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lunes, 24 de octubre de 2011

{59} Egloda de Antonio Bienvenida

Perdona,Antonio, mi tenor de oda,
que ya vuelvo a mi égloda de ocaso.
Cuando pienso en el héroe ¿sueño acaso
que Antonio y Rafael el de Gabriela
y Don Manuel y el de la Coronela
sois el mismo y el solo?


¿Y no crees tú tu hermano, tú Manolo?
Trece o cuarenta años
de tu vida y mi vida
suman cero. Llegada es la partida.
Y cuando hoy te aplaudo y hoy te auguro,
te veo igual, entonces ya maestro
y hoy niño alegre y diestro,
tan rico de futuro
en tu hora meridiana,
tan maestro en tu agraz verde manzana.


Este color que apunto
¿qué guerra y paz te trae todo junto?
¿qué otro sueño hecho rosa?
No lejos de la plaza, en la barriada
que limita -chabola y camposanto-
con el hambre y el llanto,
se alza un albergue púdico,
un nido de dolores,
el revés del tapiz de mil colores
del coliseo lúdico.
Aquí es el reino de la fiebre,
de la inmovilidad pasiva y clínica
y los sueños esquivos, ya de gloria,
ya de hogareña paz, desmienten cínicamente,
ay, su irrisoria
promesa. Aquí la curva trayectoria
de un túnel de gravísimo diagnóstico
sufre la excavación y los cautiverios
que manos avezadas a misterios
del desgarro de asta que se astilla
aplican, ingeniosas de drenajes,
para ligar,salvar,cerrar ultrajes
mientras obra el aceite en la Capilla.
Los ojos dilatados
miran lunas de níquel cenitales
o se detienen -tan adormilados-
(silencio) en las sonrisas celestiales
bajo el temblor nevado de las tocas.


Todo este magnánimo recinto,
todo este laberinto
de esperanzas,martirios y denuedo,
por ti está abierto un año más, Antonio,
y el zodiaco dará otra vuelta al ruedo
-sus doce signos hechos ya cuadrilla-
para ayudarte a atar tanta gavilla
de bendiciones y buenaventuras.
Y si tu corazón te lleva acaso
a pisar los umbrales
del viejo subalterno
en su retiro plácido de invierno,
saldrá a llorar la madre que no olvida
y a besarte la mano los chavales
gritando: "Bienvenida, Bienvenida."


Oh jornada feliz del Montepío,
triunfo del pundonor, gesta del brío.
Paseo de cuadrillas
y triple y uno el único maestro,
balanceando el brazo diestro
con ritmos de Caracas y Sevillas.
Toda la lidia luego,
la séxtuple,la inmensa,intensa lidia,
inabordable a la pirata envidia.
Cinta sin nudos,luminosa y tersa
y fecunda y diversa,
ritual y repertorio,
viejo baúl y nueva fantasía,
ciencia de amor y amor de cada día.
Si algún aficionado,
ausente el infeliz, me suplicara
que el triunfo le cantara,
yo compasivo intentaría.....
Pero ¿cómo puedo cantarle el solo alarde
sostenido a lo largo de una tarde,
si todo lance, todo pase o paso,
fue puro Garcilaso?
Salid sin duelo, lágrimas,llorando
tras aquel par, cuando venía andando
de frente el toro, que se arranca solo,
y él se planta en el quiebro
más súbito y juncal. Si tú lo vieras,
Apolo Fuentes.Y si tú, Manolo...


Y la faena doble con aromas
de jazmines y espliegos
y de hojas de tabaco y de dondiegos.
Y la estocada recibiendo,pasmo
de Galileo y conversión de Erasmo.
Y la otra lidia y trato al que embestía
como alfil de ajedrez por diagonales,
al que tú, Antonio, a besos de franela
bordada en iniciales,
arropaste en un sueño de canela
y mataste después como las rosas
de un volapié en las cumbres borrascosas.
Y la cogida por el pecho noble
al querer sacudirte la cadena
de tu más honda y ancestral faena
arrancando con ímpetu de ola
que se arroja a la roca y no a la arena.
Al rodar en resaca,
deshecha la chorrera de los bravos,
para el quite espontáneo y angustioso,
como el imán se precepitan clavos,
así de rectilíneos y viriles,
activos, retirados y alguaciles.


Y tantas más estampas
de indeleble hermosura:
verónicas marinas en bordadas
siempre ganando altura,
la puesta en suerte,clásico pretexto
a un trenzado de largas alternadas,
y aquel llevarte al sexto,
tú hacia atrás resbalando
y en tu babero,tántalo penando.
Y el molinete vertical y puro,
ángel de la sorpresa en los linderos.


Antonio,mi cantar aquí se acaba.
La luna asoma y todos mis corderos
se hartaron de pacer mientras cantaba.





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