NO lo temáis.Su indómita melena, si se eriza,
la desmienten sus ojos tan dóciles y humanos.
Rostro de león heráldico, de piedra crespa y riza,
no temáis al león; os lamerá las manos.
De pie, siempre de pie como la peña Ubiña,
prócer de nubes y águilas la frente descubierta,
tiembla si os relata -ay, Dios de la rapiña-
del padre arrebatado y de la hermana muerta.
El padre, de ojos rubios y barbas liberales,
la niña -claros rizos,celestes cascabeles-.
Y la voz se le enturbia de memorias leales,
se le nublan los ojos de lejanías fieles.
Uno a uno, niños,árboles,le cuentan sus historias,
que tiñen de esperanzas sus vencidas tristezas.
Hay que aprender del monte las lecciones suasorias
y perseguir al glayo goloso de cerezas.
De versos y de pájaros vedle siempre en acecho.
cuando los prende vivos,no los ata ni encierra.
Los pule,los calienta en lo intimo del pecho,
y al aire los devuelve, libres sobre la tierra.
Y por la primavera,cuando solloza el cuco,
su mano, que acaricia las bestias del camino,
trae un cielo de estrellas en la flor del saúco
o una sola,la novia flor blanca del espino.
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