Ten compasión,Señor, de tanta gloría
y tanta muerte y tan rebelde nudo,
esclavo encadenado a su memoria.
Cuánto pesa la púrpura irrisoria,
cómo abruma al ungido, al que ser pudo
dueño de tanto azar y cayó,rudo
gladiador contra el bloque de su historia.
Cuántas veces luchando en la faena
buscaba aire y era nazarena
fe, fe viva y causal lo que pedía.
Todo el ruedo se ha abierto en horizonte.
Y cómo lanceaba y qué armonía.
Apiádate,Señor, de Juan Belmonte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario