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miércoles, 2 de noviembre de 2011

{64} Plaza vacia

Plaza de toros,vieja y noble plaza,
desierta al amarillo sol de enero.
Decoro renaciente, árabe traza
circundando una ausencia de torero.


Yo gusto de asomarme al graderío,
lecho de humanidad torpe y prensada,
que hoy se me ofrece incólume y vacío,
concéntrico diafragma de la nada.


Aritmétrica cifra que se cierra,
figura de yacente geometría,
símbolo del retorno en cielo y tierra,
el ruedo eterno, el cero que se hastía.


Ahora tan puro, tan callado y quieto,
sin huellas de fantasmas de oro y seda,
sin que una radioscopia de esqueleto
filigrane el envés de la moneda.


Ay, círculo del ocio y de costumbre,
brocal del pozo despiadado y crudo,
que a tu averno maldito,azumbre
vas trasegando el vino del embudo.


Vino espeso y morado de varones
-oh bochornoso verbo- que se aburren,
juego de solitarios salomones
que,la carne hastiada, el tiempo espurren.


¿Por qué detrás del rito que enajena
queda en la lengua un gusto de ceniza?
¿Qué poder de absorción sume esa arena
que así reseca, cierra, esteriliza?


Mirándola en la plácida desidia
de esta inocente, idílica mañana,
voy despertando estampas de la lidia,
vencedoras del limbo y la desgana.


Allí fue el toro, mole que alza y hiende;
aquí el muerto caballo plegó el cuello.
Junto a estas tablas donde el sol se tiende
el crujir del fulmíneo descabello.


Allí el casi divino espada o lirio
se desplegó en prodigio de corola.
Escalaba las gradas el delirio
de los oles rompiéndose en la ola.


Aquí cerca, en el tercio, donde brota
ignorada una cruz, fue la cogida.
Una fuente de sangre que borbota
y la fuente sorbiéndose una vida.


El celeste doncel. Los veinte años.
El fulgor de una técnica infalibre.
Todo se derrumbó. Fúnebres paños
y cirios de estupor denso y tangible.


Así pasa la gloria de este mundo;
pero a este azar ¿no fuimos inductores?
Y nos escarba dentro, en lo profundo,
un escozor de escrúpulos y horrores.


Licitud de la fiesta ¿quién dibuja
la frontera entre el juego y el pecado?
¿Entre la bestia que al abismo empuja
y el deleite del puro aficionado?


¿Dónde en esta tragedia deslumbrante
la catarsis que lave y justifique?
¿Redimirá una estética radiante
mi culpa, mi porciúncula meñique?


¿Qué me dice ese anillo misterioso?
¿Qué me respondes tú, naturaleza?
Pasó por él su esponja el año ocioso.
Tú, madre,sólo entiendes de belleza.


Cielo frío y sin nubes: hoy no bogan
verónicas por él de orondo seno.
Por la maroma saltan y dialogan
dos gorriones con el buche lleno.


Toda la plaza siente en sus costuras
nostalgias de ruinoso jaramago.
Reina el olvido, oh paz en las alturas,
y el incrédulo tiempo obra su estrago.


¿"Lagartijo" existió? ¿ Y aquella larga?
¿Dónde la estela del vibrar cenceño?
Sobre la arena pálida y amarga,
la vida es sombra, y el toreo sueño.

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