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martes, 14 de febrero de 2012

{92} Romance del Viento

VIENTO que el Urbión desata,
que el Moncayo nos envía,
cuando la mañana asciende,
cuando la tarde declina,


cuando escoltada de estrellas
que su carromato aguijan,
la larga noche fecunda
de tumbo en tumbo camina.


Viento frió, entre las nieves,
pañales de tus puericias,
jugabas a la pelota
contra las rocas macizas.


Y ya adulto abofeteas
las invencibles encinas,
y los caminos arañas
y los astros esmerilas.


Nos arrebatas las flores,
nos violas crudo las brisas,
y de mármoles que robas
esculpes nubes bravías.


Yo te odio si de los chopos
arrancas arpegios de ira,
si en los hilos telegráficos
ensayas tus chirimias.


Maldito seas. La frente
tú me la dejas barrida
y me avientas de tus ojos
un rescoldo de cenizas.


Seas maldito. Molinos
no diviertan tus fatigas.
No rasguen libres veletas
tus entrañas de delicias.


No halles frondas cuyas telas
desgarren tus uñas lívidas
frondas en el mayo verdes
o en el octubre cobrizas.


Sigue esclavo dando vueltas
a la turbina infinita,
sigue afanosos en la noria
de las noches y los días.

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