Esta Soria arbitraria,mía, ¿quién la conoce?
acercaos a mirarla en los grises espejos
de mis ojos, cansados de mirar a lo lejos.
Vedla aquí, joven,niña,virgen de todo roce.
Sombreros florecidos tras la misa de doce.
Y bajo la morada sombra de los castaños,
unos ojos que miran,cariñosos o huraños,
o que no miran, ¡ay!, por no darme ese goce.
Abajo el río, orla y música del paisaje,
para que el alma juegue, para que el alma viaje
y sueñe tras los montes con las vegas y el mar.
Y arriba las estrellas,las eternas y fieles
estrellas, agitando sus mudos cascabeles,
lágrimas para el hombre que no sabe llorar.
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