Imagínate tú, prudente agrícola,
ajustador de rosas y cristales,
tú que en el lago tu pensar sepultas
y al alpe elevas ansia de infinito;
imagínate tú, doctor de Europa,
que,una venda de cáñamo en los ojos,
despertaras de un sueño beduino.
-¿Dónde estoy? ¿Dónde estamos? Este duro
navío de alto bordo oliendo a almizcle,
ese melisma amargo, obsesionante
-¿sasánida? ¿arameo?-. Y ese ciego
halo de helor que mis pestañas busca
a través de los hilos, No son gotas
pulverizadas,sal de mi Afrodita,
las que mis labios agrietados punzan.
Ni tampoco las novias de mis playas,
mi multimillonario harem de arenas.
capitán de derrotas, ?dónde vamos?-
Y la pregunta, sin hallar frontones,
se pierde en un rosario de camellos.
El tambor sordo ha tiempo no se escucha.
Una aprensión de soledad sin límites
acongoja al burlado. Al fin acierta
a desatar la sierpe. ¡ Ala te guarde!
¿Qué ven tus ojos nuevos, qué inauguran?
La mirada se pierde. Es el desierto,
el desierto de espaldas o la espalda
del desierto,postrándose de bruces,
en eterna oración. ¿Buscas montañas?
Sólo la sombra de las dos mellizas
jorobas del camello y la grotesca
de tu cabeza y hombros se recalca
desvanecida, aguarda sobre el lienzo,
fingiendo una nostalgia de paisaje.
Mas piadoso en tu nuca un frío anida.
Tú te vuelves. Al fin, tus ojos saben.
Es la luna ayunando en el desierto,
la luna, la hermosísima, enlunando,
de su único pecho canceroso
criando en blanca soledad de ayuno
y hambre al desierto, al pálido desierto
que es el siglo de Adán, siglo de génesis
y de éxodo enorme y amarillo
castigado a salir de la penumbra
del verde paraíso, encubridora.
Apenas si adheridas rotas pellas
de mal velludo oasis aún le fingen
la memoria de días venturosos
de olorosa inocencia y denso tacto.
Troncos surtiendo, líquenes y ofidios,
plumajes desplegándose sin vuelo,
saltos y chorros,fuegos como espadas,
ludibrio y estridor de cascabeles
y,verdeciendo un agostar de ingles,
claro frescor de arroyos y de helechos.
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