vuelo
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